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Madres que se reinventan: la conciliación en la era digital

Noemí Sancho se ha reinventado con la ayuda de Mamis Digitales (Foto: Mamis digitales ).
Susana Pérez | Miércoles 04 de febrero de 2026

“Pensé que no podía seguir trabajando 14 o 16 horas al día.” La frase no surge de un debate académico ni de un informe institucional, sino de Noemí Sancho, una mujer que durante años sostuvo un negocio familiar mientras intentaba, al mismo tiempo, estar presente en la vida de su hija adolescente. Otra profesional con larga trayectoria en comunicación llegaba a una conclusión distinta, pero igual de reveladora: María Luscà sentía que se había quedado fuera del mercado laboral porque no se había puesto al día en el entorno digital. Dos historias distintas, un mismo trasfondo: la maternidad como punto de inflexión en la relación con el trabajo.

Ambas experiencias forman parte de la realidad que recoge el I Barómetro Nacional sobre la Conciliación de las Madres Profesionales, el primer estudio de ámbito estatal que analiza de manera representativa cómo viven las madres profesionales en España el equilibrio —o desequilibrio— entre maternidad y carrera laboral. El documento se presenta este 4 de febrero en una jornada organizada por la asociación Mamis Digitales, en la que también se abordará el encuentro internacional Yes We Mom! y se celebrará una mesa redonda bajo el título 'La conciliación en la era digital'.

“Llevaba el trabajo encima 24 horas”

María Luscà
Antes de ese punto de cambio, la vida profesional de muchas de estas mujeres estaba marcada por el cansancio acumulado, la sensación de no llegar a todo y la frustración de depender de horarios rígidos. En el caso de María Luscà, durante años trabajó bajo una estructura laboral poco flexible mientras criaba a sus hijos. “Llegaba a casa agotada”, recuerda sobre una etapa de estrés constante. Probó fórmulas intermedias, como empleos con jornada más reducida, pero el problema de fondo seguía ahí: la falta de autonomía para decidir cuándo y cómo trabajar, sobre todo en situaciones cotidianas como la enfermedad de un hijo o la necesidad de acompañarlo en momentos importantes. A esa presión se sumaba otra más silenciosa: la percepción de haberse quedado atrás a nivel profesional. “Nunca me reinventé en digital…ahora no podría trabajar en lo mío”, admite, describiendo una sensación de desconexión con el mercado que comparten muchas mujeres tras periodos centrados en la crianza.

Para Noemí Sancho, el emprendimiento tradicional tampoco garantizaba conciliación. A pesar de haber levantado un negocio que creció con los años, las jornadas se alargaban sin límites y el teléfono nunca dejaba de sonar. “Llevaba el trabajo encima 24 horas”, explica, hasta que tomó conciencia de que ese ritmo no era compatible con la etapa vital de su hija. El paso hacia el entorno digital no estuvo exento de dudas. “Todo ese mundo me quedaba muy grande”, reconoce sobre sus primeros meses, marcados por el miedo a no estar preparada. Sin embargo, ambas coinciden en señalar que el acompañamiento y la sensación de no transitar solas ese proceso resultaron decisivos para sostener el cambio. “Te sientes acompañada y cosas que a ti te parecen pequeñas, para otros no lo son”, resume Luscà.

Los obstáculos laborales para las madres

Estas vivencias individuales dialogan con una realidad más amplia que distintos estudios vienen señalando desde hace años: la maternidad sigue teniendo un impacto directo en las trayectorias laborales femeninas en España.

El barómetro presentado por Mamis Digitales pone cifras y matices a esa experiencia colectiva y muestra cómo una parte muy significativa de madres se ha visto obligada a modificar su vida profesional tras tener hijos, ya sea cambiando de empleo o reduciendo su jornada, en un contexto en el que muchas reconocen haber ocultado en algún momento sus responsabilidades familiares para evitar prejuicios en el entorno laboral. El estudio refleja así que la dificultad no se limita a acceder a un puesto de trabajo, sino a hacerlo en condiciones que permitan compatibilizar de forma realista las exigencias del empleo con el cuidado. Casi el 65 por ciento de las madres evidencia la persistencia de estereotipos y barreras culturales que convierten la maternidad en una desventaja profesional en lugar de una etapa compartida por la sociedad.

“La barrera más dura son barreras culturales, esa dificultad de pensar en remoto”

El colectivo Mamis Digitales surge precisamente en ese cruce entre necesidad y oportunidad. Su cofundador, Franc Carreras, explica que la idea nació al observar cómo determinados trabajos vinculados al marketing digital podían realizarse con gran flexibilidad y en remoto, mientras que esa libertad desaparecía cuando las profesionales pasaban a estructuras más tradicionales. “Nos dimos cuenta de que ese trabajo se hacía de forma muy flexible y casi remota. Luego, cuando el personal tuvo que trabajar en empresas más tradicionales, se les fue toda esa libertad”, señala. A su juicio, el principal obstáculo que encuentran hoy las madres no es la falta de capacidad, sino una cultura laboral que aún asocia productividad con presencia física: “La barrera más dura son barreras culturales, esa dificultad de pensar en remoto”.

Una madre trabajando con su bebé
Desde esta perspectiva, la propuesta no se limita a la formación técnica en perfiles digitales, sino a un cambio de enfoque profesional. “No tienen que ir a pedir permiso, tienen que ofrecer valor”, resume Carreras sobre una filosofía que anima a las madres a posicionarse como profesionales capaces de aportar soluciones concretas a empresas y proyectos, desde modelos de trabajo más flexibles.

La jornada en la que se presenta el barómetro, junto al impulso de iniciativas como Yes We Mom!, sitúa el debate sobre la conciliación en un momento en que el trabajo digital y en remoto ha dejado de ser una excepción para convertirse en una opción real en muchos sectores. Sin embargo, los datos y testimonios coinciden en un punto: la conciliación plena sigue sin estar garantizada por el sistema laboral en su conjunto y, en muchos casos, depende de procesos de reinvención individual.

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