Hace poco más de un año, Raúl, un vecino ciego de Moncloa, iba junto a su perro guía por la calle Ramón Crespo cuando, en un momento dado, se dio un golpe con un hierro saliente de un poste de telefonía. "Me dejé los dientes", relata en una conversación con Madridiario.
Desde entonces, inició una contienda burocrática para eliminar este tipo de elementos en las vías públicas con el fin de mejorar su accesibilidad. Sin embargo, esta semana ha perdido una batalla. Liliana Pérez, una vocal vecina de Ciudadanos, ha llevado al Pleno de Moncloa una propuesta para instar a la retirada de objetos de este estilo que ha sido rechazada por los otros tres partidos presentes -Ahora Madrid, PSOE y PP-.
Sin embargo, Raúl no se rinde. Con un 3 por ciento de visión, teme que él o alguien en su misma situación pueda llevarse el mismo susto y, para denunciarlo, ha grabado una serie de vídeos que demuestran las dificultades a las que se enfrenta.
"Es una calle hecha para los enemigos", denuncia. Además de contar con una acera de un tamaño "ridículo", la distancia libre de barreras arquitectónicos no supera ni los 30 metros. En algunos casos son "salvables" pero, en otros, es imposible, como es el caso de los alcorques vacíos o los bolardos mataciegos. Además, el quid de la cuestión es que no solo es este vial concreto por el que este vecino para habitualmente para ir a visitar a sus hijos. "El barrio está lleno de ejemplos", se queja. Por el momento, no parece que vaya a cambiar.