Opinión

El puente de la recuperación

Ángel del Río | Lunes 05 de mayo de 2014

Al margen del análisis que hagan los políticos sobre la recuperación económica; al margen del diagnóstico de los economistas sobre el estado real de esa recuperación, el barómetro de la calle es la prueba del algodón: no engaña, y lo que llamamos "la calle" demuestra que la pesadumbre, la desazón y la melancolía se baten en retirada, porque de otra manera no se entiende que estando tan cercana la Semana Santa y la gran escapada nacional que ésta produjo, se haya repetido el mismo efecto de evasión en el puente del 1 de mayo, donde incluso se han batido las cifras de automóviles en las carreteras, de huéspedes en los hoteles, de buscasoles en las playas y de viajeros por todos los confines de nuestra geografía.

Se puede argumentar que era primero de mes y la paga estaba por estrenar; que muchos desplazados iban a sus pueblos, o a sus segundas viviendas, pero aún en estos casos, para desplazarse hay que gastar dinero, ya sea en gasolina, en tren, autobús o avión, y además, cuando uno se traslada de un lugar a otro, generalmente se toma una cervecita en el camino.

Estando tan reciente la Semana Santa, nadie podía esperar que unos días después, la carretera volviera a convertirse en protagonista de una gran evasión, que en algunas salidas de Madrid hubiera caravanas de 40 kilómetros y que se tardara cuatro horas en hacer recorridos de poco más de 100 kilómetros. Esto da idea del frenesí por la salida, por escaparse, por aprovechar el puente.

Y a todo esto, y a pesar de ello, ciudades como Madrid, no se quedaron vacías, o por lo menos los que no salieron fuera, sí lo hicieron dentro. El Parque de Atracciones, a tope, con largas colas de espera para acceder a las atracciones; en el Parque de la Waner, aparcamientos saturados de vehículos, como en los de muchos grandes centros comerciales; aglomeraciones en restaurantes, bares, cafeterías, comercios y salas de espectáculos. Todo esto no es casual. Todo esto responde a un estado de ánimo, que desde luego empieza en el bolsillo.

No sé si hay más gente que tiene trabajo, si hay menos miedo a perderlo, si hay presupuesto para gastar en ocio, o se emplea antes en ocio que en pagar deudas, si hay menos temor a gastar, pero los datos están ahí y la realidad evidencia que hay algo más que brotes verdes. Ojala no sea el sueñoo de un puente de primavera.

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