Social

Luces y sombras de la lucha por la igualdad

Enrique Villalba | Martes 08 de marzo de 2011
La lucha por la igualdad real entre hombres y mujeres tiene todavía muchos frentes abiertos. El empleo, el hogar, la familia, el maltrato y la educación configuran un panorama con más sombras que luces en el camino hacia la equiparación de sexos.

Tal y como han revelado los sindicatos en sendos informes sobre la situación de las féminas en el mercado laboral, los desequilibrios son muy notables, aunque empiezan a darse similitudes. Las más evidentes, provocadas por la crisis económica, están haciendo converger las circunstancias de ambos géneros, igualándolos en lo peor.

De los 2,74 millones de madrileñas, 1,62 millones son activas. Es decir, tienen o buscan empleo. Sólo 1,36 millones lo poseen. Según los datos de paro del último trimestre de 2010 ofrecidos por el INE hay 262.500 mujeres desempleadas. Los hombres han sufrido en primer lugar el colapso económico al resultar afectados en primer lugar los sectores de la construcción y, por extensión, el de la industria. Ahora el monstruo de la crisis comienza a atacar al sector servicios, feudo de las mujeres. No obstante, representan el 52,4 por ciento del total (1,26 millones de trabajadoras).

El informe de CCOO revela que gran parte de las diferencias se dan a partir de los mayores de 30 años. Antes de esas edades se observa una homogeneización de las circunstancias de desempleo, con niveles más o menos similares. Mientras, las mayores de 55 años trabajan un 22 por ciento menos que los hombres (sólo un 42,56 por ciento). A pesar de que la crisis empieza a afectarlas ahora, ellas representan el 49,6 por ciento de los que llevan 1 año desempleados y el 65 por ciento de los que llevan entre 2 y 4. Eso sí, al entrar la crisis en los hogares (varios o todos los miembros de una familia están en el paro), las mujeres han tomado el toro por los cuernos. Son dos de cada tres de las personas que buscan un empleo por primera vez, aunque buscan principalmente empleo como asalariadas. Sólo son un 32 por ciento de los autónomos.

Víctimas del 'decretazo'
Las mujeres obtienen menos trabajos a tiempo completo (43 por ciento) y son las reinas de la jornada parcial (75 por ciento), circunstancia derivada tanto de una mayor precariedad en el empleo como por la opción de reducción de jornada. Hay efectos colaterales como una mayor implicación en las tareas del hogar y en el cuidado de hijos y dependientes. Algunas organizaciones como la Comisión Española para la Racionalización de Horarios están promoviendo una reestructuración de las jornadas para facilitar una mejor conciliación laboral y familiar. La Comunidad destina en esta faceta, así como en la del fomento del liderazgo femenino 16,3 millones. Por otra parte, se están desarrollando fenómenos como el 'mobbing maternal-laboral' que pone a algunas trabajadoras al borde de la exclusión social, tal y como denuncia la Fundación Madrina.

Un 48,6 por ciento obtienen un contrato indefinido. Este dato se reduce al 46 por ciento en la empresa privada. Mientras, en la función pública, al ser mayoría (54 por ciento), han resultado más afectadas por el recorte de ofertas de empleo público y por el recorte salarial impuesto por el Gobierno central a los funcionarios.

Según UGT, el salario medio de un hombre ronda los 28.000 euros por los más de 21.000 de una mujer. CCOO amplía la diferencia, considerando que el salario medio de las últimas se queda en 19.000 euros.

La diferencia salarial, que se está recortando por los peores contratos que les ofrecen a ellos, condiciona numerosos aspectos sociales. Ingresan poco dinero, lo que, unido al mayor sacrificio que realizan para cuidar a familiares dependientes o dedicarse a cuidar de los hijos, aumenta la dependencia económica que muchas mujeres tienen de sus parejas o progenitores. Y eso es a corto plazo. A largo, esas ausencias laborales afectarán a la pensión, reduciéndola. Los sindicatos proponen, en este sentido, contemplar ayudas dentro de los convenios colectivos ante estas circunstancias. En estos momentos, la diferencia es de 617,8 euros mensuales a 1.040. Ellas sólo perciben más ayudas por viudedad (583,1 euros frente a 441,22 de los hombres), gracias a que son mayoritariamente más longevas que los hombres. Estos, reciben menos ayudas porque la cotización de sus difuntas esposas fue menor y, por extensión, generaron menos derechos. Además, solicitan menos estas ayudas porque suelen contar con pensiones de cotización.

Puntos negros
Las mujeres extranjeras aguantan mejor el tipo que las nacionales porque, además de haberse frenado el flujo migratorio por la crisis, todavía ocupan mayoritariamente trabajos que no quieren hacer las españolas. Son los relacionados con las tareas domésticas y el cuidado de dependientes. Por su lado, las discapacitadas siguen siendo uno de los puntos negros del esfuerzo por la igualdad. Sólo un 34 por ciento trabaja y un 30 por ciento recibe pensiones, contributivas o no.

Fuentes de la Consejería de Empleo y Mujer indicaron a Madridiario que la región cuenta con el mercado laboral más paritario de España. La tasa de paro en Madrid está 4,5 puntos por debajo de la media nacional.

En el ámbito social, la gran lacra que sufren las mujeres es la violencia de género. En 2010 se produjeron en España 63 víctimas mortales de las que 5 fallecieron en Madrid, un 7 por ciento del total, según fuentes del Consejo General del Poder Judicial. En lo que va de 2011, han muerto dos mujeres a manos de sus parejas. El uso de los dispositivos legales para prevenirlo se ha reflejado, según la Delegación del Gobierno en Madrid, en 1.522 denuncias y la concesión de 537 órdenes de protección. Además, se han impuesto 265 brazaletes antimaltrato.

Por su parte, el Gobierno regional ha destinado este 2011 13,7 millones a la lucha contra este tipo de violencia a través de programas de prevención y sensibilización con campañas educativas e informativas. También están realizando atención a víctimas en centros residenciales y no residenciales regionales y municipales integrados en la red de la Comunidad.