¿Puede una receta de cocina convertirse en un instrumento terapéutico y en un dique de contención frente a la soledad no deseada? El proyecto ‘Saboreando recuerdos’ demuestra que sí.
Desarrollado por el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) del Ayuntamiento de Madrid que gestiona Clece Sociales, filial de Clece, este libro compuesto por 30 recetas ha transformado la rutina de los usuarios que han participado en este proyecto, cuya finalidad principal es la de estimular su salud cognitiva, activar sus capacidades motrices y, fundamentalmente, tejer redes humanas entre las personas usuarias de este recurso municipal.
Elena Mateos, gerente de Servicios Sociales de la compañía, explica que la iniciativa "no solamente compagina el hecho de trabajar la parte motriz cuando, por ejemplo, pelas unas patatas, sino que también trabaja la parte cognitiva de recordar recetas familiares que te evocan recuerdos y te permiten rememorar momentos bonitos de hace muchos años". El objetivo final era transferir esa herencia inmaterial a las páginas de un libro incluyendo alguna de las reflexiones o comentarios que venían a la mente de las personas usuarias en el desarrollo de la actividad: "Queríamos reflejar toda esa sabiduría que nos aportan los mayores con sus trucos y sus secretos en la cocina", apunta Mateos.
El proceso de elaboración del recetario implicó la complicidad de las auxiliares del SAD para cambiar, en cierto modo, la rutina de los mayores, plantearles la idea de Saboreando recuerdos, acompañarlos en el proceso de elección de las recetas, transcripción y ejecución de estas. "Esta idea que nos propusieron las compañeras de animación a nosotras nos ha dado muchísimo juego para poder interactuar con los usuarios y tener mejor conexión con ellos”, traslada Adoración García, auxiliar del servicio, quien destaca el entusiasmo que generó la propuesta: “Lo del libro de cocina ha sido de las actividades más apreciadas. Ha sido muy fácil hacerles participar".
Una vez convencidos de embarcarse en la aventura, los usuarios seleccionaban un plato vinculado a una vivencia afectiva. Del arroz caldoso de Dolores, cuya receta ha ido transmitiéndose de madres a hijas en la familia, a las gachas vallecanas de Juana en honor a su abuelo, pasando por la sopa “mágica” de Pilar, que curaba los resfriados de sus hijos cuando eran pequeños o las albóndigas de Julián, que vuelven locos a sus nietos.
Como en cualquier recetario, resultan muy útiles secretos en los fogones de estos chefs tan especiales. Antonia desvela en estas páginas que para que la textura de sus patatas con coliflor quede más cremosa, cuando finalice la cocción, hay que apagar el fuego y dejar reposar el guiso 5 minutos antes de cascar los huevos para que el calor residual los cuaje suavemente. El secreto de la tarta de galletas de Carmelina es el frío, así que cuanto más tiempo pase en la nevera, más estable y rica estará. Y si el potaje de castañas que propone Juan Antonio se nota muy intenso, aconseja rebajarlo con un poco de agua caliente antes de añadir la miel y el arroz.
Una vez escogido el plato se ejecutaba la sesión fotográfica, un proceso plagado de anécdotas: desde la elección de camisa de Julián para salir elegante en la cocina, a las exigencias de Balbina. “Con ella fue muy divertido, porque quería que saliera su gato en la foto y no había manera de que posara, así que al final sale el gato caminando y se le ve por detrás”, comenta Adoración, para quien cada momento de este proceso, “como auxiliar de ayuda a domicilio”, ha afianzado su convencimiento de que “eso es lo que quiero ser”.
Por supuesto todos los participantes querían supervisar el resultado final de la sesión fotográfica y así se lo reclamaban a la auxiliar: “Uy, esta no, sácame otra, que aquí se me ve mal, me decían”, recuerda la auxiliar.
Para algunos usuarios y usuarias, el libro es una manera de paliar el aislamiento derivado de la dispersión familiar. Juana Botella, de 77 años, vive sola en Madrid. Sus tres hijos residen entre Valdemoro y el barrio de La Gavia. Su aportación, "Las gachas vallecanas del tío Julián", es testimonio fiel de la historia de los primeros asentamientos en este enclave de la periferia madrileña.
"El tío Julián era mi abuelo, que era uno de los fundadores del Cerro del Tío Pío, en Vallecas. Fue uno de los primeros que vinieron a vivir ahí. Mi abuelo y el señor Pío fueron dos de los pioneros del Cerro", presume Juana, quien asocia el sabor de la harina de almortas con la estampa de su abuelo regresando del pastoreo.
"Cuando venían con el ganado, como hacía frío, mi abuelo le decía a mi abuela: Vamos a preparar unas gachitas para que los chicos se calienten un poco". Tras el fallecimiento de su abuelo, su madre mantuvo la costumbre de reconfortar a los niños con este plato a la vuelta del colegio. Hoy, Juana sigue cocinándolo y aplaude la iniciativa del recetario como un mecanismo vital de socialización: "La gente mayor necesitamos este tipo de actividades para, entre otras cosas, alegrarnos un poco”.
El impacto de la iniciativa resulta especialmente visible en perfiles propensos al aislamiento severo por motivos de salud. Es el caso de Julián Juárez, que cumple 88 a mediados de junio y vive solo desde que fue necesario ingresar a su mujer en una residencia. Cuenta que sufre un cuadro de mareo constante que dificulta su movilidad: "Cuando estás mareado parece que estás como borracho, ¿me entiendes? Te vas de un lado y te vas para otro... Tienes que aflojar más el paso".
Usuario del SAD desde hace unos cinco años, los achaques le hacen propenso a recluirse en casa. Sin embargo, rompió su aislamiento por el profundo vínculo de afecto que le une a su auxiliar, Adoración. "Como la tengo mucho cariño, porque es muy buena persona, pues me dio no sé qué. Y luego la vi tan feliz, que dije bueno, por lo menos he hecho a una persona feliz".
Confiesa que le gusta cocinar “me sirve de distracción”-, así que podía seleccionar cualquiera de los platos que suele preparar. Sin embargo, optó por su receta de albóndigas, un plato con récord familiar. "Yo no soy especialista en albóndigas, pero las elegí por mis nietos, que les gustan mucho y una vez se comieron 20 de una sentada y luego querían llevarse un tupper con más”.
Clece Sociales organizó recientemente la presentación oficial del recetario, a la cual asistieron el delegado de Políticas Sociales, Familia e Igualdad del Ayuntamiento de Madrid, José Fernández y la concejala de San Blas-Canillejas, Almudena Maíllo. Durante el acto, el delegado señaló: “En este libro encontramos recetas que son parte de nuestra vida y también de la historia de muchas familias madrileñas”. Un recetario que ha dejado huella en los participantes. Adoración García relata el gesto de Julián al sostener ese día la edición impresa: "Ese momento en que aprieta los labios y le notas esa emoción... Es el orgullo de poder enseñárselo a sus hijos". Julián ya custodia el recetario para exhibirlo en la próxima reunión familiar con sus tres hijos y cuatro nietos.
Además de la edición impresa, el libro estará próximamente disponible online, en la web www.saboreandorecuerdos.es, que recopila los recetarios realizados por personas usuarias de otros servicios similares que gestiona la compañía en el resto del territorio nacional: desde Melilla hasta Cataluña, esta web es un recorrido gastronómico por toda la geografía española.