Teresa Cabarrús fallecía en su castillo en Bélgica un 15 de enero de 1835, lejos de su Carabanchel natal, tras una larga vida consagrada al festejo y como personaje de la Revolución Francesa. Bajo el nombre de Juana María Ignacia Teresa Cabarrús y Galabert no es reconocida; sin embargo, sus hazañas sí lo son cuando es nombrada como ‘Nuestra Señora de Termidor’.
De marquesa a presa
Teresa Cabarrús nació el 31 de julio de 1773 en el madrileño barrio de Carabanchel. A los 12, fue enviada a París por su familia, donde contraería matrimonio por conveniencia con el marqués de Fontenay, Jean-Jacques Devin de Fontenay.
Su condición de marquesa le permitió ser anfitriona de numerosas fiestas y veladas, además de agenciarse distintos amantes. A raíz de esto, su divorcio llegó casi a la par que la Revolución Francesa, lo que la llevó a mudarse a Burdeos y alejarse de los tumultos en la capital.
Allí, acabó siendo conocida como Nuestra Señora del Buen Socorro, por su labor al salvar a numerosas personas de la guillotina. Pasó por la cárcel, pero fue rescatada por Jean-Lambert Tallien, miembro del sector más radical denominado ‘Montaña’ (formado por jacobinos y cordeliers). Su amor por Teresa hizo que cambiase su planteamiento político de manera radical y que ambos se ganasen la enemistad de Robespierre.
Nuestra Señora de Termidor
En 1794, Tallien ascendía a Presidente de la Convención y, cuando viajaba a París junto a él, Teresa es llevada a prisión. Allí, envía una carta a Jean-Lambert, instándole a que haga algo para sacarla.
Gracias a esa carta y a lo que desencadenó, Cabarrús fue conocida como Nuestra Señora de Termidor. El 9 de Thermidor del año II del calendario revolucionario –el 27 de julio de 1794–, Tallien denunciaba públicamente a Robespierre ante el Comité de Salud Pública y cerraba con la muerte de este la etapa del terror.
Princesa de Chimay
A raíz de este momento, Teresa Cabarrús dedicó su vida a organizar banquetes y festejos hasta que en 1805 volvió a contraer matrimonio, esta vez con François de Riquet, conde de Caraman y príncipe de Chimay y se retiró de la vida pública de París.
En Bruselas pasó sus últimos años de vida, resguardada en su castillo y lejos de los acontecimientos convulsos que en Francia estaban ocurriendo como el auge y caída del Imperio Napoleónico, la restauración monárquica o la revolución de 1830.