Opinión

Cheque escolar: el lado “oscuro” de la libertad de enseñanza

Emilio Díaz | Miércoles 18 de diciembre de 2019

La semana pasada, el grupo parlamentario de Vox en la Asamblea de Madrid presentó una PNL por la que se exige al gobierno que impulse, difunda y aplique la figura del cheque escolar…

Vivimos momentos convulsos, propicios para grandes paradojas… Y en educación, qué mayor paradoja que escuchar como algunos pretenden cuestionar e, incluso, eliminar el sistema de conciertos, planteando a la vez, y ahí viene la paradoja, el establecimiento del “cheque escolar”, medida neo-liberal y de "derechona" económica allá donde las haya… O sea, la famosa "pinza"...

Cierto: algunas instituciones políticas y del mundo civil y empresarial desempolvan el viejo concepto presentándolo como “panacea” de todos los males de nuestra educación y, especialmente, como remedio a las limitaciones actuales a la libertad de enseñanza. En este sentido, resultan significativas algunas iniciativas como, por ejemplo, la financiación de los puestos escolares de primer ciclo de Educación Infantil a través de ayudas o cheques a las familia; las ayudas para la adquisición de libros de texto o para el pago de comedor escolar; o recientemente, en Madrid, la sustitución de los conciertos de FP de Grado Superior por becas o “cheques” al alumno.

La cerrazón es mala aliada. Nuestro actual sistema educativo y de financiación de la enseñanza es imperfecto y precisa correcciones y reformas. En este sentido se vienen pronunciando distintas organizaciones, entre ellas la propia Escuelas Católicas que, en su documento sobre "Financiación de la Enseñanza", sugiere cambios significativos en la definición, articulación y cuantificación del régimen de conciertos educativos.

Ahora bien, esta necesidad de reforma no debe llevarnos a un cambio radical, en el que el sistema educativo caiga en manos de un mercantilismo ajeno a los valores educativos. Un sistema que, a la postre, elimine en los centros y en la enseñanza en general los valores de integración y compensación, es decir, ponga trabas al ejercicio de la verdadera equidad. Hoy por hoy, el sistema de “cheque escolar” implica el castigo del mercado a los centros e instituciones más volcadas en la atención a los más desfavorecidos; supone la pérdida de la aspiración a la gratuidad del puesto escolar; establece el precio como elemento sustancial del contrato educativo; y para colmo, no resuelve el principal problema de la libertad de elección: qué ocurre cuando la demanda de plazas de un centro supera su propia oferta.

Sin duda, la figura del “cheque” plantea tales deficiencias y anomalías que su mero estudio por parte de las instituciones educativas, partidos políticos o administraciones públicas, supone asumir un riesgo innecesario, máxime cuando la figura, en su integridad, no sólo afecta al régimen de conciertos sino, incluso, a la propia identidad y organización de los centros públicos.

Emilio Díaz
Responsable de Comunicación y Relaciones Institucionales

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