Durante décadas, el río Manzanares en Madrid fue poco más que un canal retenido por presas, con aguas lentas, escaso oxígeno y una biodiversidad muy limitada. La imagen cambió a partir de mayo de 2016, cuando el Ayuntamiento inició un proceso de renaturalización basado en una decisión técnica simple pero decisiva: abrir compuertas, devolver el flujo y dejar que el río recuperara parte de su dinámica natural.
Ese cambio físico (sumado a la revegetación de las riberas y la eliminación de residuos) ha tenido una repercusión directa: el regreso de la fauna. Sin embargo, esto no indican una recuperación completa del ecosistema. "Cuando se levantaron las compuertas, el río empezó a crear islas y orillas de forma natural, lo que también propició el crecimiento de vegetación", explica Santiago Martín Barajas, ingeniero agrónomo experto en la renaturalización del río Manzanares.
Esta intervención transformó el tramo urbano en algo más parecido a un sistema fluvial activo. Según un informe realizado por el departamento de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid, la apertura de presas y la revegetación permitieron “la recuperación de procesos ecológicos y el aumento de la biodiversidad asociada al cauce”.
Los seguimientos que se hicieron entre los años 2019 y 2023 por la misma universidad, concluían que en el Manzanares conviven hasta 134 especies de aves y varias especies de peces autóctonos, consolidando su papel así como corredor ecológico dentro de la ciudad.
Martín Barajas lo corrobora, explicando que, tras la apertura de compuertas, se hicieron algunos trabajos para, precisamente, fomentar que el río no se llenase de caña, carrizo y arena. "Se elaboró un estudio hidrológico siguiendo los datos y las indicaciones de la Confederación Hidrográfica del Tajo, que nos indicaba que debíamos dejar libre aproximadamente el 50 por ciento de la sección del río".
"Esta guía es, básicamente, porque hay que permitir que corra el agua", agrega. "Por eso, cuando la vegetación crece mucho, se recorta desde los laterales. Además, también se han plantado ábroles de forma estatégica para que no se llenen las islas de vegetación y se mantangan las zonas despejadas".
Todos estos cambios han logrado que al río lleguen multitud de especies, la mayoría por cuenta propia y que el río se haya convertido en el hogar de avez, peces, reptiles y mamíferos que comparten espacio con los habitantes de Madrid.
La transformación más evidente está en el cielo y en las orillas, ya que las avesfueron las primeras en ocupar el nuevo espacio. El propio Ayuntamiento de Madrid señala que en el río se observan “más de 50 especies de aves”, incluyendo ánade real, garzas, garcetas, gallinetas o martinetes, especies típicas de humedales que durante años apenas encontraban condiciones adecuadas en este tramo urbano.
La organización Ecologistas en acción, también aprovechó esa renaturalización del río para hacer un análisis completo sobre su historia y los habitantes que en él habitaban en la actualidad, destacando la presencia de aves como el cormorán grande o distintas especies de gaviotas, lo que indica que el Manzanares ya no es solo un hábitat, sino también una zona de paso y alimentación.
"Las aves llegaron solas, volando, porque cuando pones vegetación y agua, es lo que hacen", explica Martín Barajas. "Pero no son aves salvajes. Están acostumbradas a la gente gracias a que se separó la zona del cauce (para que la fauna colonizara el río) y la zona por la que pasean las personas".
En este sentido, el experto detalla que tanto las aves como otros animales tienen un refugio dentro del cauce, donde no pueden llegar los transeúntes, donde pueden sentirse seguras. "La gente va por los laterales y ellas están dentro, en la zona del río", apunta.
En el caso del hábitat acuático fue un poco más complejo. Sin peces y sin calidad suficiente del agua, no habría especies que se alimenten, ni cadenas tróficas funcionales. "Antes, en el río solo había especies exóticas debido a que el agua estaba estancada", menciona. "Al aparecer las orillas y la vegetación, los peces autóctonos han colonizado el río y han desplazado a las exóticas".
"Por ejemplo, el barbo es ahora el pez más abundante del río Manzanares, seguido del gobio", detalla el experto. "Debido a esta colonización desaparecieron especies como el alburno o el pez gato... La única especie exótica que se mantiene sin provocar problemas en el ecosistema es la carpa y porque, al final, lleva muchos años ya en España".
A estas especies se suma la reintroducción controlada del galápago leproso, un reptil autóctono asociado a ecosistemas fluviales bien conservados, cuya presencia implica que el río ofrece ya refugio, alimento y condiciones térmicas adecuadas.
Por otro lado, el regreso de ciertos mamíferos también ha sido interpretado como prueba del éxito del proyecto, pero conviene matizar. La nutria, ausente durante décadas, volvió a detectarse en el Manzanares en los últimos años. Su aparición tiene valor ecológico porque es una especie exigente en términos de calidad del agua y disponibilidad de alimento. "De vez en cuando se dejan ver en el río porque cría en las islas y orillas", explica Martín Barajas.
"También se han podido llegar a ver una pareja de jabalíes, que parecen disfrutar de las islas; e incliso he llegado a ver algún zorro", añade. "También cría en el río el erizo, que se puede ver a veces con las crías, muy pequeñitas".
Sin embargo, eso no significa que el tramo urbano sea un hábitat densamente ocupado por nutrias. Es más preciso interpretarlo como un indicador de conectividad ecológica, no como una población consolidada.
En resumen, el Manzanares ha cambiado, pero no se ha convertido en un río salvaje. Sigue siendo un entorno urbano, condicionado por la calidad del agua, las infraestructuras y la presión humana. De hecho, la recuperación continúa.
El proyecto para restaurar el tramo bajo del río y su conexión con otros cursos fluviales sigue en ejecución hasta 2026 dentro de iniciativas de infraestructura verde, con el objetivo de reforzar esa función de corredor ecológico.
"La asignatura pendiente que tenermos es la de retirar las antiguas compuertas que suponen un riesgo ahora mismo", concluye Martín Barajas. "Las tienen apeadas, para que el agua pase por debajo, pero si hay una venida muy grande, actúan de cuello de botella".