Todos los días coge un autobús diferente. Aunque el conductor siempre realiza el mismo trayecto, los pasajeros cambian.
Le veo entrar con la alegría y simpatía que le caracteriza.
Continúa avanzando por todos los asientos del autobús y pienso que hoy al estar sentada en la última fila, no me va a saludar… Pero no se olvida de nadie.
Esta gente, deberían de ir siempre acompañados de alguien –me dice la señora que va sentada a mi derecha-. Y no puedo evitar contestarla que estoy muy de acuerdo, que ojalá fuéramos siempre acompañados de ellos.
Ayer, me acordé de ti mientras que veía en el cine a tus compañeros, unos poquitos de todos los ‘’CAMPEONES’’. Y pensé que a ver si nos vemos pronto, que la transparencia, simpatía y humanidad que tenéis en el par 21, nos hace mucha falta.