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Vuelta al ruedo de la plaza monumental de Las Ventas

miércoles 22 de enero de 2014, 11:39h
Salir por su Puerta Grande tras haber cortado dos orejas es el sueño de cualquier torero, aunque en la historia de la plaza no llegan a 170 quienes lo han conseguido. Dicen que es entonces cuando los diestros, obligados a ir inclinados a hombros de sus seguidores, descubren los artesonados neomudéjares que puso el arquitecto José Espeliús cuando diseñó este coso con el único objeto de hacer de Las Ventas una auténtica plaza monumental con cabida para 23.000 espectadores.
  • Plaza Toros de Las Ventas

    Plaza Toros de Las Ventas
    Juan Luis Jaén

  • Callejón, burladero y barreras de Las Ventas

    Callejón, burladero y barreras de Las Ventas
    Juan Luis Jaén

  • Las plaza cuenta con 23.000 asientos

    Las plaza cuenta con 23.000 asientos
    Juan Luis Jaén

  • La plaza desde Palco Real.

    La plaza desde Palco Real.
    Juan Luis Jaén

Los inicios de esta plaza fueron difíciles y, posiblemente, para quienes habían constituido la sociedad Nueva Plaza de Toros de Madrid hubo momentos en que se pensó que aquello podía terminar en ruina. Al fin y al cabo, la plaza había comenzado a ser construida en 1919, aprovechando que dos años después vencía el contrato que la Diputación tenía firmado con el empresario Julián Echevarría. Entre los accionistas de la nueva empresa estaba el arquitecto José Espeliús, autor de varios edificios residenciales en Madrid, entre ellos un hotel en Gran Vía esquina a Montera, y el ministerio de Marina -hoy Cuartel General de la Armada-, en colaboración con Javier de Luque, a quien José Gómez Ortega, "Joselito el Gallo" le convenció para construir una plaza monumental en Madrid.

No es que la plaza de la Fuente del Berro, levantada en 1874 en el mismo solar donde hoy se levanta el Palacio de los Deportes, fuera una plaza cuestionada pues, levantada a instancia del marqués de Salamanca, los arquitectos Emilio Rodriguez Ayuso y Lorenzo Álvarez Capra se habían preocupado de dotarla de un ruedo de 60 metros de diámetro, una fachada mudéjar formada por un polígono de 60 lados y una buena calidad arquitectónica. El único "pero" era que tenía 13.210 localidades y había muchos aficionados que se quedaban sin poder asistir a las corridas.

La nueva sociedad vio una oportunidad para acabar con esta situación y para ello propuso a la Diputación Provincial que les adjudicara la nueva concesión a cambio de que la sociedad adquiriera el suelo a un particular y levantara una plaza que pasaría a ser de propiedad pública. Se calculó una inversión de 7,5 millones, cantidad que finalmente se disparó hasta los 12 millones de pesetas. Se estudió ponerla detrás del antiguo hipódromo en la Castellana pero, al final, se eligió la zona de las Ventas porque era más fácil meter a los toros en la plaza por la noche. La propuesta generó un gran debate en los periódicos durante el que se llegó a proponer reducir el ruedo de la antigua, ganar dos filas de tendidos y aumentar un piso, de forma que cupiera más gente. Al final se impuso la idea de construir una nueva plaza y que se ubicara en Las Ventas, aunque ello conllevara la realización de grandes desmontes y la necesidad para los aficionados de trasladarse mucho más lejos ya que la zona elegida era un barrio de casuchas en el límite urbano de Madrid.

El 19 de marzo de 1922 se colocaba la primera piedra, en el sitio donde iba a estar el centro del nuevo ruedo, de la cuarta plaza de toros estable de Madrid ya que la plaza Mayor había sido provisional, pues solo se acondicionaba cada vez que había espectáculo. La primera plaza, obra de Pedro Ribera, se levantó en 1737 junto al Manzanares, pero duró poco porque 19 años después, y a instancias de Fernando VI, se construyó otra, de cal y canto, ladrillo y madera, junto a la Puerta de Alcalá. En su edificación participaron los arquitectos Juan Bautista Sachetti, Ventura Rodríguez y Fernando Moradillo. El 4 de septiembre de 1874, se abrió la plaza de la carretera de Aragón o de la Fuente del Berro que, durante 60 años, centralizaría la pasión madrileña por los toros.

Un largo proceso

La apertura de la plaza de Las Ventas se retrasó mucho más de lo que calculaban sus promotores, pues las obras rebasaron el año1929, a pesar de ser esta la fecha  que se puso en la fachada sobre la Puerta de Madrid o Puerta Grande. Durante este tiempo murió Espeliús (1928) por lo que fue sustituido por Manuel Muñoz Monasterio, arquitecto que, en 1944, ganaría, junto a Luis Alemany, el proyecto del estadio de Chamartín.

Además, el Ayuntamiento puso problemas para dar la licencia de apertura debido a que  toda la zona comprendida entre la plaza de Manuel Becerra y el ccoso estaba sin urbanizar, lo que dejaba la plaza rodeada de grandes desmontes, razón la que, entre tanto, se siguió utilizando la plaza de Fuente del Berro. "Con la construcción de la nueva plaza se trataba no solo de conseguir un mayor aforo sino también un desahogo urbanístico, aunque ello suponía alejar aún más la plaza del núcleo urbano. Como consecuencia de ello, los aficionados protestaron, algo que no era nuevo pues cuando se trasladó la plaza de la calle Alcalá a Fuente del Berro ya había habido hasta manifestaciones", explica Manuel Alonso, responsable de protocolo del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, administració propietaria de la plaza, y muy ligado al mundo taurino pues su tatarabuelo fue portero mayor de la plaza de Fuente del Berro.

La situación cambió en 1931 cuando, a pesar de que aún faltaba mucho por urbanizar, el alcalde republicano Pedro Rico decidió organizar una corrida en apoyo de los desempleados madrileños. La corrida se celebró el 17 de junio y provocó un caos pues los tranvías fueron obligados a dar la vuelta en Manuel Becerra, lo que hizo que el público tuviera que trasladarse a pie entre desmontes. En la corrida actuaron Diego Mazquiarán "Fortuna", Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Fausto Barajas, Luis Fuentes Bejarano, Vicente Barrera, Fermín Espinosa "Armillita chico" y Manolo Bienvenida quien, al igual que Fuentes Bejarano, tuvo que bajar andando desde Manuel Becerra debido al atasco que se formó.

La corrida contó con la asistencia del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, que vio las faenas desde el palco principal -construido curiosamente como palco real- y fue presidida por el alcalde acompañado de "Guerrita", Antonio Fuentes, Vicente Pastor, Ricardo Torres "Bombita", Rafael González "Machaquito" y Manuel Mejías "Bienvenida". En los anales quedó que el primer animal que saltó a la plaza se llamaba "Hortelano" y era de la ganadería de Juan Pedro Domecq. Hoy, el cartel de aquella corrida, con su bandera republicana, puede verse reproducido en la puerta principal.

Según todas las crónicas fue una corrida que habría pasado sin pena ni gloria a la historia del toreo si no hubiera sido por el interés que suscitó la plaza que mantenía, con respecto a la anterior, su imagen mujéjar, el diámetro del ruedo (60 metros) y la pendiente de las gradas, aunque crecía en aforo gracias a sus cuatro pisos. La opinión de los aficionados, en lo que respecta a la construcción, fue positiva tras contemplar la fachada decorada con los escudos cerámicos de las provincias españolas; las 18 puertas del edificio, en especial las de Madrid, Caballos, Arrastre y Autoridades; las barreras y contrabarreras; los diez tendidos bajos y altos -cuatro de sombra (9, 10, 1 y 2), dos de sol y sombra (8 y 3) y cuatro de sol (4, 5, 6 y 7); las gradas; las andanadas y los 28 palcos, incluidos los de presidencia, banda de música, Ayuntamiento y Diputación (hoy de la Comunidad).

Por no hablar de los dos ascensores que llevan a la galería de los palcos; los ocho corrales; los dos patios (el de caballos y el de arrastre); el desolladero de 9 metros de ancho por 11 de largo; la enfermería dotada hoy de dos salas de operaciones; el reloj de la marca Coppel -hoy sustituido por otro Festina-, o su capilla estilo colonial mejicano, diseñada por Muñoz Monasterio y dedicada a la Virgen de la Paloma. "Es la única dependencia que se aleja del estilo mudéjar pues fue diseñada como un eco hacia los países iberoamericanos. No es extraño que entre las decenas de imágenes que se exponen en el altar, muchas traídas por los propios toreros, estén desde la Virgen de Guadalupe hasta Fray Martín de Porres", explica Alonso.

Lo que pocos aficionados pudieron ver, sin embargo, fue el Palco Real, situado entre el de la Presidencia de la plaza y el de la Comunidad de Madrid. Su acceso hoy está reservado a la Familia Real. Este palco, con antesala, office y aseo, está en la zona de sombra y se abre a una altura ideal para tener una estupenda visión del ruedo. Ya no es utilizado, como ocurría cuando vivía la madre del rey, María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, condesa de Barcelona, que acudía frecuentemente, como se recuerda una gran placa colocada junto a los ascensores en reconocimiento a su afición. Por lo general, suele estar ocupado por el rey en corridas singulares como la de Beneficencia y, en algunas ocasiones, también han acudido los príncipes de Asturias. Actualmente, la antesala tan solo está decorada con unos asientos -entre ellos el sillón del rey-, unas banderas y unas fotografías que ponen de manifiesto la asistencia real a los festejos taurinos desde Alfonso XII y que sustituyeron a los cuadros que había y que fueron trasladados al Museo Taurino.

Pero lo que mayor asombro causó fue el aforo: 25.000 asientos que, posteriormente, fueron "ensanchados" por orden de la Dirección General de Seguridad, lo que redujo la cifra a 23.000 asientos, cifra tan solo superada por los 41.262 asientos de la de México y los 25.000 de la plaza de Valencia, en Venezuela. "La de Barcelona tenía mayor aforo que la de Madrid pero obligaron a cambiar los asientos que estaban muy juntos y se perdieron filas con lo que el aforo resultante (19.582) quedó por debajo de Las Ventas", recuerda Alonso.

¿Y qué pasaría si, ante el aumento de estatura de la población, hubiera que reducir en el futuro el número de asientos en Las Ventas? Ante esta pregunta, el responsable del protocolo se limita a recordar que "en esta plaza hay 18.500 abonados, entre ellos algunas familias que ya tenían abono en la plaza de la Fuente del Berro, y nadie quiere dejar su puesto. Cuando hace unos años se hizo una pequeña remodelación para habilitar unas cuantas plazas para personas con discapacidad física hubo que mover unos metros a algunos aficionados y ello originó protestas porque decían que les habían cambiado su ángulo de visión".

Arrancan los festejos

Tras la corrida de 1931, no se volvieron a celebrar festejos hasta el 25 de mayo de 1933 cuando tuvo lugar la llamada "corrida de las misses", organizada con motivo de que dos días después se iba a celebrar la elección de Miss Europa en el Circulo de Bellas Artes. Antonio García "Maravilla" cortó cuatro orejas y salió a hombros. A esta corrida, le siguió la de la Asociación de la Prensa el 13 de julio y no hubo más hasta que, el 21 de octubre de 1934, una vez solucionados los problemas urbanísticos, se inauguró oficialmente la plaza con una corrida en la que participaron Juan Belmonte, Marcial Lalanda y Joaquín Rodríguez "Cagancho". Belmonte logró cortar las dos orejas y el rabo de su segundo, siendo el primer rabo concedido en la plaza.

"Iniciada la guerra civil, la plaza se convirtió en almacén de municiones, en tanto la explanada exterior se utilizó como almacén de coches requisados", dice el responsable de protocolo del Centro de Asuntos Taurinos. Pero no solo se dedicó a armería, polvorín y garaje. También fue almacén de patatas y hasta se cultivaron lechugas y escarolas en el ruedo. Afortunadamente no sufrió daños importantes por lo que el 24 de mayo de 1939, 54 días después de terminada oficialmente la confrontación, pudo celebrarse en Las Ventas la llamada corrida de la Victoria en la que intervinieron los diestros Marcial Lalanda, Vicente Barrera, Pepe Amorós, Domingo Ortega, Pepe Bienvenida, Luis Gómez "el Estudiante" y el rejoneador Antonio Cañero.

Desde entonces, Las Ventas ha sido, sin duda, el epicentro taurino a nivel mundial, especialmente durante la feria de San Isidro o las corridas de la Beneficencia o de la Prensa, algo que impone. "A muchos toreros, cuando pisan este ruedo, les puede el miedo escénico", dice Alonso. Y no les faltan motivos. Estar sobre el ruedo de Las Ventas es como estar sobre el teatro de Mérida. La llamada del torero al toro se oye desde las barreras hasta las andanadas, pasando por tendidos y gradas. "No pasa como en otras plazas que son más bajas. Aquí la altura le da una acústica especial. Eso permite que los espectadores oigan al torero pero también el torero oye perfectamente desde las frases de apoyo hasta las de desaprobación. Esta acústica es la que ha hecho que algunos cantantes internacionales hayan pedido repetir en esta plaza", dice Alonso.

Y no solo ha sido escenario de corridas o conciertos como el que organizaron en 1965 Los Beatles. También la plaza ha sido utilizada para mítines políticos, tanto en la República como en los primeros años de la Democracia y partidos de tenis -en el ruedo se jugó la copa Davis de tenis entre España y Estados Unidos-, además de ser un tradicional asentamiento circense en Navidades.

Paralelamente, la plaza ha sufrido algunos cambios. En 1979 se acometió una reforma del edificio para consolidar los tendidos. En 1994, Las Ventas fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de monumento histórico artístico y en 2005, la Comunidad se comprometió a destinar el canon que recibe de la empresa concesionaria al mantenimiento y mejora de la plaza. La última iniciativa puesta en marcha quedó frustrada cuando el 28 de enero de 2013 se desplomó la cúpula de 160 toneladas de peso que la empresa concesionaria de la gestión, Taurodelta, estaba colocando para cerrar la plaza. La caída se produjo durante las pruebas de carga y no causó heridos. 

Actividad cultural

El 15 de mayo de 1951, el interés por la plaza aumentó gracias a la apertura del Museo Taurino. "En 1947, tras la cogida mortal de Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" en la plaza de Linares su madre tomó la decisión salomónica de entregar a Franco el traje de luces y el capote que llevaba aquella tarde, pues la plaza de México se lo había pedido. Franco se lo comentó al entonces presidente de la Diputación, que era el marqués de la Valdavia, y éste decidió abrir un museo taurino que fue inaugurado el 15 de mayo de 1951", dice Alonso.

Este museo, que sufrió reformas y ampliaciones en 1968 y 1991, permitió a los 50.000 visitantes contabilizados en 2013, contemplar, además del traje de luces de "Manolete", los de "Antoñete", Paco Camino o "Yiyo"; las cabezas disecadas de los toros que protagonizaron cogidas mortales -en la plaza han muerto los toreros Félix Almagro (1939), Pascual Márquez (1941) y los banderilleros "El Coli" (1964) y "El Campeño" (1988)-; los grabados de la serie de la Tauromaquia de Goya; las esculturas taurinas de Mariano Benlliure o el retrato de Domingo Ortega, obra de Ignacio Zuloaga cedido por la familia del diestro.

Fuera del museo, pero dentro de la plaza otras tres salas concentran la actividad cultural: las salas "Antoñete" y Antonio Bienvenida y la sala Cossío que alberga la biblioteca. En ellas las peñas y asociaciones taurinas suelen celebrar conferencias y exposiciones como la que se hizo el año pasado con los útiles aportados por los hijos de famosos matadores. Y lógicamente, como pasa en los grandes estadios de fútbol, hay salas vips para que los invitados a los 24 palcos que suelen alquilar distintas empresas puedan disfrutar de barra libre y cena tipo cóctel tras contemplar una buena faena en la considerada la mejor plaza del mundo.

FOTOGALERÍA: Un recorrido por Las Ventas


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El Centro de Arte Reina Sofía: arquitectura en dos tiempos

 

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