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El gran problema de la movilidad

lunes 16 de septiembre de 2013, 13:08h

Un año más, Madrid, como otras 367 ciudades españolas, va a celebrar la Semana Europea de la Movilidad. Como todos los años, además de una serie de actos y el anuncio de iniciativas, el día 22 se celebrará el Día sin Coches, pero, a diferencia de años anteriores, en esta ocasión va a ser un éxito. Los responsables municipales ya se frotan las manos al pensar en que podrán decir que el tráfico en Madrid ese día habrá bajado en un 50 e incluso en un 60 por ciento, no porque los conductores estén concienciados sino por la sencilla razón de que el evento "La ciudad sin mi coche" se celebrará en domingo

Bromas aparte, es lamentable la poca incidencia que parece tener este problema en la política municipal. Cuando además, para muchos, es EL PROBLEMA más importante de esta ciudad. Su incidencia en el urbanismo y en el medio ambiente es clara. En los años sesenta del pasado siglo, esta ciudad vio como menguaban sus aceras; como se obligaba a los peatones a salvar las calles mediante pasos subterráneos; cómo se horadaban las plazas para construir enormes aparcamientos; cómo eran talados los árboles y desaparecían los bulevares de Velázquez, Menéndez Pelayo, Sagasta o Alberto Aguilera; cómo los principales ejes urbanos como Atocha o Cuatro Caminos quedaban ocultos bajo feos excalestrics. Todo para dar espacio al vehículo, para que el tráfico fuera más fluido. ¿Se consiguió?. En absoluto..

Es cierto que pronto el coche se convirtió en un exponente de estatus económico, lo que unido al desarrollo económico del país y a los deficientes transportes públicos que existían en ese momento, hizo que se multiplicara el parque automovilístico. Pero también ayudaron las enormes facilidades dadas al automovilista. A partir de los ochenta, se intentó variar esta situación. Se desmantelaron varios pasos elevados, se paralizó el programa de aparcamientos públicos, se creó la Operación de Regulación de Aparcamiento (ORA),  comenó el programa de aparcamientos para residentes y se dotó de carriles bus a las principales calles y a la carretera de A Coruña,. Más tarde comenzó tímidamente la ampliación de aceras pero ninguna de estas medidas fue unida a una restricción efectiva del tráfico privado hasta que se decidió convertir algunos barrios como el de las Letras o las Cortes en Áreas de Prioridad Residencial a las que tan sólo pueden entrar los residentes.

En los últimos años, los madrileños, que vemos lo que se ha hecho en otras muchas ciudades españolas y europeas, hemos comenzado, no obstante, a echar en falta medidas más contundentes.  Las peatonalizaciones realizadas no pasan de ser un parcheo, no hay grandes zonas del casco urbano vedadas al automóvil; la ORA, que nació con un efecto disuasorio se ha convertido, y más tras decidir que se puede pagar con el móvil, en un sistema recaudatorio; las fuertes inversiones realizadas en la modernización y ampliación del metro y de las flotas de autobuses no se han visto acompañadas de nuevos carriles bus, ni de más carriles Bus-Vao en las carreteras nacionales; no se han aplicado medidas prohibitivas ni de contención, a base de peajes, como han hecho capitales como Londres. Madrid sigue siendo hoy el paraiso del automóvil. Puedes llegar con él donde quieras y a la hora que quieras. Costará más económicamente pero, salvo que una manifestación o un acontecimiento deportivo lo impida, el automóvil sigue siendo el amo de nuestras calles. No hay más que recordar que la principal obra realizada en los últimos 13 años en Madrid ha sido el soterramiento y la mejora de una carretera, convertida por birlibirloque en la única calle de España en la que es posible ir a 90 kilómetros por hora . 

Hoy, cuando los recortes han ampliado el tiempo de espera en los andenes de metro y en las marquesinas de autobús, cuando se ha incrementado el procentaje de lo que paga el usuario por el abono transporte, cuando se modifican líneas para economizar, habría que aprovechar recordatorios como esta Semana de la Movilidad para plantearse si ha alguien que tenga voluntad de arreglar esta ciudad, si ha llegado la hora de abrir un debate serio sobre este problema. No nos podemos quedar en la celebración de una jornada de puertas abiertas en las cocheras de la EMT o la organización de una fiesta de la moto.

 

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