El premio 'Iniciativa Musical y Artística' de los Premios Madrid de este año recae en el músico español Jorge Pardo, ampliando así su palmarés en el que figura el premio al Mejor Músico de Jazz Europeo otorgando por la Académie du Jazz francesa, el premio Nacional Músicas Actuales del Ministerio de Educación y Cultura de España, la medalla de oro del Festival jazz en la costa de Almuñecar y el Grammy Awards por el álbum Antidote con Chick Corea.
Pardo comenzó sus estudios musicales a los 14 años en el Real Conservatorio de Madrid. A lo largo de su trayectoria ha ido mezclando sonidos, fusionando el jazz y el flamenco con la flauta travesera y el saxofón, convirtiéndose en toda una referencia del panorama musical español y tocando con artistas como Diego Carrasco, Paco de Lucía, al que acompañaría en los escenarios en varias de sus giras, y Camarón, dentro del mundo del flamenco y Jean Luc Vallet, Lou Bennet y Pony Poindexter en el mundo del jazz.
Después de casi 40 años de trayectoria, ¿qué le supone este reconocimiento?
Un reconocimiento como este siempre es un caramelito, aunque dicen que los halagos debilitan y - en contra - las críticas fortalecen. No soy de los que se dejan endulzar fácilmente, así que soy más de los que piensan así.
O sea, digamos que no mira tanto a los premios y está más centrado en su trayectoria
A lo largo de mi vida, que ya empieza a ser larga, me han dado varios premios como los Grammy o el premio Nacional de Música. Pero insisto que estos reconocimientos no me apartan de mi camino, los celebró brindando con amigos y los agradezco, pero yo sigo mi trayectoria.
El verdadero premio ha sido poder actuar y colaborar con grandes artistas como - por ejemplo - Paco de Lucía o Diego Carrasco.
Esos son los verdaderos premios y los que llevan a estos otros reconocimientos. Porque si no hubiera existido ese premio de que en tu camino se cruza esta gente y que te hermana con su música e inspira, pues lo demás seguramente no hubiera venido.
¿Cuál fue su primera introducción al jazz?
En mi caso fue un flechazo. Un acto de fe y de amor. En mi casa no había tradición musical nada más que una buena afición, con lo cual yo ni soñaba ser músico, pero surgió el flechazo. Con 11 ó 12 años, yo dije que tenía que al menos saber cómo se hacía eso, que a mi tanto me gustaba como las improvisaciones de esos saxofonistas como Charlie Parker.
Me recuerdo de ir a la Biblioteca Washington Irving en Madrid, en la calle San Bernardo, a escuchar discos de jazz e ir a conciertos, a los pocos que había, también de festival de flamenco.
¿Cómo ha evolucionado la afición al jazz? ¿Ha notado que se escuche más jazz en los últimos años?
Con respecto a lo que te estoy hablando hasta el día de hoy hace más de 40 años, no cabe duda que ha ido creciendo en todos los ámbitos, pero también ha crecido todo lo demás (otros estilos), por eso a lo mejor ese crecimiento no es tan aparente.
¿Qué cree que distingue el jazz de otros estilos musicales? ¿Por qué le cautivó?
El jazz me cautivó, a pesar de que yo también empecé a estudiar algo de música clásica, de Bach, de Mozart. Yo veía los músicos de música clásica muy rígidos, tocando lo que ponía en la partitura estrictamente, ciñéndose a un corsé, que era hasta insufrible en la etapa de ejecución.
Y yo veía la música más de otra manera. Yo veía la música como un divertimento, que tenía que ser agradable. Veía en los intérpretes de jazz y flamenco con una libertad y alegría tocando, cantando y eso en la música clásica no se veía.
La exigencia del jazz es que tú te reinventas en esa partitura. A mí eso me pareció una oportunidad, una vía de expresión propia y eso me enamoró rápidamente.
Con el tiempo fusionó el jazz con el flamenco ¿Fue un proceso lento?
Fue un proceso de años y años, a pesar de que uno lo intuye entre las sombras. Son músicas que tienen muchas cosas en común, al menos en su crisol, porque luego son estéticamente diferentes.
Crecen en dos países que son muy diferentes, dos culturas muy diferentes, pero en su crisol tienen muchas cosas en común.
Comentaba que lo que te gustaba de la música era su divertimento. Me imagino que esa forma de divertirse está también en ese proceso creativo a la hora de componer e improvisar. ¿Nunca ha perdido la inspiración? ¿Sigue buscando esos momentos de diversión?
Mientras que me sorprendías con esta entrevista, estaba reinventando un tema antiguo que tenía por ahí anotado y se me han ocurrido nuevas cosas. Y eso me motiva para empezar bien el día.
¿Cómo ha ido evolucionando su estilo musical?
Pues ha ido evolucionando de una manera muy peculiar. No quiero sé ahora o intentar de inventor de nada, pero he tenido maestros de diferentes culturas y he sido muy curioso por lo que ha sido un proceso largo y de aprendizaje.Es algo que no aprendes en un conservatorio, aprendes golpes y golpes y de vislumbrar entre sombras y adivinar cuál es tu propio camino.
Hay que tener el coraje, la valentía y el valor suficiente, porque tu propio camino muchas veces no va a ser bien visto por las diferentes tradiciones que tienen sus corsés. Hay que tener el valor de interpretar que esa luz que tú ves en el fondo es una luz buena. Yo creo que eso es lo que me ha llevado no seguir unos patrones predeterminados por otras músicas y otros músicos. Esto tiene sus ventajas y desventajas. Ha ido evolucionado de una manera muy peculiar. A veces es adentrarse en la selva y descubrir un paisaje nuevo y otras te viene el miedo y la incredulidad de los demás.
¿Cuáles han sido sus principales influencias?
Pues los primeros años estaba influenciado por la música que escuchaban mis padres, tenían discos de zarzuela, de flamenco y de música clásica. Luego, cuando ya tuve mi propio criterio, empecé a escuchar en mi adolescencia grupos como Led Zeppeling, Jimi Hendrix o Los Beathes. Y con todo este barullo de gente al final es lo que me ha influido.
A lo largo de todos estos años me imagino que también habrá tenido muchas anécdotas, tanto fuera como dentro del escenario.
Pues, por ejemplo, compartí muchos momentos con Camarón. Con el paso del tiempo te das cuenta de lo que fueron esos momentos, porque por aquel entonces Camarón era un joven cantaor de flamenco que estaba destacando, aunque era denotado por los flamencos más ortodoxos. Ahora, es un mito. Camarón estuvo en mi casa en un apartamento destartalado y me enseño a tocar la taranta. Ahora esos momentos suenan como grandiosos, pero en su momento tan solo era una colaboración entre dos jóvenes que se apreciaban el uno al otro. Pero ahora se ha convertido en algo impagable para cualquiera.
En la actualidad, ¿tiene pensada alguna colaboración con algún artista reciente?
No me encierro a conocer otras culturas y otros personajes. El inverno pasado estuve en Brasil de gira y conocí a grandes músicos brasileños, uno de ellos es Jacques Morel con el cual voy a hacer unas sesiones en Madrid. Ahora, estoy redescubiendo la música brasilera y toda esa potencia que tiene ese país en su diversidad musical, que no se queda solamente en la samba o en la cosa nova, sino que hay muchas músicas e influencias. Existe un mestizaje increíble. Así que estoy un poco perdido en la música brasileña y pienso perderme un rato.
¿Esto quiere decir que su próximo proyecto va encaminado a los ritmos brasileños?
Bueno, no puedo decir eso exactamente, porque todo es ahora mismo una nebulosa. Tengo algunas colaboraciones con diferentes músicos brasileños, de hecho, en junio vuelvo a Brasil. Estoy un poco perdido en todo esto, así que algo habrá, aunque quizás no como tú lo mencionas.
Además de Brasil, como enamorado del jazz me imagino que habrá tenido la oportunidad de viajar a la cuna de este estilo musical.
Estuve en el año 2005 y tuve la oportunidad de colaborar con el gran pianista Chick Corea, con el que recibí un Grammy en Los Ángeles. De la mano de Corea y su banda, que son músicos que engloban la élite del jazz, tuve la oportunidad de patearme ese país, desde las grandes capitales como San Francisco, Los Ángeles, Nueva York o Boston como los sitios más recónditos como Nebraska u Oklahoma.
Desde hace unos años, Madrid cuenta con su propio festival de jazz. La edición del año pasado reunió a más de 52.000 espectadores, ¿cómo ve este proyecto como amante e interprete de jazz?
En principio, por supuesto, todo lo que sea acercar un poco esa cultura a la gente es fantástico. Otra cosa son los criterios con lo que se hacen y como se comercializan, que a veces estos grandes festivales que en principio comienzan como una cosa meramente cultural, terminan siendo con el tiempo algo comercializado y de lo que esperan sacar rendimiento.
Hay que sacarlo partido y ahí es cuando los programadores se pierden en el camino. Pero en fin, voy a abandonar el camino de la crítica y retomar la alabanza, estos festivales acercan el jazz, de una manera u otra, por eso hay que apoyarlos.