Madrid

Zigia 28, la casa recuperada por un filántropo y convertida en centro cívico de Ciudad Lineal

(Foto: Mónica Goznález - Road Experience Audiovisual).
Ángela Beato | Domingo 21 de abril de 2024

Un homenaje al fallecido músico vecino de Pueblo Nuevo Malcom Scarpa, con presentación de disco, libro y documental, ocupó el salón de actos de Zigia 28 el pasado martes. Un día después, fue el locutor radiofónico y escritor Javier Ruiz Taboada quien protagonizó un recital de poesía. No son los únicos eventos celebrados recientemente en este centro cívico. Durante toda la semana en su programación se suceden las propuestas. Desde un taller para enseñar a niños a tocar la batería hasta clases de cocina italiana, un coloquio sobre la política en Cataluña o un concierto solidario de música a capella. En el año y medio que lleva abierto, se ha convertido en un punto de encuentro indispensable para los vecinos de Ciudad Lineal. Detrás de esta iniciativa no se encuentra ninguna administración pública. Su artífice es un particular, Javier Martínez, un filántropo antiguo residente en el barrio que quiso recuperar la casa vacía en la que vivió de niño y volver a llenarla de vida.

Jaime Rull presenta a Javier Ruiz Taboada en un recital de poesía en Zigia28 (Foto: Mónica González)

“La primera razón que me movió fue que no se derribara la casa familiar que construyeron mi padre y mi tío en el año 57”, explica Martínez sobre este edificio de tres plantas, terraza y garaje que habitaban los hermanos con sus parejas e hijos, “más abuelas, tías solteras, viudas, primos, es decir, una familia muy grande”.

Con el tiempo, los pequeños fueron creciendo e independizándose y los mayores, falleciendo. Durante un tiempo la casa quedó vacía y cerrada, con todos los muebles y la ropa sin tocar. Hasta que, en la primavera del año 2021, los 11 herederos, entre los que estaba Javier, cumplieron el deseo de su madre y vendieron todo el inmueble a una constructora. “Yo creía que lo iba a remodelar, pero me enteré al poco tiempo que no, que lo que quería era tirarlo y hacer un edificio nuevo, con sótano, garaje… Me dio una pena horrible y me fui a hablar con el constructor; le dije que se lo compraba entero. El hombre accedió y se lo compré a los dos meses”, relata su dueño.

Foto de la familia de Javier Martínez que vivía en Zigia 28 (Foto: Mónica González - Road experience Audiovisual)
La operación supuso un gran desembolso para Javier Martínez, no solo por la compra del inmueble, sino por todo el trabajo de puesta a punto y acondicionamiento. “Afortunadamente la vida profesional me ha permitido poder hacer esto. Yo soy ingeniero naval, fundé una empresa hace 40 años y la he ido dejando poco a poco hasta jubilarme ahora; me ha ido bien en la vida, así que me siento feliz de poder haberlo hecho”.

Él mismo se encargó de realizar el proyecto de ejecución, tanto estructural como estético. Ha convertido los tres pisos en nueve estudios y los ha alquilado a una ONG. “Ahora viven refugiados políticos, lo cual es una alegría adicional porque la casa ha pasado de estar vacía a volver a llenarse y es una verdadera delicia; al igual que nosotros llegamos en el año 57 y éramos diez niños y diez mayores, pues ahora la habitan unas 23 o 24 personas entre niños y mayores. De hecho, no nacía nadie allí desde 1960 y han vuelto a nacer niños”, celebra Martínez.

Más que una sede de su Fundación

La decisión de crear un centro cívico vino después y no de manera premeditada “No soy una persona que venga del mundo de la cultura, ni del mundo del espectáculo, de eso no tengo ni idea”, aclara. En realidad, el bajo del edificio, ocupado antiguamente por un garaje y taller mecánico familiar, iba a convertirse en sede de la Fundación Mari Paz Jiménez Casado, creada por Javier en 2013 en recuerdo de su mujer, fallecida víctima de un sarcoma y con la que buscan recursos para investigar en este campo. En ella también están involucrados sus hijos y sus hermanos. “Antes estábamos en un apartamento pequeñito, así que montamos ahí la sede con un gran salón de actos para hacer mercadillos y eventos benéficos”.

Una vez puesta en marcha la sede de la Fundación, vio que aún quedaban estancias a las que se les podían dar otros usos y ahí fue cuando pensó en un centro cívico. “No sé si al barrio le hacía falta, porque yo de aquí me fui hace 40 años y no había vuelto, quiero decir que no hubo ninguna razón de estudio o de análisis. Luego, afortunadamente, todo este tipo de servicios siempre son necesarios”, añade su impulsor.

En el centro trabajan cuatro personas. De la programación se encarga “un dramaturgo catalán que se vino a Madrid hace tres años y es una persona muy relacionada con el mundo de la cultura”. También ha contratado a un periodista, “un exiliado político sirio que es quien lleva todos los temas de comunicación”. Entre todos están sacando adelante este centro cívico en el que el boca a boca está resultando un ingrediente indispensable. “La verdad es que el sitio ha quedado muy agradable, muy entrañable y tiene un efecto multiplicador muy grande, hay conciertos benéficos todos los viernes a los que asisten 40 o 50 personas y cada uno de ellos es un potencial usuario para otra vez”.

Imágenes de Mari Paz Jiménez Casado (Foto: Mónica González - Road Experience Audiovisual)

Zigia 28 mantiene sus puertas abiertas para cualquier propuesta que planteen los vecinos del distrito. “Aquí puedes desde celebrar un cumpleaños a presentar un libro, dar clase de yoga, aprender guitarra, meterte en un coro… Estamos ahora montando un grupo para para ayudar a gente con Asperger. Es decir, prácticamente todo los que nos piden es ejecutable, así que el centro está cobrando una vida muy interesante”, remarca su impulsor.

Solo paga quien puede pagar

El regreso de este filántropo a su antiguo barrio le ha deparado algunas sorpresas. “Recordaba que cuando yo estudiaba había unos siete u ocho colegios de pago de clase media, así que al montar el centro me fui a hablar con los directores para proponerles montar actividades extraescolares de juegos antiguos, como Monopoly, fútbol, chapas, un coro, cualquier cosa sin ordenador”. Sin embargo, descubrió que el nivel económico del barrio había “bajado mucho” y que lo que les hacía falta a esos alumnos no eran juegos de mes, sino “que les den un bocadillo para merendar y evitar que muchos se queden sin comer, y para mí eso fue un sorpresón”, confiesa Javier Martínez.

Así que decidió colaborar con una asociación del barrio que se dedica a cuidar de estos niños con familias en riesgo de exclusión y les ofrece de manera gratuita sus espacios varios días a la semana, como hace con otras ONG del barrio. “La filosofía es que quien puede pagar, paga, y quien no puede pagar, no paga por el mismo servicio”, precisa. Y pone como ejemplo un par de eventos celebrados en sus instalaciones. “Hubo una asamblea de una asociación profesional de ingenieros que pagaron religiosamente y dentro de un par de semanas, la Asociación de Afectados de Cáncer de Cuello y Laringe no pagarán nada por el mismo espacio, tiempo y servicio”.

Javier Martínez (Foto: Mónica González - Road Experience Audiovisual)

La decisión última de quién paga y quién no se la reserva para sí mismo. Con ese planteamiento, al final “un 70 por ciento del uso es benéfico y un 30 por ciento es pagando”, de modo que para mantener Zigia 28 no basta con esos ingresos. “Yo ya lo sabía y afortunadamente tampoco me importa nada”, recalca este benefactor del barrio cuyo objetivo al poner en marcha el proyecto no era rentabilizarlo económicamente.

Nombrado ‘Supervecino’ 2022 por NextDoor, el título le pilló por sorpresa. “Creía que era una cosa del barrio y cuando lo comenté en nuestra oficina de Houston, me dijeron que en Estados Unidos esa plataforma era muy conocida y también el nombramiento”. Sin embargo, Martínez le dio “la importancia relativa que creo que tiene”. Y aunque admite que “fue muy agradable que gente del barrio me nombrase y que saliera para adelante”, su verdadera prioridad es seguir proporcionando actividades lúdicas y solidarias en el lugar donde él se crió.


Noticias relacionadas