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Sobre la picota y el doble rasero

viernes 11 de abril de 2014, 13:05h

Las picotas eran columnas de piedra sobre las que exponían a los reos o los cuerpos de los ajusticiados por al autoridad civil delante de la muchedumbre para que les soltaran toda clase de improperios. La pena de exhibición en la picota viene de la época de Alfonso X, quien la consideraba una "pena leve" a los delincuentes para su "deshonra y castigo". En 1813 las liberales Cortes de Cádiz obligaron demolerlas porque decían que "el noble orgullo" de la nación española no podía tener a la vista un "recuerdo continuo de humillación" como ese. Por tanto, las tristemente célebres picotas se destruyeron, pero parece que esa costumbre de exponer a cualquier sospechoso de pequeña duda a los improperios del público ha hecho mella en la forma de actuar de una parte de la sociedad española. Eso y el doble rasero. Proveniente también de esa doble moral o "superioridad moral" de la que hacen gala algunos, y por la que se ajusticia a otros y se les sube a la picota sin el menor remilgo.

Empecemos a poner ejemplos. En el País Vasco tenemos al líder de los socialistas de la región, Jesús Eguiguren. El mismo que se ha atrevido a decir que en Madrid, con ETA, y con los 123 muertos que han dejado los etarras en nuestras calles "vivíamos mejor". Pero aún así, sus palabras se deslizaron durante un día por la páginas interiores de algunos medios sin mucha repercusión. En cambio estoy segura que, a los madrileños, pero sobre todo a las familias de esos 123 asesinados, su indecencia se les ha quedado grabada para siempre en el corazón.

El socialista Eguiguren y sus inaceptables e inexcusables declaraciones no han pasado ni pasaran por "la picota". La doble moral, y el doble rasero de la que hacen gala los partidos políticos de la izquierda y sus medios afines así lo permiten. En cambio no pasa lo mismo cuando el "ajusticiado" no pertenece a la izquierda, por pequeña que sea su falta. Para ellos, entonces, el procedimiento cambia y es totalmente culpable incluso aunque se demuestre lo contrario. Se le sube a la picota, se le exhibe sin remilgos por doquier para su escarnio público, y se le exige una y mil veces que dé explicaciones por pueril que haya sido su comportamiento. En cambio, no pasa lo mismo ni con el señor Eguiguren ni con aquellos sindicatos y partidos políticos que se embolsaron millones y millones de euros a base de quitárselos a los desempleados. Parece que no eran una gran noticia.

Ojalá que un día las corrientes de opinión de nuestra sociedad dejen ya a a un lado las picotas y los dobles raseros. La sociedad, demócrata, tiene derecho a saber la verdad. Una verdad objetiva y clara, venga de donde venga. Para ello están los medios de comunicación, garantes de la libertad y del derecho de la información, razón fundamental por la que el deber y el objeto de su profesión está protegido en la Constitución como un derecho fundamental.

Políticos y periodistas tenemos que ser sumamente diligentes en nuestra actividad profesional. Es nuestro deber con la democracia.

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