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Senado (Foto: Juan Luis Jaén)

El Senado: dos siglos de arte e historia parlamentaria

martes 22 de octubre de 2013, 13:24h

El Senado no tiene su sede en un edificio, sino en dos, uno del siglo XVI y otro del XX. Dos inmuebles que dan a calles diferentes ?plaza de la Marina Española y Bailén?, que cuentan con su correspondiente salón de sesiones y que, a su importancia como escenario histórico del parlamentarismo español, suman un valor artístico que, de hecho, convierten ambos edificios en un museo del arte español de los siglos XIX y XX, visitado por 25.000 personas cada año.

  • SENADO salon de Plenos moderno

    SENADO salon de Plenos moderno
    Juan Luis Jaén

  • SENADO salon de Plenos antiguo

    SENADO salon de Plenos antiguo
    Juan Luis Jaén

  • SENADO fachada principal del antiguo edificio en Marina Española con la puerta del Rey y la estatua a Cánovas del Castillo

    SENADO fachada principal del antiguo edificio en Marina Española con la puerta del Rey y la estatua a Cánovas del Castillo
    Juan Luis Jaén

Tanto el Senado como el Congreso de Diputados utilizaron en su creación edificios religiosos. El Estamento de Procuradores, antecedente del actual Congreso, ocupó en el siglo XIX el convento del Espíritu Santo, en la carrera de San Jerónimo, que había dejado de utilizarse a raíz de un incendio y que fue derribado para levantar el actual Congreso. Más suerte tuvieron las Cortes de Cádiz que ocuparon en 1814 el colegio y convento de los padres agustinos calzados, fundado en el siglo XVI por doña María de Córdoba y Aragón, dama de la reina Ana e hija de Álvaro de Córdoba, que era caballerizo mayor de Felipe II. El colegio se completó en 1599 con una iglesia para la que se encargó a El Greco un retablo sobre la Anunciación.

La dedicación de la iglesia a salón de sesiones de las Cortes Generales no fue, sin embargo, continua, pues Fernando VII devolvió al conjunto su carácter religioso; volvió a ser sede parlamentaria entre 1820 y 1823 tras ser reformada oir Isidro González Velázquez, y, de nuevo, fue iglesia y convento hasta 1835, en que desaparecieron las órdenes regulares. Un año antes, bajo la regencia de María Cristina, se había aprobado el Estatuto Real que supuso la creación de los Estamentos de Próceres y de Procuradores, antecedentes de los senadores y diputados. El Estamento de Próceres se constituyó a semejanza de la Cámara de los Lores inglesa y, al igual que estos, se formó con miembros de la nobleza, la aristocracia, el ejército y la burguesía financiera que ocupaban sus puestos de forma vitalicia.

La adaptación de la iglesia a Salón de Sesiones se vio supeditada por sus dimensiones. Debido a la forma de la iglesia, los bancos de los próceres se tuvieron que enfrentar. La reforma de González Velázquez dejó un salón neoclásico, de forma oval, con un techo más bajo que el de la iglesia gracias a una cubierta pintada al trampantojo, que fue decorada con motivos arquitectónicos y no con motivos mitológicos, como era habitual en otros palacetes de Madrid. No se pudo recuperar, sin embargo, el retablo de El Greco, pues fue dividido y repartido por toda España. En la actualidad, el Museo del Prado guarda buena parte de las tablas, aunque existe una en Rumanía y otra en un museo de la localidad barcelonesa de Vilanova i la Geltrú. Al arquitecto Aníbal Álvarez se le atribuye la modificación de la fachada y la entrada al Salón de Sesiones. posteriormente, Jerónimo de la Gándara, cambiaría la fachada que da a la Marina Española, si bien esta volvió a ser modificada en 1950, año en el que se amplió el edificio en una altura.

Medio siglo sin Senado

El salón de sesiones es, sin duda, una de las joyas del edificio. En tiempos de Alfonso XII y Alfonso XIII, la solemne apertura de las Cortes no se hacía en el Congreso, como ocurre hoy, sino en este salón, para lo cual se abría la llamada puerta del Rey, que da a la plaza de la Marina Española. En 1923, con la dictadura de Primo de Rivera, el Senado dejó de existir como institución y así se mantuvo hasta 1977. Eso no significó que el edificio permaneciera sin uso. Julián Besteiro, presidente de las Cortes Constituyentes en 1931, intento dedicar este edificio a cámara de reforma educativa, y Franco, tras la guerra civil, lo convirtió en la sede del Consejo nacional del Movimiento. Hoy la puerta del Rey tan solo se abre en las jornadas de puertas abiertas que se celebran con motivo de la aprobación de la Constitución Española.

Cuando en 1977 se volvió a instaurar el Senado hubo que restaurar los suelos y el techo del Salón de Sesiones, pintado hacia 1840, y reclamar algunos cuadros que estaban colgados en el Casón del Buen Retiro o en el Congreso. Hubo, sin embargo, algunos problemas para recuperar una de las obras más valiosas del Senado, el titulado Jura de la Constitución por S.M. la Reina Regente Doña Maria Cristina, obra de Francisco Jover y Joaquín Sorolla. Este cuadro, de grandes dimensiones, le había sido encargado a Jover para sustituir La batalla de Lepanto, realizado por Juan Luna y Novicio, que colgaba en el Salón de Pasos Perdidos y que fue retirado a un pasillo.

Como Jover falleció sin haber terminado el cuadro, el Senado le encargó su terminación a Sorolla. En él se representa la sesión del Congreso celebrada en diciembre de 1885, en la que la regente María Cristina de Habsburgo jura la Constitución y su fidelidad al heredero de la Corona, Alfonso XIII. En el cuadro aparecen el entonces presidente del Congreso, Antonio Cánovas del Castillo, al que está dedicado el monumento de la plaza de la Marina Española; las hijas de la reina regente, las infantas Mercedes y María Teresa, y las hermanas de Alfonso XII, Isabel "la chata" y Eulalia, quien, tras tener dos hijos con su marido, Antonio de Orleans y Borbón, fue el primer miembro de la familia real en separarse. También aparecen el general Martínez Campos y el entonces presidente del Gobierno, Práxedes Mateo Sagasta.

Como el cuadro representaba una sesión del Congreso, durante la dictadura franquista, pasó a la carrera de San Jerónimo. Restablecida la democracia, el Senado pidió su devolución, pero la petición fue inicialmente desestimada hasta que el Senado presentó una prueba gráfica de que el cuadro era suyo: mostró otro cuadro de Asterio Mañanós que reproducía el Salón de Pasos Perdidos en el que se veía en un extremo una parte del cuadro de Sorolla. Hoy, ocupa su lugar junto a La rendición de Granada, reproducido en todos sus detalles en la serie televisiva Isabel, obra de Francisco Pradilla; Entrada de Roger de Flor en Constantinopla, de José Moreno Carbonero, y Conversión de Recaredo, obra de Antonio Muñoz Degrain.

El salón, abierto en 1882 con proyecto de Emilio Rodríguez Ayuso y Agustín de Villajos sobre uno de los dos claustros del antiguo convento, ya no se utiliza para debates peripatéticos de los senadores antes de las votaciones, sino para actos protocolarios como la Conferencia de Presidentes Autonómicos, la presentación de libros o la entrega del premio Luis Carandell de periodismo parlamentario.

Una biblioteca neogótica

Junto al Salón de Sesiones, la otra joya del antiguo edificio es la biblioteca construida en 1882, por Emilio Rodríguez Ayuso, en estilo neogótico inglés, sobre el claustro pequeño del convento. El arquitecto se inspiró para proyectarla en la fachada del Parlamento británico. Es, sin duda, una de las bibliotecas más artísticas de España, ya que está realizada en su totalidad en hierro forjado en los talleres de Bernardo Asins, cuya placa en el dintel de la entrada (B. Asins. Chamartín) es la misma que se puede observar en la rejería del Banco de España. La biblioteca, que tiene dos alturas comunicadas en las esquinas con escaleras de caracol que se ocultan a la vista del visitante, ya no tiene entre sus asiduos a los senadores, como antes, sino a investigadores universitarios.

Sus fondos están compuestos por 125.000 volúmenes, obtenidos en el periodo 1834-1923, que son los más importantes, y 187.000, que se incorporaron entre 1977 y 2013. La relación sería inabarcable pero, entre los tesoros de la biblioteca, destacan diez incunables (el más antiguo, la Compendiosa Historia Hispánica de 1470, obra de Rodrigo Sánchez de Arévalo); 385 libros del siglo XVI; 181 obras musicales; 357 manuscritos; 104 mapas; una primera edición de la Enciclopedia francesa de la Ilustración, de Diderot y D'Alembert; una edición del siglo XVI de la Gramática de Antonio de Nebrija; la edición príncipe de la Constitución de Cádiz impresa y una Constitución de 1931 firmada por Alcalá Zamora, Julián Besteiro y Manuel Azaña.

Eso por no hablar de las donaciones que hicieron el duque de Osuna; las que hizo Gómez de Arteche sobre la guerra de la Independencia; la biblioteca que regaló Fernández de los Ríos y la que le fue confiscada al infante Carlos María de Isidro. Entre las publicaciones destacan la Gaceta de Madrid, el Diario de Sesiones de las Cortes de 1810 a 1939 y las colecciones de diarios como El Liberal, El Imparcial, El Sol o El Globo. Afortunadamente, tanto los incunables como una selección de los libros de los siglos XVI y XVII y las obras de la guerra de la Independencia están digitalizados al igual que los catálogos de libros y publicaciones.

El edificio cuenta además con tres salas de reuniones con nombre propio -las de Manuel Broseta Pont, Jiménez Abad y Enrique Casas, los tres senadores que fueron asesinados por ETA- y en pasillos y despachos se pueden ver muchos de los cuadros que coleccionó el marqués de Leganés y que luego adquirió el marqués de Salamanca. Están aquí porque, cuando José de Salamanca se arruinó, la colección pasó al Estado y muchas de aquellas obras fueron entregadas al Senado.

Un salto en el tiempo

Tras esta inmersión en la historia, sorprende salir, a través de una escalera de mármol, al segundo edificio del Senado, cuya fachada da la calle Bailén y que sirve hoy de imagen de la institución. El salto es impresionante, ya que es como avanzar cien años en pocos metros. Levantado con proyecto de Salvador Gayarre entre 1987 y 1991 (el rey Juan Carlos estuvo tanto en la colocación de la primera piedra como en la inauguración), el edificio es, a diferencia del anterior, muy luminoso. Incluso el patio que separa ambos inmuebles permite ver la cristalera del edificio nuevo, a la que dan los despachos de los senadores y en la que se refleja la fachada trasera del antiguo, con el que comparte el color de los granitos gris y rosa empleados.

Si el edificio antiguo del Senado es una galería de arte en la que se pueden ver obras de los mejores artistas del siglo XIX, en el nuevo se quiso que estuvieran representadas todas las corrientes de vanguardia del siglo XX. Así, entre 1983 y 1993, se adquirieron obras de Juan Gris, Carmen Laffón, José Guerrero, Millares, Benjamín Palencia, Tápies, Broto, Díaz Caneja, Iturrino, Miró, Chillida, Guerrero o Equipo Crónica, que pueden verse en el pasillo-lucernario a través del que se accede al nuevo salón de sesiones.

Construido en semicírculo, de acuerdo con la tradición francesa, el salón de sesiones es más amplio que el del Congreso, lo que permite ampliar su capacidad en caso necesario. De hecho, de los 254 escaños iniciales se ha pasado a 266. Cada senador se sienta siempre en el mismo sillón rojo (los azules son para los ministros) y los grupos políticos lo hacen a derecha o izquierda, en función de su ideología, tomando como referencia la presidencia. También la tribuna del público, en la parte superior, es mucho más amplia que la del salón primitivo, pues tiene 150 asientos, a los que hay que sumar los correspondientes a la tribuna de prensa. Aunque hoy las sesiones se retransmiten por circuito cerrado de televisión, se sigue convocando a los senadores con campanilla tanto al inicio de los plenos como en el momento de las votaciones.

La construcción del nuevo edificio levantó críticas por su contraste con el entorno, en el Madrid de los Austrias, pero hoy esa polémica está olvidada y nadie cuestiona un edificio que visitan cada año, entre universidades nacionales y extranjeras, colegios y grupos, unas 20.000 personas a las que hay que sumar las 5.000 que acuden los días de puertas abiertas.

Vea la galería de fotos del Senado


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