Entre el barro cotidiano y los techos de uralita que los trabajadores construyeron con sus mismas manos en el Pozo del Tío Raimundo, José María de Llanos, conocido como el padre Llanos, terminó siendo distinguido dentro y fuera de este barrio vallecano. Este jesuita descubriría que las palabras de Cristo sonaban vacías entre las élites del régimen franquista y decidió acudir a este punto de la periferia madrileña donde terminó siendo evangelizado por las condiciones de vida de los vecinos del Pozo dejando atrás años de servicio clerical junto a las autoridades de la dictadura para cambiar el mundo de base y militar en el Partido Comunista de España. Una vida de cambios que ahora llega a la gran pantalla con el documental ‘Un hombre sin miedo’ que se estrena este viernes en varias salas de la capital.
El documental se convierte en un viaje por parte de la historia de Madrid, que recorre sus primeros pasos en el seminario, las tareas de capellán en el Frente de Juventudes a su encuentro con la miseria y los problemas sociales de la periferia madrileña. Un cambio total de paradigma que se ejemplifica con el primer mitin del recién legalizado Partido Comunista en el campo del Rayo Vallecano en plena avenida de la Albufera. Allí, ante una multitud de 60.000 personas, Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri ‘Pasionaria‘ y los más destacados líderes del partido entonaron la Internacional. En primera fila, junto a ellos y puño en alto se encontraba José María de Llanos. Al día siguiente, la imagen del sacerdote con el puño en alto apareció en la portada del diario El País. Un retrato que provocó una gran controversia en la jerarquía eclesiástica y desató una tormenta en ciertos círculos políticos en el periodo más delicado de una transición frágil. Pero no había vuelta atrás, el padre Llanos había tomado partido. Este fue un giro fundamental en la vida de un personaje curioso, un hombre “sin miedo a nada ni a nadie”, como destaca el equipo que se encuentra detrás de este trabajo audiovisual que puede verse este 7 de junio en los Cines Embajadores o en la Cineteca de Matadero, bajo la dirección de Juan Luis del No.
Llanos, que llegó a ser capellán del Frente de Juventudes e incluso director espiritual del mismísimo Francisco Franco, decidió en 1954 romper con la burocracia de la dictadura para irse a vivir entre el barro y la miseria en El Pozo del Tío Raimundo en Vallecas y para seguir los ideales jesuitas de dar testimonio de la pobreza. Allí pasó el resto de su vida luchando por mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. Sin embargo, a diferencia de las típicas historias de misioneros, José María de Llanos, sin apartarse nunca de su fe cristiana, terminó evangelizado por los vecinos del Pozo. De sus noches sin motivos para soñar y sus amaneceres complicados le llevarían a militar en el PCE y en las Comisiones Obreras con el número 14.774 de afiliado.
El trabajo del equipo de dirección ha tenido que adentrarse en cientos de archivos para conseguir fotografías y vídeos donde escasean los recursos con la cruda realidad de estos barrios. Una labor que les llevó a introducirse en la hemeroteca de la Radio Televisión Pública. José Luis del No comenzó entonces a rebuscar entre la memoria de quienes residen y residieron en El Pozo para averiguar si alguien conservaba imágenes en movimiento. No apareció material fílmico, pero sí encontraron fotografías pertenecientes a la Asociación de Vecinos que Miguel Ángel Pascual, su antiguo presidente, había guardado. Eso fue crucial. Además, realizaron una exhaustiva búsqueda en archivos oficiales donde encontraron "verdaderas joyas" que habían pasado desapercibidas durante décadas. Un ejemplo es el censo de infraviviendas que se llevó a cabo en los años 50 y 60, encargado por la administración de la época teóricamente para saber cuántas chabolas había en Madrid y quiénes vivían en ellas.
El documental cuenta con un preciado y escaso material audiovisual gracias a Tino Calabuig, pionero del Colectivo de Cine de Madrid, un grupo de jóvenes del PCE que se atrevía a salir a la calle con una cámara de 16 mm en los años 70 para filmar las primeras manifestaciones de la transición, también se adentraron en los barrios para documentar su realidad. Además, la Compañía de Jesús les abierto las puertas de su archivo. También la Fundación José María de Llanos que brindó su apoyo y fotografías de gran valor, sin las cuales señala, “no habríamos podido realizar este trabajo”. En este proyecto también hay imágenes de diversas procedencias que "no puedo detallar aquí por su extensión". Estas fotografías pertenecen a personas del barrio que abrieron las puertas de sus casas y para compartir la intimidad de sus fotografías familiares.
La vida y experiencias del padre Llanos que acumulaba las expresaba a través de la prosa. El documental intercala imágenes del jesuita y del ambiente en el Pozo con los poemas que durante décadas fue publicando como una crónica social de lo que observaba y sentía. Para su director, una de las principales revelaciones ha sido el descubrimiento del Llanos escritor, un hallazgo narrativo de gran calibre.
Su poesía, “poderosa y profunda”, se ha convertido gradualmente en el esqueleto emocional de la película, permitiendo al público adentrarse en las complejidades del personaje. Además, Llanos escribía columnas de opinión que, más que mordaces, podrían calificarse de subversivas que nadie se atrevía a censurar en pleno franquismo Este legado escrito, junto con una serie de 'collages' de recortes de imágenes y fotografías diversas que elaboró al final de su vida, ha permitido a Juan Luis del No narrar esta historia de una manera mucho más emocional de lo que se podría esperarse de un documental histórico.