Madrid se ha convertido en un hervidero de locales donde apostar. En el tramo de la calle Bravo Murillo que conecta la rotonda de Cuatro Caminos con Plaza Castilla hay hasta 14 negocios de este tipo, cifra que se repite en otra gran avenida como es la calle Marcelo Usera. En otros barrios como, por ejemplo, Quintana, se dan otro tipo de imágenes que son igual de clarificadoras: una casa de apuestas a quinientos metros de un colegio o de un local donde se trata a ludópatas.
A día de hoy, es difícil caminar por una gran avenida sin ver algún local de apuestas, ya sean salones de juego -donde, además, hay máquinas tragaperras- o locales específicos, expolotados directamente por casas como Codere, que cuentan con autorización para ofrecer cuatro máquinas para apostar y servicio de bar o cafetería.
Así, esta sensación empírica se convierte en científica cuando se echa un ojo a las cifras. Según los números trasladados a Madridiario por parte de la Consejería de Economía, Empleo y Hacienda, el número de locales específicos ha aumentado un 300 por ciento en cinco años: en 2013 había 47 en toda la región y el año pasado ya se registraron 190.
En cuanto a los salones de juego, el crecimiento ha sido menor pero, sin embargo, no desdeñable: hace cinco años había 257 y en la actualidad, 385, lo que se ha traducido en un aumento del cincuenta por ciento.
"Es como la heroína"
En la posición de regular el negocio de las apuestas, junto a podemos se encuentran también varias asociaciones. "Yo vivo en Puente de Vallecas y, en mi calle, tenemos cuatro locales en una vía de 80 números", explica en una conversación con este digital Vicente Arroyo, vicepresidente de la Asociación para la prevención y ayuda al ludópata (APAL).
Arroyo intenta trasladar así una sensación que refleja en cifras y que ha visto con sus propios ojos a través del número de asociados de la entidad a la que pertenece. Hace cuatro años, cuenta, eran "poco más" de 110 y ahora son 200.
De este modo, además de que se ponga coto a los salones de juego para que no se abran "uno frente a otro" o "cerca de colegios", también pide que el Estado regule su publicidad y que las instituciones aúnen fuerzas para que las apuestas no logren el mismo efecto que las drogas provocaron en Madrid en la década de los ochenta: "Es como la heroína: una generación perdida que llegaba a robar a sus familiares para conseguir dinero".