El CEIPSO Adolfo Suárez, ubicado en el distrito madrileño de Hortaleza, vuelve a estar en el centro de la preocupación de las familias ante el previsible regreso de las lluvias en las próximas semanas. Aunque la última borrasca, que afectó a Madrid, ya quedó atrás, sus efectos fueron especialmente visibles en el centro educativo, donde provocó nuevas inundaciones en aulas, la biblioteca y la sala de profesores. Una situación que, lejos de ser puntual, se repite desde hace más de cuatro años, cuando el temporal Filomena dejó al descubierto una serie de deficiencias estructurales que siguen sin resolverse.
Padres, madres, personal docente y alumnado conviven con un problema que, según denuncian, “se hace presente cada vez que llueve, sobre todo, cuando las precipitaciones son de forma continuada” como el pasado mes de marzo o este octubre, cuadno los episodios intermitentes de lluvias, han reactivado el temor a las actividades escolares vuelvan a alterarse, como ha ocurrido en múltiples ocasiones. “¿Hasta cuándo?”, se pregunta una madre del centro educativo, harta de que se inunden espacios como la biblioteca o la sala de profesores y de que, con ello, se echen a perder materiales y decoraciones infantiles, como los elementos de Halloween y, quizá ahora, los de Navidad.
El problema no es nuevo. Se arrastra desde enero de 2021, cuando Filomena azotó la ciudad y causó daños en numerosos edificios y espacios. En el CEIPSO Adolfo Suárez, aquellos desperfectos derivaron en filtraciones de agua y humedades persistentes en la planta baja y la primera planta. Desde entonces, cada episodio de lluvia supone el cierre temporal de espacios esenciales para la vida escolar.
La biblioteca es, quizá, uno de los lugares más afectados. La acumulación de agua hace que a menudo tenga que cerrar, interrumpiendo actividades lectivas y proyectos que dependen del acceso a este recurso. Un padre recuerda que las inundaciones allí son “especialmente sensibles" porque no solo se pierde un espacio pedagógico clave, sino también materiales: “Cada vez que se inunda la biblioteca es muy visible porque cierra ese espacio y el colegio pierde parte de los libros. Este hecho fue especialmente sensible hace un par de cursos”, lamenta. A esto se suman las aulas clausuradas (de manera rotatoria) y la sala de profesores, que también sufre filtraciones constantes.
En su informe, CCOO describe el origen de la parálisis institucional que mantiene al centro sin obras desde hace años. El estudio explica que “la falta de definición competencial entre el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid mantiene paralizadas las reparaciones desde el curso pasado, sin que ninguna administración asuma la intervención necesaria para garantizar unas condiciones adecuadas”.
A juicio del sindicato, esta “indefinición administrativa” ha convertido lo que podría haber sido una intervención puntual en una problemática estructural. Las filtraciones, al no haberse reparado a tiempo, han ido deteriorando la calidad de los espacios interiores y condicionando la actividad pedagógica.
Una percepción no muy alejada de la opinión de las familias. Uno de los padres que lleva años denunciando públicamente el problema asegura que la frustración es generalizada: “Es un poco sangrante que desde Filomena no se haya realizado nada para que esto no suceda”.
Además, recuerda que en varias ocasiones se comunicó a las familias que podría no haber campamento de verano por las obras (unas notificaciones que se realizaron tanto en 2023 como en el curso pasado), pero – sin embargo- esas obras nunca llegaron a producirse: “Nos comunicaron que a lo mejor en verano no había campamento por las obras y dijimos bueno, pues fenomenal, una cosa por otra. Pero no había obras y comenzaba el siguiente curso”.
Los episodios de cierre de aulas y de reubicaciones improvisadas han obligado a reorganizar clases, desplazar grupos y reprogramar actividades. A veces las consecuencias son aparentemente menores. Por ejemplo, trasladar una clase de música a otro espacio, pero aun así afectan al ritmo educativo y a la normalidad escolar. “Si te toca el aula de música, pues muy bien, ahí donde hacen música se van a otro lado y ya está”, ironiza un padre.
Las familias y el profesorado miran los partes meteorológicos con nerviosismo, temiendo que un par de días de lluvia puedan obligar a cerrar de nuevo algunos espacios del centro: “Cada vez que llueve con cierta continuidad, es decir, un par de días de lluvia, pues eso significa que hay que cerrar algún aula y eso limita en cierta medida el día a día del colegio”, explica un padre.
La comunidad educativa del CEIPSO Adolfo Suárez lleva reclamando desde hace años una intervención que resuelva de manera definitiva los daños estructurales del edificio. Sin embargo, hasta ahora las peticiones han sido ignoradas o postergadas. Cada curso, padres y madres renuevan sus solicitudes de reparación, sin recibir respuestas concretas.
La situación se ha convertido en una reivindicación cíclica, que se reactiva con cada episodio de lluvias. Y aunque ha habido momentos en los que parecía que las obras estaban próximas a aprobarse, finalmente los procesos han quedado congelados.
Este verano se produjo un cambio en el equipo directivo del centro y, en octubre, también hubo una renovación de la dirección del AMPA. Un hecho, que ha dado un ‘rayo de esperanza’ a los padres y madres del centro. Uno de ellos destaca que “parece que las cosas, al menos aparentemente, van mejorando”. Las nuevas direcciones están mostrando mayor comunicación con las familias y una disposición más proactiva para impulsar las reivindicaciones pendientes.
La comunidad educativa espera que esta nueva etapa facilite las gestiones con las instituciones responsables y que, por fin, se desbloquee el proceso de reparación. Según ha podido saber este digital, el Consistorio madrileño, responsable de su mantenimiento, está trabajando de forma conjunta con la Comunidad de Madrid para que "se pueda arreglar en la mayor brevedad posible" los desperfectos que a día de hoy preocupan a profesores, padres y alumnos.