Basta con darse un paseo por el centro para comprobar que en Madrid tenemos un problema con las pintadas. Un problema que sigue y sigue, porque ningún alcalde hasta la fecha le ha prestado atención. No hablamos aquí de murales artísticos o grafitis, que pueden resultar interesantes y atractivos cuando están realizados en lugares adecuados y por manos expertas.
Hablamos del 99 por ciento de las pintadas, que consisten en firmas y garabatos que emborronan fachadas, puertas, mobiliario urbano, vehículos privados y públicos, y cualquier superficie vertical.
Y constatamos que se está conculcando el derecho de los ciudadanos a tener la fachada de su casa o sus propiedades como mejor les parezca.
Además, se está obligando a los madrileños a pagar bastante dinero para mantener limpias sus viviendas.