Esta decadencia se hizo notar en la presentación del encierro de San Isidro, que salvo el que cerró función, anduvo muy justo de trapío en general y fue bochornoso en particular en el corrido en quinto lugar, tan pobre de cabeza que habría desmerecido en una plaza de talanqueras. También en un público facilongo al que todo le vale y se rompe las manos a aplaudir. E igualmente en un palco presidencial practicando la elegancia social del regalo, aunque no hubiera argumentos. Así otorgó sendas orejas más que discutibles a Chicharro que le valieron para descerrojar la Puerta Grande.
El chaval, entregadísimo toda la tarde, tiene buen concepto y un punto artístico,como demostró con la mezcolanza de verónicas y delantales con que saludó al tercero y en un posterior y ajustado quite por saltilleras. También lo apuntó con la muleta en algunas series, aunque se vio desbordado en ocasiones por la casta del novillo. Al usía no le importó que necesitara cuatro descabellos para matarlo. Menos lucido estuvo con el geniudo sardo último, con el que se fajó sin más, pero tampoco le importó al presidente para desenfundar el moquero.
Igualmente dejó detalles de clase el local David López, académico en demasía frente al primero, aunque muy variado con la pañosa, más en el toreo en redondo que al natural, los doblones, los ayudados por alto y alguna trincherilla. Un punto de frialdad y los fallos a espadas le impidieron tocar pelo. Con el otro no llegó a acoplarse ni a estar a gusto, sufriendo demasiados enganchones.
Claro que para múltiples enganchones, los que sumó Jarocho en el impresentable y casi acorne quinto, que además llegó casi cadáver al último tercio. Con este mínimo nivel de exigencia, es fácil imaginar que si su labor, vulgar y ventajista con capote, banderillas y muleta, ante el otro fue silenciada, pues que lo dice todo.
Destacar por último que dentro de tanto desastre y la caída en picado de la otrora tierra de toros, al menos queda un mínimo punto de esperanza merced a un grupo de jóvenes aficionados de los altos del tendido 5 que fueron los únicos que protestaron lo que lo merecía –presidente incluido, claro- y no se dejaron engañar. Mucho recordaron a los que pudieron ser sus abuelos. Aunque no creemos en los milagros, ojalá cunda el ejemplo.
FICHA
Novillos de SAN ISIDRO, discretos de trapío, excepto el 6º, de magnífica presencia, y el chico 5º muy chico y pobre de pitones. Todos nobles y el 6º, encastado. DAVID LÓPEZ: vuelta; algunas palmas. JAROCHO –que sustituía al lesionado Manuel Román-, silencio tras aviso; silencio. ALEJANDRO CHICHARRO: oreja tras aviso; oreja. Salió a hombros. Saludó el subalterno Tito tras banderillear al sexto. Colmenar Viejo, 26 de agosto, 1º de Feria. Un cuarto de entrada.