Opinión

Ancha es la acera

Ángel del Río | Lunes 22 de octubre de 2018

Ahora resulta que el del Prado es un paseo de aceras estrechas, por las que los peatones pasean arracimados, como sardinas en lata, y es necesario ensancharlas, dar más amplitud de espacio al paseante. Porque el gobierno de Manuela Carmena ha decidido eso: ensanchar las aceras del paseo del Prado, detrayendo ese espacio del destinado a la circulación de vehículos.

Primero, ha sido en la Gran Vía; después, en el paseo del Prado, y más tarde será en Recoletos donde perpetren quitarle el espacio al coche para dárselo al peatón, aunque al peatón le sobre ya superficie con la que tiene.

Pero esto no es casual, ni siquiera parte de una filosofía para devolver al transeúnte lo que era suyo, porque, por esa teoría, también se le podría devolver al ganado lo que era su espacio para la trashumancia. Es decir, que la calle de Alcalá vuelva a sus orígenes de cañada y que las ovejitas, los corderitos y las reses vuelvan a transitar por ella, no una vez al año de forma simbólica, como ha ocurrido este fin de semana, sino de forma permanente, y que los coches queden encerrados en cercas, establos y rediles.

Ese afán por ensanchar las aceras más anchas de Madrid es una estrategia más en la cruzada que llevan a cabo contra el coche privado en esta ciudad, y la intención de ponerle cada día más pegas para que el automovilista, que compró su cacharro, pagó el impuesto de matriculación correspondiente, paga el impuesto en los combustibles y el impuesto municipal de circulación, no pueda sacar el coche por el centro de Madrid, y me temo que un futuro no pueda hacerlo de M-30 hacia adentro. Y en este sentido, la madre de todas las batallas va a ser Madrid Central, que el gobierno municipal da por ganada, pero que no les va a ser tan fácil, porque los madrileños están muy encendidos, por no decir, quemados.