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Telefónica: el rascacielos que modernizó la Gran Vía

martes 03 de diciembre de 2013, 07:40h
Fue el primer rascacielos de Europa y, debido a la cota que ocupa, sus 89,30 metros de altura lo mantienen aún entre los más visibles desde el exterior de la capital. Su historia está ligada al desarrollo de las tecnologías pues la Compañía Telefónica Nacional de España fue la primera en dar servicio a todo el territorio español, pero también a los avances sociales ya que fue la primera en contratar solo a mujeres como operadoras. Y también está ligada a la historia de Madrid pues, durante la guerra civil, tuvo un gran protagonismo al ser puesto de observación de la Junta de Defensa de Madrid, oficina del servicio de censura republicano y diana habitual de la artillería franquista.
  • Edificio de la Telefónica.al atardecer.

    Edificio de la Telefónica.al atardecer.
    Juan Luis Jaén

  • Portada neobarroca de la Telefónica en la Gran Vía

    Portada neobarroca de la Telefónica en la Gran Vía
    Juan Luis Jaén

  • Vestíbulo de entrada por la calle Valverde

    Vestíbulo de entrada por la calle Valverde
    Juan Luis Jaén

  • Escalera del Espacio Fundación Telefónica

    Escalera del Espacio Fundación Telefónica
    Juan Luis Jaén

Las obras de este impresionante edificio de 15 plantas -13 sobre rasante y dos sótanos- comenzaron oficialmente el 12 de octubre de 1926, día de la Hispanidad, y terminaron el 1 de enero de 1930, día de Año Nuevo. Así figura en el gran mapa de España realizado por Hipólito Hidalgo de Caviedes precisamente en 1930 que se puede ver en uno de los vestíbulos. Pero no es verdad. "Se eligieron estas fechas por su significación pero no hubo ni ceremonia de colocación de la primera piedra ni de inauguración. Las obras efectivamente empezaron en octubre de 1926 pero ya en 1928 el edificio estaba en servicio pues Alfonso XIII inauguró en octubre de ese año las conexiones transoceánicas con Estados Unidos y en noviembre con Cuba. El acto se hizo en la tercera planta y es cierto que aún había obras pero sin que ello impidiera su uso", afirma Reyes Esparcia, responsable del patrimonio tecnológico y el archivo histórico de Telefónica.

La historia de la Compañía Telefónica Nacional de España había empezado, no obstante, en 1923 cuando un ingeniero, Gumersindo Rico, tras intentar convencer al capital español para acometer un plan que unificara todo el sistema telefónico español, conectó con la International Telegrahp and Telephone (ITT) que se mostró muy interesada en hacerse con el mercado español. Por entonces, existían 94 concesiones para dar servicio telefónico en otras tantas zonas de España, con compañías grandes y pequeñas y redes que en algunos casos no eran compatibles. La ITT desarrolló una actividad frenética para hacerse con el control nacional: se hicieron visitas a alcaldes y gobernadores y se consiguió comprar las acciones ordinarias de la Compañía Peninsular de Teléfonos que poseía 35 concesiones que suponían un 58 por ciento de la cuota de mercado. Entre las compañías que dependían de la Peninsular estaban la Sociedad General de Teléfonos y la Compañía Madrileña de Teléfonos que se ocupaba de dar servicio a los 12.700 usuarios madrileños de los 80.000 que había en toda España.

Para evitar problemas con el gobierno de Primo de Rivera, se decidió que la compañía tuviera solo accionistas españoles y que estos suscribieran las acciones a título particular. Así, el 19 de abril de 1924, los directivos del banco Hispano Americano, Julián Cifuentes y Amadeo Álvarez, junto al directivo del banco Urquijo, Valentín Ruiz; el marqués de Perijáa y amigo del rey, José López Nieulant, y el ingeniero Gumersindo Rico, fundaron el 19 de abril de 1924, con un capital de un millón de pesetas, la Compañía Telefónica Nacional de España. Ese mismo día, la CTNE firmó un contrato privado con la ITT. Cuatro meses después, el 25 de agosto, el gobierno de Miguel Primo de Rivera le encargó a la CTNE, por adjudicación directa y en régimen de monopolio, la organización, reforma y ampliación del servicio telefónico nacional. Para ello el rey Alfonso XIII firmó en San Sebastián, donde estaba de vacaciones, un real decreto por el que se autorizaba al gobierno dicha contratación. Inmediatamente la compañía amplió el capital social a 115 millones y contrató oficialmente a ITT por los veinte años que duraba inicialmente la concesión.

El punto más alto de la Gran Vía

Lo primero era levantar la sede social y para ello se eligió un solar de 2.280 metros en el punto más alto de la Gran Vía, con fachada a esta calle (46,90 metros), a Valverde (52,86 metros) y a Fuencarral (36,29 metros). Para preparar la construcción, Ignacio de Cárdenas, un joven arquitecto que había contratado la compañía para el Departamento de Edificación, fue enviado a Nueva York donde trabajó con Louis S. Weeks, empresa para la que había trabajado en varias ciudades. Weeks, por indicación de la ITT, propuso para el edificio de la Gran Vía un estilo clásico español. "Quería que se aplicara un estilo historicista, que se emulara la casa de las Conchas de Salamanca. Cárdenas, que se autodefinía como cubista, rechazó esa propuesta y Weeks se retiró del proyecto", explica Reyes Esparcia, responsable del Patrimonio Tecnológico y el Archivo histórico de Telefónica.

Lo mismo pasó Juan Moya, profesor de la escuela de Arquitectura y arquitecto de Palacio, que había reformado en un estilo barroco la iglesia de San José, en la calle Alcalá. El duque de Alba que presidía el Consejo de Administración de Standard Eléctrica, compañía filial de ITT, le había recomendado pero Cárdenas rechazó la ornamentación barroca que Moya proponía. "De aquellas propuestas tan solo quedó la portada neobarroca de la entrada principal y el escudo real", indica Reyes Esparcia.

A lo largo de tres años, los madrileños vieron cómo se utilizaban 3.000 toneladas de hormigón para la estructura y los forjados, 4.000 toneladas de vigas de acero suministrados por Altos Hornos de Vizcaya, en colaboración con la Sociedad Comercial de Hierros, y tres millones de ladrillos. Durante la obra se instalaron unas pasarelas peatonales en Fuencarral y Valverde y se colocó un tablado en la Gran Vía que servía, no solo para separar las obras de la calle sino para informar de la marcha de la construcción y anunciar novedades como la incorporación de los ascensores más rápidos del momento. Acabada la estructura, se recubrió con 2.000 metros cúbicos de granito de Segovia y piedra bateig de Alicante. Las molduras se tallaron en un taller situado entre las calles Toledo y paseo Imperial y en la decoración participaron el escultor Rafael Vela del Castillo y el pintor Hipólito Hidalgo de Caviedes.

La altura del edificio fue causa de problemas pues, como ya recogían los planos, suponía incumplir la normativa municipal. Finalmente se concedió la licencia tras alegar la compañía que era "un edificio monumental y un contenedor de un servicio público cuyo beneficiario era el Estado". En marzo de 1929 se retiró el andamiaje exterior lo que indicaría la conclusión de la obra en dicho mes, a falta de remates. Fue el primer rascacielos de Europa hasta que en 1931 se inauguró la torre del banco KBC de 87,5 metros de altura, en Amberes. En Madrid fue el más alto hasta 1953, año en que se levantó en el edificio España con 107 metros.

El arranque de la CTNE no solo supuso un hito arquitectónico. "También fue la primera compañía que contrató exclusivamente a mujeres para que fueran operadoras. Estas empleadas trabajaban en las plantas cuarta y quinta en las que no podían entrar los hombres salvo que hubiera una avería y se mandara a un técnico. En el turno con mayor demanda llegaron a trabar 153 mujeres. Tenían su propia zona de descanso y podían servirse café a discreción", dice Esparcia.

Tras la proclamación de la Segunda República se cuestionó el contrato firmado por el Gobierno con la CTNE, si bien, en 1932, Manuel Azaña terminaría ratificándolo. El edificio, por su parte, también se vio amenazado cuando se convirtió a partir del 7 de noviembre de 1936 en la guía de la artillería franquista instalada en el cerro Garabitas de la Casa de Campo. El sistema utilizado por el general Varela consistió en fijar los ángulos de tiro de la artillería a partir de la Telefónica, de forma que una vez alcanzado el edificio se graduaban las baterías de cañones para alcanzar la zona que ese día se quería castigar. Ello provocó que cientos de obuses fueran lanzados durante la guerra contra este edificio y que la Gran Vía fuera llamada por ello "la avenida del quince y medio" por ser este el calibre de los obuses utilizados. También la plaza Vázquez de Mella, que se encuentra a espaldas de la Telefónica, fue objeto de todos aquellos impactos que pasaban por encima del edificio, lo que hizo que los madrileños la llamaran la "plaza del guá" en referencia al agujero en el que se meten las canicas.

160 impactos

"Durante la guerra, Cárdenas se quedó y todos los días revisaba el edificio y marcaba en rojo en sus planos los impactos que había recibido. Aproximadamente, contabilizó cien en la fachada de la calle Valverde, por ser la que da a la Casa de Campo, y 60 en la fachada de Gran Vía. Cárdenas se ocupaba de las labores de mantenimiento y refuerzo. Afortunadamente, los bombardeos no afectaron gravemente al edificio y eso que un obús entró por una ventana", dice Esparcia.

La elección de este rascacielos como objetivo estaba también relacionada con su uso. Si las cinco plantas superiores habían sido vaciadas por estar más al descubierto .incluida la novena donde estaba la sala del Consejo de Administración y el despacho del presidente-, el resto siguió siendo utilizado "El servicio telefónico siguió dándose en la cuarta y quinta planta; el sótano fue utilizado como refugio antiaéreo para los vecinos de la zona y la República instaló en el edificio, además de un puesto de observación en la terraza, una oficina del servicio de censura que controlaba las informaciones que los corresponsales extranjeros enviaban a sus periódicos sobre la marcha de la guerra", explica Esparcia. Algunos autores de la época aseguraban que ciertos funcionarios 'cumplían' con su obligación y censuraban las crónicas 'a oído' porque no sabían inglés.

Acabada la guerra, la existencia del edificio no sufrió cambios importantes hasta que entre 1951 y 1955, el arquitecto Fernández del Amo -Cárdenas se encontraba exilado en París- sustituyó el edificio trasero, con fachada a Fuencarral, donde en 1926 se había instalado la primera central automática, por uno nuevo que se dedicó a Escuela de Formación de Telefónica. Para entonces, la propiedad de la compañía había variado, pues en 1945 el Estado español había nacionalizado la compañía y se había hecho con el 79,6 por ciento de las acciones, aunque ITT mantuvo el contrato de mantenimiento y suministro. Este porcentaje en manos del Estado disminuyó tras una ampliación de capital en 1967, antes de procederse a la privatización de la compañía mediante dos ofertas públicas en 1995 y 1999.

Un reloj a 70 metros de altura

El edificio principal volvió a las portadas de los periódicos cuando en 1967 se colocó en el torreón central, a 70 metros de altura, una enorme esfera de reloj con un minutero que mide 2,5 metros y una aguja horaria de 1,5 metros. Recientemente se ha cambiado la iluminación que era roja por otra azul. La relación de la Telefónica con la hora era anterior pues en el edificio se encontraba el reloj patrón por el que se regía el servicio horario de la compañía que, durante muchos años, fue utilizado por las emisoras de radio para dar las horas.

La siguiente reforma llegó en 1992 y afectó a las cuatro primeras plantas del edificio principal que se dedicaron a la exposición de la colección de arte de la Telefónica. La inauguración fue presidida por el rey Juan Carlos. No habían terminado, sin embargo, los cambios. En 2012 Espacio Fundación Telefónica presentó la reforma acometida, esta vez, en las cuatro plantas del edificio trasero al que se accede por la calle Fuencarral. Sus 6.370 metros cuadrados fueron totalmente remodelados por Quanto Arquitectura y Moneo Brock Studio para dedicarlos a exposiciones. Hoy, este edificio, con hall de acceso, sala de mapas, tienda librería, auditorio, salas de exposiciones, aulas, un ascensor panorámico y una soprendente escalera helicoidal de acero corten, es la auténtica locomotora cultural de Telefónica.

La reforma permitió además liberar la planta baja y la primera del edificio principal para convertirlas en tienda donde mostrar y vender las últimas novedades tecnológicas de la compañía. Es una lástima, sin embargo, que las paredes y suelos originales, de mármol de Macael -aún se pueden ver algunos ejemplos protegidos por un cristal- hayan sido recubiertos con objeto de preservarlos, perdiéndiose así la imagen que la compañía hace ocho décadas quiso dar a sus futuros clientes.

Ver fotografías de la torre de Telefónica

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