“Fórmulas mágicas no hay. Lo que existen son clientes más fáciles de hacerles feliz. Llevo veinte años en esto, con las espaldas más anchas y con la sonrisa permanente.
Hay mucha gente que no tiene claro que no somos sirvientes de nadie, pero son los menos. A los restaurantes llegan personas que están mal por cosas que le han sucedido fuera y cuando se sientan a la mesa, con cualquier cosa generan una tensión que no es buena, pero que se van sabiendo gestionar.
Este estudio recomienda que la baza es que sea el dueño o propietario quien gestione esos problemas. Si delegas en otras personas irritas más al cliente. Dar un mimo extra hasta fideliza a un cliente.
De lunes a jueves, el ochenta por ciento son comidas de negocios o de personas que no pueden ir a comer a casa por su trabajo. Siempre van con prisas y a un lugar fijo.
En cambio, en los fines de semana se está más relajado, se programa la comida con la familia y queremos unas expectativas que a lo mejor no se cumplen porque esperas un día mágico y lo que menos deseas es que no te sirvan como tú quieres”