En 1851, la iglesia sufrió graves daños por un incendio en un almacén de maderas y, aunque fue restaurada poco a poco, fue pasto de las llamas en 1936 cuando volvió a ser incendiada. Desaparecieron archivos parroquiales de gran importancia, así como muchos objetos artísticos. Fue desescombrada y reconstruida a partir de 1942, aunque la nueva parroquia no tuvo que ver con la antigua más que en el nombre. Se perdió, incluso, la tradición de sacar la torre de procesión.
Los manolos proceden del nombre de
Manuel que poseían muchos habitantes del barrio. Era muy común porque los judíos de la zona, ante la expulsión de su comunidad, prefirieron convertirse al cristianismo y bautizar a sus hijos con el nombre de
Emanuel (nombre profético de Jesús en el Antiguo Testamento, 'El Dios que está con nosotros'), de donde derivó el nombre.
Peleas a vara y navaja
Su atuendo pasó de la coleta, la redecilla, el calzón, el chupetín, el capote de mangas y el sombrero apuntado, al chaleco abierto, la chaqueta estrecha y corta, la camisa bordada, el pañuelo cogido con sortija al pecho, la faja encarnada o amarilla, el pantalón ancho, las medias blancas, los zapatos cortos y el sombrero calañés. Eso sí, todos seguían llevando, cuenta Mesonero Romanos, una vara en la mano y una navaja al cinto, con las que no dudaban en pelearse durante las verbenas.
Eran taberneros, caleseros, herreros, traperos, papeleros, curtidores, aguadores y soguillas. Eran chulos, exagerados, anticlericales (de puertas para afuera) y orgullosos. Las manolas vestían guardapiés, medias nacaradas, breves zapatos, mantillas de tira, pañuelo de crespón atado por las puntas a la cintura, peinetas de teja, pendientes de coral, gargantillas con cruz de oro y trenza. Eran desgarradas, de palabra libre, chispeantes, graciosas, incisivas, burlonas, provocadoras y desvergonzadas, narraba Fernández de los Ríos.
Majos y chisperos
Los majos eran artesanos y vivían principalmente en el barrio de Maravillas. Acudían engalanados a las fiestas con chaqueta, chaleco, camisa blanca, pantalones hasta media rodilla, medias blancas, zapato bajo con hebillas y redecillas en el pelo. La maja llevaba chapín de seda puntiagudo con tacón, basquiña de punto colorada, corpiño, mantilla de blonda, cinta al cuello con medallas y abanico. Los chisperos vivían en la zona de Barquillo. Trabajaban en las herrerías de esta calle en los siglos XVII y XVIII. Vestían chupa y redecilla. Eran vividores, guapos y valientes.
En los festejos civiles se mantiene la tradición de elegir a la Maja de Lavapiés, la Casta, la Susana y Don Hilarión. Los vecinos de Cascorro y las Vistillas se unen a la fiesta, dando continuidad a las celebraciones que jalonan el distrito.