Lleva años trabajando por Madrid y siempre en la oposición. Inés Sabanés es portavoz de IU en el Ayuntamiento, y el Jurado, formado por periodistas de numerosos medios, ha estimado que es merecedora del Premio Madrid por su trabajo por liderar una oposición responsable. Y eso que en esta entrevista cuenta que ahora, con Gallardón en la Alcaldía, la oposición lo tiene más difícil para hacerse oír porque "él tiene un aparato propagandístico y mediático muy fuerte". Sus diferencias con el regidor son insalvables, pero dice tener en común con él "cierto sentido institucional". Si pudiera ser alcaldesa tan sólo durante 24 horas, Sabanés montaría un referéndum en Madrid para cambiar el signo de las inversiones en la ciudad. Confiesa que ha aprendido a perder, pero que lo que hace falta es aprender a ganar, y concluye, convencida, que a pesar de todo "estoy donde quiero estar".
¿Por qué cree que el Jurado de los Premios Madrid le ha otorgado un Premio a la Oposición Responsable?
La oposición siempre tiene que ser responsable, pero también tiene que ser oposición, y espero que se tengan en cuenta los dos criterios. Supongo que me dan el premio por el conocimiento y el trabajo. Y porque tratamos de equilibrar los elementos fuertes de diferenciación y de controversia con el Gobierno, con los esfuerzos por producir discursos rebajando niveles de crispación que hoy tanto se dan en el conjunto de la política. Una oposición fuerte e importante nunca tiene que estar reñida con traducir la política al conjunto de la ciudadanía desde la razón y no desde las vísceras.
Tras estar en la oposición con José María Álvarez del Manzano, ¿cómo se hace ahora oposición con Gallardón?
Gallardón nos hace la oposición todavía más trabajosa con los grandes cambios legales y formales del nuevo Reglamento municipal. No es que antes no lo fuera, sino que el aparato mediático y propagandístico de Gallardón es muy fuerte, y por tanto presentar alternativas requiere un esfuerzo muy grande. Que nuestra voz se escuche tiene hoy más dificultades porque la voz de Gallardón se amplifica, no porque él haga más.
¿Por qué?
Gallardón tiene un aparato mediático muy importante, y los elementos críticos se notan menos, no porque no existan, sino porque a veces están superados por quien transmite las ideas de forma sistemática. El alcalde tiene una verdadera afición y determinación por marcar un equipo de Gobierno con un modelo ministerial muy fuerte, pero nosotros no somos un Parlamento. Las normas y la forma de aplicarlas han permitido avanzar muchísimo en la presencia fuerte del Gobierno, y no se ha avanzado de la misma forma en posibilidades de oposición, no porque no se haga, que se hace.
¿Qué le diferencia del otro grupo de oposición en el Ayuntamiento, y concretamente de su portavoz, Trinidad Jiménez?
Somos dos grupos independientes y autónomos que en algunos casos expresamos diferentes valoraciones de la política. Lo más sustancial es que un grupo minoritario siempre tiene una expresión un poco diferente de la política. Los grupos mayoritarios tienen un concepto muy en blanco y negro de la política, pero los minoritarios introducimos muchos más matices. Y eso no es que se sea más responsable, sino que introducimos debates.
¿Cuál es su punto fuerte y su punto débil como portavoz de la oposición?
Mi punto fuerte es la dedicación y el conocimiento acumulado en años y con muchas ayudas de mi propia organización, los distritos y la gente. Mi punto débil es que en muchas ocasiones la obsesión por el día a día me impide ver mucho más a largo plazo. Concentro mis energías, trabajos, nervios, en una respuesta concreta en un momento concreto, y tendría que equilibrar más.
Imagine que le dieran la oportunidad de ser alcaldesa de Madrid pero sólo durante 24 horas. ¿Qué haría como cosa más inmediata?
Cambiaría el signo de la inversión en esta ciudad, y le aseguro que en 24 horas se puede. Montaría un gran referéndum para ver si la gente prefiere que nos gastemos 5.000 millones de euros en una sola infraestructura o reequilibrar la ciudad y buscar otras alternativas. Montaría un referéndum, pero no por mi obsesión por la M-30, sino por mi obsesión porque hay necesidades que no se están cubriendo, para explicar que gobernar una ciudad no es sólo que te ampare un programa electoral, sino que hay que preguntar y buscar alternativas.