No se encargan, como explica Fernando, ni de los trenes ni de las estaciones, pero sin su soporte sería imposible que Metro pudiera funcionar. Como explica muy gráficamente Fernando Casado, "sin este centro los responsables de Metro estarían ciegos para la toma de decisiones de cierta inmediatez". Desde aquí se administran y gestionan de forma remota todos los servidores y equipos que constituyen la plataforma ofimática y de gestión corporativa de la empresa. Explotan el sistema informático, se encargan del desarrollo y el manteniemiento de nuevas aplicaciones, y controlan, gestionan y administran las medidas de seguridad del sistema informático. Desde él se controlan todos los sistemas informáticos de Metro, distribuidos geográficamente en diversos puntos de Madrid, garantizando la operatividad de todos y cada uno de los elementos de la red.
Dan soporte, además, a los más de 1.700 usuarios informatizados que trabajan para Metro de Madrid y atienden todas las incidencias informáticas. "Tenemos monitorizada toda la red para ver las alarmas que aparecen. Desde aquí se pueden resolver prácticamente todos los problemas, y como último recurso tendría que personarse un técnico". Como resumen, Fernando explica que "nosotros llevamos toda la informática de gestión, no de explotación" de Metro. Dadas sus funciones no es casualidad, por tanto, que esta visita de la Semana de la Ciencia congregue a informáticos y a un grupo de estudiantes de segundo curso de FP de Desarrollo y Aplicaciones Informáticas. En la visita es posible adentrarse en el "santa santorum" del CTI: su gran sala de máquinas en la que "ya no caben más equipos", una sala abarrotada de "armarios" informáticos que dan soporte a toda la compañía. Las medidas de seguridad para acceder a esta sala son extremas, y se cuida a esos ordenadores sofisticadísimos y carísimos casi como si se tratara de una persona.
No duerme de noche ni descansa de día: el CTI está abierto las 24 horas al día los 365 días del año. El centro está dotado de las más modernas tecnologías y sistemas de seguridad, que garantizan la integridad de los datos y el funcionamiento continuado de los sistemas informáticos. Y es que el CTI es un auténtico búnker. Todo el centro se encuentra protegido por medio de un revestimento de chapa especial para protección de las corrientes electromagnéticas inducidas, dada su proximidad a la línea 8 de Metro. Adicionalmente a esta protección se ha reforzado la sala de servidores con una capa de pintura electrostática que la aislan de las sobretensiones. Cuenta con una doble acometida eléctrica de seguridad de distintas compañías suministradoras, y en caso de fallo de ambas redes, aún cuentan con un sistema de luz que permite tener una autonomía de cinco horas.
Se le ha dotado además de un avanzadísimo sistema de extinción de incendios y de detección precoz de humo, así como de detección de humedad en toda la superficie del centro. Además, el recinto cuenta con una cámara de televisión a cada paso que 'vigila' a los trabajadores, los cuales han de permanecer en el centro perfectamente identificados mediante una tarjeta que han de pasar por un lector cada vez que abren una puerta o acceden a una nueva sala. "El CTI era único cuando nació", pero hace dos años se creó un "centro de apoyo de backup, una especie de centro de desastres gemelo a éste, que está funcionando a la vez y que se podría usar en caso de que el CTI de Campo de las Naciones fallara". "De momento no ha sido preciso recurrir a él", recalca Fernando cruzando los dedos.