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El Casón del Retiro: la sala napolitana que se salvó por su bóveda

martes 26 de noviembre de 2013, 07:30h

Fue construido dentro del gran complejo palaciego del Retiro pero Felipe IV no le dio ningún uso por lo que hubo que esperar al reinado de su hijo Carlos II para que el edificio entrara en la historia como Salón de embajadores y se encargara al artista napolitano Luca Giordano la inmensa bóveda que, en los siglos siguientes, iba a salvar el inmueble de la piqueta. Hoy, este salón -que, junto al cercano Salón de Reinos, es lo único que queda de aquel palacio- se ha convertido en una biblioteca especializada en la que los lectores pueden alternar la lectura con la contemplación, en paredes y techo, de la obra de este artista napolitano.

  • Cason del Buen Retiro. Vista de la bóveda

    Cason del Buen Retiro. Vista de la bóveda
    Juan Luis Jaén

  • Cason del Buen Retiro. Fachada de Alfonso XI frente al Retiro.

    Cason del Buen Retiro. Fachada de Alfonso XI frente al Retiro.
    Juan Luis Jaén

  • Cason del Buen Retiro. La exaltación de la Monarquía pintada en el techo por Luca Giordano

    Cason del Buen Retiro. La exaltación de la Monarquía pintada en el techo por Luca Giordano
    Juan Luis Jaén

Salón de embajadores, salón de baile, teatro, cuartel napoleónico, sala del Estamento de Próceres -antecedente del Senado-, Real Gabinete Topográfico, gimnasio del príncipe de Asturias, sede de la Exposición Artística e Industrial, museo de Reproducciones Artísticas, garaje de la CNT durante la guerra civil, sala de exposiciones de la Dirección General de Bellas Artes, pinacoteca del Prado dedicada al siglo XIX, sala del Guernica tras su llegada a España procedente de Nueva York, y Biblioteca y Centro de Estudios del museo del Prado. Esta es, a grandes rasgos, la agitada historia de un edificio que fue proyectado por Alonso Carbonel, en 1638, un año después del resto de los edificios del palacio del Retiro, ya que no estaba en los planes originales.

Construido, al parecer, para salón de baile -de ahí sus dimensiones, 12 metros de ancho y 20 de largo- fue flanqueado por dos estancias que servían de vestíbulos según se llegara desde el palacio, en el que el Casón estaba integrado, o desde los jardines a los que daban sus fachadas más estrechas. "Según parece, no se utilizó para este fin pues, tras la caída de conde duque de Olivares (1643), las obras se ralentizaron. Luego se dieron una serie de desgracias bajo el reinado de Felipe IV como las muertes de la reina Isabel de Borbón (1644) y el príncipe Baltasar Carlos (1646), lo que hizo que si la intención era convertirlo en un salón de baile, la idea fuera olvidada", asegura Andrés Úbeda de los Cobos., jefe de conservación de pintura italiana y francesa hasta 1700 del museo del Prado.

El edificio, construido con malos materiales y sin un uso concreto, pasó a ser designado como casón por su aspecto destartalado que llegó a amenazar ruina ya en 1682. Se acometió entonces una restauración que elevó la altura de los dos vestíbulos y permitió a Luca Giordano pintar en su bóveda la Apoteosis de la Monarquía española. "No hay documentos sobre la pintura de esta bóveda a pesar de ser la obra maestra de Giordano junto con la escalera de El Escorial. Se estima que fue pintada entre 1696 y 1697. Este tipo de obras, normalmente se documentan gracias a las obras menores como los andamios, los soladores, los proveedores de arena y no por lo cobrado por los artistas puesto que éstos recibían un fijo del rey", dice Úbeda de los Cobos. En este caso Giordano tenía concedido un salario de 4.000 ducados anuales.

La utilización del Casón como Salón de Embajadores se debió, a que el Salón de Reinos del edificio que se levanta a pocos metros del Casón y que, como él, es lo único que se mantiene del primitivo palacio, dejó de usarse. "Allí estaban los cuadros de las grandes batallas como el de Las Lanzas, pintado por Velázquez, que, bajo el reinado de Carlos II, no podían mostrarse pues habían perdido valor desde el punto de vista representativo pues las grandes gestas de Carlos V y Felipe II se habían convertido posteriormente en grandes derrotas. Por no cambiar, Carlos II, que no ganó una sola batalla, no cambió ni el retrato de Felipe IV que presidía el Salón de Reinos. Lo dejó como estaba y trasladó la representación al Casón", dice este jefe de conservación de pintura italiana y francesa.

La Monarquía y el vellocino de oro
"Giordano tenía una cultura básica. Sabía leer y escribir pero no era un intelectual. Lo que sí sabía hacer era rodearse de personas que sí sabían. Ello le permitió acometer una obra como esta en la que representó la Monarquía a través de sus símbolos. No podía pintar al rey porque, por entonces, Carlos II sufría unas recaídas terroríficas de su enfermedad y había perdido el pelo por el tratamiento a que era sometido. De hecho, Giordano sólo pintó la cara del monarca en 1693 nada más llegar de Nápoles para la escalera de El Escorial y luego para un despacho de Aranjuez", dice Úbeda de los Cobos.

Así colocó a la Monarquía, con la bandera de España y sus cuatro cetros, los pueblos sometidos a sus pies, con el dragón que representaba la herejía y el furor encadenados y, enfrente a Hércules entregando el vellocino de oro al duque de Borgoña, Felipe el Bueno, como fundador de la Orden del Toisón que pasaría luego a la monarquía española. En el resto de la bóveda representó desde musas y filósofos hasta las cuatro edades: oro (cuando la Humanidad no tenía que trabajar ni enfermaba), plata (cuando empiezan las estaciones), bronce (una etapa de más violencia) y hierro (en la que la Humanidad sufre ahora enfermedades y guerras).

Completó la decoración con 16 pinturas de los trabajos de Hércules en los entrepaños de las ventanas. Lamentablemente en 1835 cuando el recinto fue convertido en Salón de Próceres se abrió un arco en una de las paredes estrechas para colocar la tribuna de la soberana, lo que afectó a la bóveda. Se pusieron además unas telas pegadas sobre las pinturas de Hércules que estaban en mal estado debido a la humedad y que prácticamente desaparecieron cuando las telas fueron arrancadas en 1834. Hoy unas copias en blanco y negro reproducen aquellas pinturas en su ubicación original.

También se perdieron las bóvedas de los dos vestíbulos y uno de los cuatro lienzos que pintó para el vestíbulo que comunicaba con el palacio. La pérdida se produjo con motivo de la ampliación que sufrió el edificio en el siglo XIX. La reforma consistió en la desaparición de los vestíbulos y en la construcción de una cáscara exterior al edificio. Interiormente se hizo una reforma que agravó la destrucción acometida por el salón de Próceres y que conllevó una decoración de estilo pompeyano para colocar las copias de las estatuas del museo de Reproducciones Artísticas. La reforma fue completada con la construcción de dos fachadas, una hacia la calle Felipe IV y otra hacia Alfonso XII, obras de Mariano Carderera y Ricardo Velázquez Bosco, respectivamente. Se da la circunstancia de que Velázquez tuvo que realizar su fachada después de que el 12 de mayo de 1886 un ciclón que cruzó Madrid destruyera la realizada por Carderera.

Con sucesos como este y otros como la difícil urbanización del entorno debido al desnivel existente, es sorprendente ver aún el Casón en pie. En los 375 años transcurridos desde su inicio, estuvo varias veces a punto de seguir el destino del resto de dependencias palaciegas del Retiro pero, al igual que el Salón de Reinos -ocupado durante muchos años por el Museo del Ejército y sin uso desde que éste fue trasladado al Alcázar de Toledo- se salvó por su importancia artística. "El edificio se mantuvo por la bóveda. Nadie tuvo el valor de acabar con él", dice este conservador especialista en Giordano.

Hoy, la pintura al fresco de la bóveda ha sido recuperada tras un cuidado trabajo de restauración del edificio que concluyó en 2007. Meses después, ya en 2008, el edificio fue abierto con una gran exposición de homenaje de Luca Giordano. "Al fin y al cabo es un espacio napolitano en Madrid como no lo tiene Nápoles", dice Úbeda de los Cobos. Por fin, en 2009 se instalaron en el edificio la Biblioteca y Centro de Estudios del museo del Prado, donde trabaja una docena de conservadores, además de becarios, secretarias y documentalistas que antes del traslado realizaban su cometido en las salas del Prado donde hoy se muestran los cartones de Goya. 

Una restauración delicada

esde luego, la bóveda ofrece hoy un aspecto renovado después de que se consolidara la obra de arquitectura y se retirara la oscura capa que cubría las pinturas. "Los trabajos fueron muy delicados pues la bóveda estaba oscurecida, existían filtraciones históricas de agua en las cuatro esquinas donde estaban las bajantes y se habían realizado restauraciones históricas muy agresivas, algunas de buena mano y otras con menos acierto", indica Úbeda de los Cobos, desde la balconada que, a la altura del primer piso, bordea todo el recinto central, fue reconstruida en la última reforma tal y como venía en el proyecto original, para que los visitantes puedan ver de cerca la bóveda.

"A estos problemas se sumó que la obra de arquitectura es de una mala factura y hay un problema estructural que hizo que empezara a abrirse la bóveda por el eje en el siglo XIX. Ello obligó a realizar un cambio de la cubierta y una obra de recalce y de sujeción, previa a la restauración de la bóveda", afirma el conservador.

Tras esta fase de consolidación, la restauración de la pintura duró dos años ya que la bóveda es de tablones de madera, con cuerdas anudadas donde engancha el mortero sobre el que Giordano pintó al fresco. No es extraño que con esta base y con tantas obras sufridas por el edificio, ciclones aparte, la bóveda sufra movimientos que producen grietas. Hasta el mismo Giordano pidió que le taparan los lunetos laterales para dar más unidad a su pintura, lo que es visible hoy en las fisuras que provocan esos añadidos. "Precisamente decidimos no usar mortero sino un material más débil para tapar esas grietas pues, en el caso de dilatación, perderíamos parte de la pintura", dice Úbeda de los Cobos.

El recinto, que es utilizado como biblioteca, muestra, además de la bóveda, once cuadros de Giordano, la mayoría de tema mitológico, pues Carlos II, a diferencia de su padre, Felipe IV, renunció a las pinturas con un mensaje bélico -salvo las protagonizadas por Fernando el Católico- y dinástico ya que no quería que le representaran. Acuden a esta biblioteca investigadores, estudiantes de Historia del Artes, anticuarios o coleccionistas, razón por la que las visitas se realizan en fin de semana. "Es, sin duda, la biblioteca más artística de España", dice Úbeda de los Cobos. Y tiene razón.

Ver fotografías del Casón del Buen Retiro

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