Las obras que transforman el entorno de Conde de Casal, en el distrito de Retiro, han alterado la vida cotidiana de vecinos y comerciantes. La ampliación de la línea 11 de Metro y la construcción de un intercambiador se ha convertido en una fuente constante de molestias para algunos de los residentes de la zona. Vallas que se desplazan sin precio aviso, cambios en la circulación, maquinaria en funcionamiento continuo o un descenso evidente del tránsito de los peatones son algunas de las quejas que los vecinos han trasladado a Madridiario.
“La calidad de vida ha bajado muchísimo”, ha afirmado Julio Rodríguez, vecino de la Avenida del Mediterráneo. “Trabajan prácticamente las 24 horas, incluso los domingos y en festivos como Semana Santa”, ha detallado, señalando que los horarios no respetan las ordenanzas municipales sobre ruido. En su caso, el problema se agrava durante la noche, cuando el descanso se vuelve imposible por el sonido constante de la maquinaria y la presencia de focos que iluminan la obra.
A esta situación se suman las vibraciones que generan determinados trabajos en los edificios más cercanos a la intervención. Guillermo Ferrero Centeno, vecino de la calle Doctor Esquerdo, explica que en algunas viviendas “no solo se oye el ruido, sino que vibran los cristales y la estructura”. La antigüedad de las viviendas ha generado preocupación sobre la seguridad. “Estamos hablando de casas de los años 60 o 70, con unas condiciones estructurales muy distintas a las actuales”, ha manifestado. “Nos dicen que están perforando hasta 30 metros, muy por debajo de los cimientos, y eso genera inquietud”, ha asegurado el residente.
En uno de los edificios cercanos, la caída de fragmentos de fachada ha obligado a la comunidad de vecinos a instalar una malla de protección para evitar posibles daños a los transeúntes. “Esa malla está ahí por algo, no tiene ningún valor decorativo”, ha ironizado Rodríguez, quien denuncia que el coste de esta medida ha sido asumido por los residentes del edificio de la calle Doctor Esquerdo, 175. “Estamos hablando de una obra de más de cincuenta millones de euros y, sin embargo, los vecinos tienen que pagar de su bolsillo una solución de seguridad básica”, ha criticado.
Otro de los elementos que aumenta el malestar vecinal es la falta de información. Ambos residentes han coincidido en que no se comunican con claridad las distintas fases del proyecto. “No sabemos ni cuánto van a durar, ni en qué van a consistir exactamente, ni qué va a haber después”, ha lamentado Rodríguez. “De un día para otro te encuentras con que ya no puedes cruzar por donde cruzabas o que tienes que dar un rodeo enorme para llegar a casa”, ha detallado.
La transformación del entorno ha tenido un impacto tanto en la movilidad urbana como en la actividad económica. La desaparición de las paradas de autobuses interurbanos que conectaban Conde de Casal con municipios del sureste de la región ha reducido notablemente el flujo de personas. “Antes esto era un punto clave de entrada y salida de viajeros, venía gente de Rivas, Arganda, Morata o incluso de pueblos de Cuenca”, ha recordado Ferrero.
El caso de Joaqui, propietaria de una cafetería de la zona desde hace 12 años, ilustra con claridad las consecuencias para los pequeños negocios de las inmediaciones de Conde de Casal. “Nos están arruinando totalmente”, ha afirmado. Su establecimiento llegó a tener hasta ocho empleados, ahora funciona únicamente con su trabajo. “Antes lo que hago en todo el día lo hacía en una o dos horas”, ha subrayado, ratificando que la caída de la clientela ha sido “de un 90 por ciento”. “A las seis de la mañana ya tenía cola por la gente que venía en los autobuses. Ahora no pasa nadie”, ha relatado a este digital.
“Este mes tengo que poner dinero de mi bolsillo para seguir”
“Este mes tengo que poner dinero de mi bolsillo para seguir”, ha reconocido, aunque insiste en que no quiere cerrar. “Aguantaré, aunque sea para recuperar lo que he invertido aquí”, ha comentado. Además, Joaqui ha señalado la pérdida de la terraza por la colocación de unas vallas de las obras. “De cara al verano, sin terraza, es muy complicado”, ha indicado.
Según la hostelera, varios negocios ya han cerrado o están a punto de hacerlo. “La pastelería cerró a los dos meses, el estanco está pensando en cerrar, y hay locales que llevan meses sin actividad”, ha enumerado Joaqui.
Ante esta situación, la Consejería de Economía, Hacienda y Empleo, ha defendido la puesta en marcha de medidas de apoyo dirigidas a los negocios afectados por obras públicas. En una nota difundida recientemente, el Ejecutivo regional asegura que “incrementará un 44 por ciento las ayudas a negocios afectados por obras de infraestructuras públicas”, con el objetivo de mitigar el impacto económico en este tipo de entornos.
Asimismo, fuentes autonómicas han señalado que estas ayudas “se están tramitando para que puedan estar disponibles para los afectados en el menor tiempo posible”, aunque por el momento muchos comerciantes han asegurado no haber percibido aún estos apoyos ni conocer con detalle los requisitos para acceder a ellos.
La construcción del intercambiador incluirá espacios comerciales en el subsuelo, un dato que genera incertidumbre entre los dueños de negocios. “La gente no va a tener necesidad de salir a la superficie, todo lo va a tener abajo”, señala Ferrero. Rodríguez coincide y plantea interrogantes sobre la gestión de esos locales. “No sabemos si se van a adjudicar a grandes empresas o si habrá oportunidades para los negocios del barrio”, ha cuestionado.
A pesar de todo, los vecinos han manifestado que “la llegada de una nueva línea de metro es positiva”. En este aspecto, Ferrero ha apuntado a soluciones que podrían mejorar la situación. “Un horario de trabajo razonable sería clave. No pasa nada porque la obra dure un poco más si eso permite a los vecinos descansar”, ha concluido.
“No existe ningún movimiento del edificio ni problemas de estabilidad, y estos hechos no están relacionados con las obras de ampliación de la línea 11”
Por su parte, la Consejería de Transportes de la Comunidad de Madrid ha rechazado que las obras estén generando problemas estructurales en los edificios del entorno. “No existe ningún movimiento del edificio ni problemas de estabilidad, y estos hechos no están relacionados con las obras de ampliación de la línea 11”, han señalado fuentes autonómicas. “Los informes técnicos descartan de forma clara que las actuaciones en la estación estén afectando a la estructura del inmueble, por lo que no existe riesgo para la seguridad de los vecinos”, han añadido desde el equipo regional.
Asimismo, han confirmado que “se han retirado 150 plazas de aparcamiento en la zona norte de la estación, concretamente en las calles Cruz del Sur, Sirio y Avenida del Mediterráneo”.