Alfredo tiene 58 años y lleva toda su vida trabajando como maquetista en Madrid. Tras pasar por varias empresas, se asentó hace años en Nivel Más Maquetas, una empresa ubicada en el barrio de Embajadores que en sus inicios contaba con catorce trabajadores y en la actualidad son tres. Sobreviven a duras penas luchando contra los estragos de una crisis que está haciendo desaparecer la profesión de una manera agónica y desesperada. "El mercado se ha ido abajo y estamos en crisis al menos desde 1998", asegura.
La función de un maquetista no ha cambiado mucho en los últimos años aunque sí se ha visto modificada por los adelantos tecnológicos. "Antes era más artesanal, más manual", recuerda, "pero seguimos siendo una herramienta de venta". Su misión es construir modelos o maquetas que sirven a los diseñadores para hacerse una idea más concreta del resultado que tendrá su diseño y cómo quedará.
El maquetista trabaja basándose en dibujos de diseño, planos, fotografías y gráficos realizados por ordenador. "Se trabaja con pantógrafos. Diseñamos las piezas, rebajas, cortas y luego viene la fase de montaje, de repasado y pintura", detalla Alfredo. En su empresa, como en las pocas que sobreviven en la Comunidad de Madrid, "no llegará ni a cuatro o cinco", calcula, se utilizan varios materiales como madera, plástico, metal, yeso, papel o cartón. Con herramientas manuales y algunas máquinas se le va dando forma hasta llegar al paso final en la que se pintan a mano o con spray.
Las maquetas de el obelisco de Plaza Castilla, los túneles de la M-30, el hospital Rey Juan Carlos y el de Villalba, las nuevas pistas y terminales de Barajas y el Palacio de Deportes de Madrid son algunas de las maquetas que han pasado por la manos de Alfredo y sus compañeros. También han realizado trabajos que han traspasado nuestras fronteras como el proyecto urbanístico de Tianjin (China) y el anillo olímpico en Irak. "Fueron buenos tiempos", recuerda el maquetista. Ahora les toca enfrentarse a un panorama muy diferente que a veces resulta desolador para ellos. ¿Cómo sobrevivir en los tiempos actuales? Alfredo lo tiene claro: reinventándose con objetos institucionales y protitipos y mantenerse con pocas ganancias, "lo justo para ir viviendo mes a mes sin grandes lujos".
Es difícil adivinar el futuro más cercano del oficio, pero teniendo en cuenta su evolución, los maquetistas no lo tienen fácil. "Terminará desapareciendo", augura Alfredo. En esta profesión siempre han trabajado aprendices para conocer los entresijos del oficio pero ahora los jóvenes "no muestran mucho interés" por especializarse en esta labor. Ya no existe el relevo generacional. "Antes los hijos de maquetistas se dedicaban a ello, ahora no", añade.