Fundida en bronce, como las anteriores, pero esta vez el grado de complejidad ha sido mayor. Una fundición complicada, pero no imposible, como se puede apreciar en la obra de José Miguel Utande: "Es una escultura sin impurezas en el mineral que ha tenido que afrontar una técnica de fundición exquisita y resistente". Una creación pura que, como cada año, sorprenderá a los galardonados con los Premios Madrid el próximo lunes 28 de mayo.
El escultor, nacido en San Sebastián de los Reyes en 1951, reconoce que esta obra se sale de la línea de inspiración los últimos años: "Cierra un ciclo. Forma parte de mi colección privada, se había quedado a medias y esta obra completa la etapa que comenzó en los 80". Una colección, confirma, muy exitosa entre críticos y coleccionistas.
Una pasión por la escultura que plasma en cada una de sus obras de arte y que marida con su otra devoción: la poesía. “En la escultura me encuentro conmigo mismo. Es un acto de mucha reflexión con ideas creadas por uno mismo”. Así de claro lo tiene el artista cada vez que se enfrenta a una de sus nuevas creaciones, a las que siempre dota de múltiples lenguajes.
Y en su recorrido por el arte escultórico camina sin importarle la opinión de los demás sobre sus creaciones: “El arte no se entiende, te gusta o no”. Así de rotundo se muestra cuando explica como sus esculturas pueden o no convencer al público: " Te emocionas o te destrozas” cuando la mirada choca con la creación escultórica. Emociones y sentimientos que buscan al ser humano con sus contrariedades y bondades. Y casi todo lo que crea Utande lo hace en bronce, un material que consigue dimensiones armónicas, como la que este año ha creado para los premiados.
Otras obras magistrales
La pieza conmemora el vigésimo quinto aniversario de este centro educativo público: "Mi madre fue maestra en el pueblo así que también es un homenaje a ella". Con el recuerdo de su madre, el artista creó una escultura en bronce al inicio de su trayectoria artística que transmite la idea de libertad en un espacio que honra a los profesores.
Cuando le propusieron realizar una escultura específica en recuerdo de los masones, ni se lo pensó. Puso toda su sabiduría en esta obra que, de manera simbólica, recrea el triándulo equilátero sobre los que reflexiona sobre los postulados de la masonería libera: libertad, igualdad y fraternidad.