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Estoy de bajón

martes 21 de abril de 2020, 08:58h

Vamos a por otro día!

Y ¡Qué difícil se hace llevar alguno de estos días! Por muchas ganas que le pongas. Por muchos motivos que busques. Por mucho que sueñes. Por mucho que pienses que ya queda menos. Por mucho que te intentes convencer. Por muy positivo que seas. Por mucho que mires a los tuyos y veas que están bien. Por mucho que te vistas de colores... ¡Por mucho que quieras!

Ya sumamos muchos días, no sé si demasiados y mejor no pensarlo, porque no tenemos ni idea de los que nos quedan. No sabemos los planes que el COVID 19 nos tiene reservados. Y como además le gusta el factor sorpresa, me temo que no los vamos a saber con anticipación, que es lo que a nosotros nos gustaría y a lo que estábamos acostumbrados... Que una sorpresa de vez en cuando está bien, pero una tras otra ya no nos gusta tanto, la verdad.

Así que no pasa nada, es mejor reconocerlo ¡Estoy de bajón! Y creo que no hay frase más descriptiva que esta. Una frase que todo el mundo entiende y que todos hemos dicho alguna vez. Y que en sólo tres palabras, es capaz de decir tanto. Ese momento en el que crees que ya no puedes más, que te faltan las fuerzas, que no encuentras los motivos, que las ilusiones se apagan. Que te invade la pereza, la desgana. Que sientes perder el rumbo y tampoco te ves con muchas ganas de encontrarlo. Que te invade un manto de soledad del que no sabes o no quieres salir. Que no te viene ni un pensamiento bueno a la cabeza. Que cuando menos te das cuenta, notas una lágrima cayendo por tu mejilla. Que sólo quieres cerrar los ojos y que pase el día...

Y me he dado cuenta que en nuestra vida, en esa que teníamos antes del coronavirus y en la que teníamos que hacer que todo era estupendo para mostrar al mundo el líder que llevamos dentro, cometíamos el mayor error: Luchar contra ese bajón, negarlo. Y lo único que conseguíamos era estar aún peor, porque era como si sentirnos así fuera algo malo. Y sentíamos el miedo al rechazo, a mostrar debilidad, a defraudar, a cansar... Porque a la gente no le gustan las penas. Era mejor tratarnos la ansiedad que curar la tristeza.

Por eso ahora, aprovechando esta incertidumbre y que cada día tenemos más motivos, vamos a aceptar nuestro bajón. Porque es tanta la sobrecarga emocional, la saturación de sentimientos, de pensamientos, de información, de sensaciones... que nos podemos permitir estar así. Y sólo parando y gestionando nuestra tristeza y ordenando nuestros pensamientos encontraremos algo de luz. Y tampoco pasa nada por pedir ayuda, por confiar nuestro bajón a quien nos quiere. Por soltar lastre. Porque en el fondo, aunque no sepamos pedirlo, sabemos que lo único que nos puede salvar es el cariño, ese que de verdad nos arropa. La ternura, esa que nace y llega al corazón, que es en ese momento el que necesita ser reconfortado.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que llegó a nuestras vidas sin avisar y que fue como una visita pesada que nunca se iba. Y que cuando creíamos que nos iban a decir una fecha para recuperar nuestras vidas, lo único que hacían era prorrogar el confinamiento, sumando más oscuridad, más días de separación, más ansiedad, más incertidumbre. Y fue en ese momento, cuando aprendimos que nos podíamos permitir Estar de bajón. Y entendimos que eso no nos hacía más débiles ni peores, que no era tan malo. Que eso es lo que nos hacía humanos. Y que un día gris bien gestionado traería muchos buenos y luminosos después. Y por fin, fuimos conscientes de que no se trataba de ser indestructibles, sino simplemente felices.

Esther Ruiz

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