Durante el año 2017 se activó el protocolo anticontaminación en seis ocasiones. De estas, cinco tuvieron lugar en los últimos cuatro meses.
Por Joan Llop
La contaminación del aire sigue siendo una realidad a la que cada vez están más acostumbrados los madrileños y madrileñas. Durante el año 2017, el Ayuntamiento de Madrid activó en seis ocasiones el escenario 1 del protocolo anticontaminación, mientras que el escenario 2 se activó en cinco ocasiones, configurando un total de seis episodios extremos de contaminación en los que fue necesario activar uno o dos escenarios del protocolo. De estos seis episodios, cinco se produjeron entre los meses de septiembre y diciembre. ¿Cómo logra la ciudad de Madrid superar estos episodios extremos de contaminación?
En primer lugar, hay que señalar que cuando hablamos de contaminación nos referimos a la concentración de dióxido de nitrógeno en el aire, puesto que se trata del contaminante más presente en la ciudad y que supera en muchas ocasiones los límites de salud establecidos.
Dos factores resultan esenciales para superar estos episodios de contaminación por dióxido de nitrógeno: la meteorología, por una parte, y las medidas que contempla el protocolo anticontaminación, por otra. De éstos, el factor más eficaz es la meteorología, concretamente la lluvia y el viento. “El viento barre los contaminantes hacia otras áreas y los disipa, y la lluvia hace que éstos sean disueltos, arrastrados al suelo y posteriormente a la escorrentía”, comenta Cayetano Torres, delegado territorial de AEMET en Madrid. “Estos factores son más eficaces que las medidas del protocolo porque aunque éstas hacen que se vierta menos contaminación, se producen durante episodios de poco o ningún movimiento atmosférico”. De hecho, “cuando la meteorología es favorable para la limpieza atmosférica, el aire presenta altos índices de calidad, incluso en zonas en las que se están vertiendo gran cantidad de contaminantes”.
Sin embargo, aunque con una eficacia mucho más limitada, las medidas del protocolo parecen necesarias en situaciones de alta contaminación y estabilidad meteorológica. Para Ramón Linaza, asesor del Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, “la reducción del límite de velocidad a 70 km/h en la M-30 y accesos permite que el tráfico sea más fluido y que los vehículos circulen de forma más homogénea, evitándose cambios de velocidad con aceleraciones y frenadas bruscas”. Por otro lado, “la prohibición de aparcar en la zona SER tiene un efecto disuasorio limitado, puesto que sólo afecta al interior de la M-30 y no limita el estacionamiento en aparcamientos subterráneos, pero contribuye a concienciar sobre el grave problema de salud que tiene la ciudad y las consecuencias de incumplir la legislación”.
Al relacionar los datos diarios de contaminación por dióxido de nitrógeno con los días de lluvia y viento, vemos cómo, efectivamente, el factor meteorológico es determinante en la disminución de los niveles de contaminación. Veamos un ejemplo: los días 24 y 25 de enero de 2017 se alcanzaron niveles extremos de concentración de dióxido de nitrógeno en el aire. En concreto, 104 microgramos por metro cúbico de media el día 24 y 101 mcg/m3 de media el día 25 en la estación donde se alcanzó el valor máximo. Esos días no llovió y la intensidad del viento fue muy débil, con velocidades máximas de 14 km/h. Sin embargo, en los siguientes días la situación meteorológica cambió, con lluvias intensas de hasta 19,4 mm/m3 el día 27. Como consecuencia, la concentración máxima de dióxido de nitrógeno por metro cúbico registrada el día 27 se situó en 67 mcg/m3, lo que implica una disminución del 34% en dos días.