Cuando se produce un incendio, la Guardia Civil envía un equipo de respuesta rápida al lugar del fuego. "Es muy importante hablar cuanto antes con los testigos para empezar a trazar las causas personales que han provocado el incendio. Esas declaraciones se ponen en común con la investigación de indicios materiales", explica José Luis Duarte, investigador del Seprona. Su trabajo empieza cuando se extingue el fuego. Mientras se habla con los testigos, la Guardia Civil se hace con datos meteorológicos como la dirección y velocidad del viento, la humedad relativa del aire y del elemento vegetal combustible, o la temperatura. Si la situación lo requiere, también se piden imágenes aéreas de la evolución del incendio. A su vez, se va acotando el núcleo del que procede la combustión. La naturaleza es el mejor aliado del agente, ya que el fuego deja huellas. Los árboles, las piedras, las gramíneas, los animales y otras señales facilitan la inspección ocular. "En pleno campo es más sencillo, pero en cuanto hay actividad humana, todo se complica", añade Duarte.
Una vez delimitada la zona de inicio del incendio, el agente señala con banderolas rojas la dirección del viento y con banderolas blancas los elementos extraños, principalmente acelerantes del fuego (combustibles, mechas, etcétera). Se recogen pruebas que se analizan en el laboratorio. Con todo ello, trata de llegarse a conclusiones. La investigación se dificulta cuando hay varios focos, indicio inequívoco de acción humana en el fuego. En estos casos se crea una zona de indecisión que complica la tarea de conocer el origen del fuego.
Según datos de la Guardia Civil, en la temporada estival de 2013 se han producido 87 conatos y 45 incendios en la región. El resultado ha sido de 1.3005,3 hectáreas quemadas y de 12 detenidos o imputados por causas relacionadas con el fuego. Estos datos contrastan con los de 2012, en los que hubo 38 conatos (apenas un tercio) y 29 incendios, que arrasaron 752,85 hectáreas. 11 personas fueron detenidas. Alrededor del 70 por ciento de los casos, las llamas se producen por imprudencias, como quemas incontroladas (como los fuegos de la Cañada Real Galiana, provocados para extraer metal), trabajos sin seguridad (por ejemplo, la chispa de una radial en el incendio de Valdemorillo) o barbacoas ilegales (afortunadamente, prácticamente extintas en la Comunidad de Madrid). En los últimos años, se han reducido los incendios accidentales que provocaban tiempo atrás las redes eléctricas y los trenes gracias a las políticas de seguridad de las empresas. Los pirómanos y los que incendian por motivos económicos (por uso de suelo o venta de madera) son una minoría. Sin embargo, la Guardia Civil insiste en la necesidad de educar a los ciudadanos en la lucha contra el fuego para prevenir peligros sobre las personas, las propiedades y el medio ambiente.
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