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Torre Picasso: el 'World Trade Center' madrileño

lunes 23 de marzo de 2015, 07:30h

Fue el edificio más alto de España durante 14 años y se convirtió en el emblema del nuevo Madrid. Diseñado por Minoru Yamasaki, autor también de las desaparecidas torres gemelas de Nueva York, este edificio de oficinas, que tiene 157 metros de altura sobre rasante, esconde la principal chimenea del subsuelo de Azca y posee muelle de descarga, estafeta y apartado de correos propios, alberga cada día a 3.800 empleados y a unos 1.500 visitantes. Hace tres años fue adquirido por 400 millones de euros por el empresario Amancio Ortega.

  • Entrada principal a Torre Picasso.

    Entrada principal a Torre Picasso.
    Kike Rincón

  • Vista de Torre Picasso.

    Vista de Torre Picasso.
    Kike Rincón

  • Helipuerto de Torre Picasso.

    Helipuerto de Torre Picasso.
    Kike Rincón

  • Plano a contrapicado del edificio

    Plano a contrapicado del edificio
    Juan Luis Jaén

Unión Explosivos Rio Tinto decidió en 1974 levantar un edificio emblemático sobre la parcela de 10.000 metros cuadrados que poseía en el polígono de la Asociación Mixta de Compensación de la Manzana A de la Zona Comercial, más conocida por su acrónimo Azca. Para ello convocó un concurso internacional que ganó el estadounidense, de origen japonés, Minoru Yamasaki, uno de los principales arquitectos del mundo, autor de las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York, terminadas el año anterior. Yamasaki envió a Madrid un proyecto muy parecido a otros suyos y prácticamente igual al de la Rainier Tower, que entonces estaba desarrollando en Seattle, su ciudad natal. El proyecto fue firmado conjuntamente por los arquitectos españoles Jorge Mir y Rafael Coll.

El inicio de obras no fue inmediato: la licencia no llegó hasta 1980. Para entonces, el proyecto original, pensado para oficinas y hotel, había sido variado pues se decidió dedicarlo exclusivamente a oficinas. El ritmo de las obras fue muy lento hasta el punto de que el Ayuntamiento de Madrid llegó a apercibir con retirar la licencia si no se impulsaban realmente los trabajos. La difícil situación económica por la que pasaba entonces la compañía propietaria hizo que en 1984 los trabajos se suspendieran y fueran retomados en 1985 tras la compra del 70 por ciento de la parcela por parte de Portland Valderrivas y del 15 por ciento por parte de la Inmobiliaria Asón, propiedad de la familia Reyzábal, que ya poseía en Azca el edificio Windsor. En total, ambas sociedad pagaron por este 85 por ciento 4.100 millones de pesetas (24,6 millones de euros). Dos años después ambos grupos se hacían con el 15 por ciento restante, aunque en esta ocasión el precio subió hasta los 2.000 millones de pesetas (12 millones de euros).

"Cuando se vendió el solar, el edificio aún estaba en fase de cimentación. Construcciones y Contratas, que era propietaria de Portland, y los Reyzábal no solo habían comprado el solar sino también el proyecto. Fue entonces cuando Pedro Saralegui, que era yerno de los Reyzábal, propuso que yo fuera el director técnico de las obras", recuerda el arquitecto Genaro Alas. "Yo por entonces era socio, con Pedro Casariego, del estudio Alas Casariego. Los Reyzábal me conocían porque en el edificio Windsor nosotros habíamos hecho el proyecto de la torre y, después, yo me había ocupado de la dirección de las obras. Lo hablé con Pedro Casariego, ya que en el estudio nos repartíamos al 50 por ciento los honorarios, y me puse a trabajar",

"El proyecto era muy similar a otros de Yamasaki. Incluso se dio la circunstancia de que cuando pedimos los planos nos enviaron los de un edificio parecido que Yamasaki (fallecido en 1986) había preparado para una ciudad que se llama Toledo, pero no nuestra Toledo sino la que está en Estados Unidos. El único lujo que Yamasaki se permitió en Madrid fue cambiar en el proyecto original la base con su gran arco de entrada de 30 metros de luz y añadir la gran estructura metálica que desde los subterráneos llega a la terraza, en torno al inmenso hueco que Azca exigió abrir para ventilar todo el viario bajo rasante. Nosotros llamábamos a esta crujía añadida la superoeste y su misión era ser la chimenea de Azca", dice Alas. Esta enorme chimenea, de 105 metros cuadrados de abertura, va desde el nivel menos 2 de Azca hasta la planta 46 por lo que tiene unos 170 metros de altura. "Yo propuse sustituirla por cuatro chimeneas que se abrirían en el centro donde van las escaleras y ascensores pero no les convenció el cambio por falta de tiempo y por suponer un mayor coste", recuerda Alas.

La sociedad que se creó para la gestión de la edificación instaló sus oficinas en una planta del edificio de Ahorro Corporación, situado frente a la parcela. "Mi equipo estaba formado por tres aparejadores y tres delineantes. Tuvimos que desarrollar los planos de carpintería, albañilería; las estructuras metálicas se levantaron a partir de la cota cero sobre la cimentación de hormigón", dice Alas. Del proceso constructivo, este arquitecto que hoy tiene 88 años, recuerda que las vigas se levantaron contrapeadas -dos pisos en un lado, uno en el otro y viceversa- y que había que medir continuamente con plomadas "porque, con el calor, el edificio oscilaba y dos milímetros en un piso podían ser dos centímetros muchas plantas por encima". "Los materiales utilizados fueron españoles excepto las placas de la fachada que eran de un aluminio especial y que se trajeron de Estados Unidos, al igual que el vidrio térmico con el que se cubrió cada planta de arriba abajo y no de forma partida como estaba en el proyecto, ya que desde el inicio de las obras la cristalería había mejorado mucho. También vinieron del extranjero los diferentes mármoles que decoraban los ascensores, cuya maquinaria cambiamos por otra más moderna, y las góndolas en las que tenían que subirse los limpiadores para limpiar las fachadas, pues nos ofrecían unas nacionales pero no habían sido probadas nunca", dice Alas.

"Como Alberto Alcocer (consejero delegado de Construcciones y Contratas) dijo que quería ir a trabajar en helicóptero, dotamos al edificio de un helipuerto si bien este lo estrenó la Policía en un acto oficial. También los Albertos (Alcocer y su primo y socio Alberto Cortina) dedicaron los dos pisos superiores a despachos lo que obligó a construir una escalera interior entre ambas plantas. El decorador Paco Muñoz, que era conocido de ellos, se ocupó de la decoración; recuerdo que en el comedor para banquetes puso papel chino continuo en las paredes", explica el que fue director de obras.

En el exterior hubo que levantar una entreplanta para poder acceder al edificio en coche. Para dejar constancia de los límites de la parcela de torre Picasso, se puso un pavimento diferente al de Azca. Igualmente, en la parte delantera del edificio, se puso una zona ajardinada. "Yo quería poner algo duro porque ya había un parque cerca. El paisajista Leonardo Silva propuso hacer unas terrazas haciendo dibujos con plantas de cuatro o cinco colores a las que se podían dar forma. En la plaza cambié el color del pavimento para que reflejara el arco de entrada del edificio y pusimos cuatro grandes esferas de acero para que sirvieran de base a la vegetación lo que fue muy criticado por un periódico cuyo redactor las confundió con cuatro esferas armilares. No quise ni responder", dice Alas.

En 1989, el edificio fue por fin inaugurado, con sus 157 metros sobre rasante, sus 45 plantas y una superficie construida de 122.000 metros cuadrados, de los que 78.000 metros cuadrados iban a ser para oficinas. Pronto el edificio se convirtió en el emblema de nuevo Madrid y comenzaron a instalarse en él algunas de las principales empresas internacionales. Entre ellas, hoy se encuentran Deloitte (es el principal cliente con 20.000 metros ocupados), Ernst & Young, Accenture, Bank of America o Google. En 1990 Canal Plus instaló su estudio de grabación en la planta ocupado hoy por un gimnasio; en 1997, el director Alejandro Amenábar utilizó el inmueble como escenario de su película Abre los ojos, y, dos años después, el edificio estuvo en la mira de la banda terrorista ETA que planeó volarlo con dos furgonetas bomba cargadas con 1.700 kilos de explosivos que, afortunadamente, fueron interceptadas en Zaragoza por la Guardia Civil.

Cambio de propiedad

En diciembre de 2011, la empresa Pontegadea Inmobiliaria, propiedad del empresario Amancio Ortega, cerraba la compra del edificio a FCC en 400 millones de euros y encargaba la gestión del inmueble a Aguirre Newman. Una visita a este edificio -incluido en el catálogo de edificios protegidos del Plan General de Ordenación Urbana, con grado de protección Nivel 1 Singular-, permite adentrarse en un microcosmos. "En el edificio entran a diario unas 3.800 empleados y unas 1.500 visitas. En una hora punta puede haber 4.000 personas. Tiene tanta población que cuenta con distrito postal exclusivo, el 28020, y estafeta de correos propia", informa Ángel Sáinz, director de la oficina de Aguirre Newman que opera en la misma torre.

El mantenimiento de una estructura tan inmensa es fundamental. En total, en torre Picasso, trabajan 124 personas entre limpiadores, vigilantes y técnicos de mantenimiento. "Se dedica mucha inversión al mantenimiento. La modernización es continua lo que hace que las instalaciones estén en algunos aspectos más nuevas que las de algunas de las torres levantadas hace poco tiempo", afirma Sáinz. Y lo demuestra. Un paseo por las 'tripas' del edificio permite ver unas salas de maquinaria diáfanas, recién pintadas, sin muestra de polvo, como si estuvieran preparadas para ser visitadas por grupos de interesados, como ocurrió durante la Semana de la Arquitectura celebrada en 2012.

En un edificio tan alto se tiene un especial cuidado con la comunicación vertical. En total hay 18 ascensores para acceder a las plantas (el descenso de la planta 43 a la baja dura lo que uno cuenta hasta 25), 3 para el aparcamiento, dos para comunicar los sótanos y uno panorámico para minusválidos que comunica el nivel +1 -el único que permite acceder al edificio en coche- con la planta baja. "El software de los ascensores, que llegan a moverse hasta a 6 metros por segundo, fue cambiado hace cinco años aunque la maquinaria es la original", dice Sáinz. Una curiosidad: los ascensores tienen doble cabina. En la 'hora punta' se usa la de arriba para el traslado de personas, en la 'hora valle' la de abajo como montacargas. Y es que en la planta menos 1 el edificio posee su propio muelle de descarga, servido con personal propio de la torre, para realizar el reparto sin que afecte al resto de la actividad.

"La seguridad pasa por un control exhaustivo del personal y todos los bultos pasan por rayos X. El sistema antiincendios tiene tres aljibes, instalados en el sótano menos 5, en la planta 12 y en la planta 30 que permiten tener en cualquier punto una presión de agua en punta de lanza de 7 kilos y, en caso de incendio, cinco personas, con traje autónomo y equipo estarían operativas en seis minutos. Además, los bomberos, cargados con todo su equipo, han celebrado pruebas de ascenso para medir tiempos", dice, por su parte, Juan Manuel Naharro, coordinador de seguridad de Torre Picasso. Eso por no hablar del helipuerto que con sus 42 x 50 metros es el más grande instalado en un edificio de Madrid y que se utiliza en ocasiones para realizar prácticas policiales.

La sala de control es la 'joya de la corona' del sistema de seguridad. Desde ella se controlan las 300 cámaras existentes en el edificio y todos los sistemas necesarios para que este funcione. En su gran pantalla se puede ver desde en qué piso está cada uno de los ascensores hasta cuántas personas hay en cada momento en el edificio (a las 12,30 horas del día de la visita había 3.604), pasando por la visión de pasillos y zonas comunes o la regulación del sistema de climatización y de las instalaciones que ocupan las plantas 44 y 45. El edificio cuenta con un cuarto de primeros auxilios, dotado de desfibrilador, que es atendido por un jefe de primera intervención, un bombero con formación especializada. El edificio dispone, además, de dos grupos electrógenos, alimentados con 50.000 litros de combustible que dan servicio a las zonas comunes y a las salas técnicas de algunas empresas. "Aunque faltara luz en todo Madrid, solo con uno de estos grupos electrógenos, los servicios del edificio seguirían funcionando y se podría seguir trabajando", dice Naharro.

Este edificio de oficinas, el más importante que tiene Pontegadea en España, tan solo dispone en la actualidad de una oficina libre en la planta 43. ""Las 43 plantas de oficinas están alquiladas actualmente por 24 empresas. La oficina más grande tiene 1.700 metros cuadrados y el alquiler está en 35 euros el metro cuadrado al mes más 7,5 euros por metro en gastos de comunidad", dice Sáinz. También se alquila a las empresas radicadas en el edificio el salón de actos que fue la sala de proyecciones de Canal Plus, con capacidad para 50 personas, o el llamado 'patio inglés' situado en la planta inferior donde pueden reunirse 300 personas y que normalmente se contrata para presentaciones o para celebrar una fiesta de niños en Navidad. Además, el edificio cuenta con cinco sótanos, de los que cuatro son de aparcamientos con una capacidad total de 850 plazas, suficientes porque hay empresas que renuncian a todas las que les corresponden en esta mini ciudad.

Vea el edificio, en imágenes

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