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Independencia tutelada

Independencia tutelada

lunes 04 de agosto de 2008, 00:00h
A veces una pequeña ayuda es lo único que necesitan los discapacitados para lograr una gratificante independencia. Con este objetivo trabajan en los pisos tutelados que gestiona la Fundación Betesda.
“Todos los días soy el que se levanta primero, ni más ni menos que a las 5 de la mañana para ir a trabajar. Llego sobre la hora de la comida”, explica Luis Fernando de 42 años. “Por la tarde nos dedicamos a hacer las tareas de la casa, cada uno tiene la suya y la solemos cumplir todos los días. Como ves es una casa normal y corriente, es nuestra casa”, concluye Luis Fernando, residente de uno de los dos pisos tutelados que la Fundación Betesda tiene el la calle de Geranios número 47, en el madrileño barrio de La Ventilla.

En este piso residen seis personas, con edades comprendidas entre los 27 y los 55 años. El objetivo es que vivan su vida de la forma más independiente posible. “Betesda tiene una residencia para disminuidos psíquicos no severos, la residencia Belisana. Fue trabajando allí donde nos dimos cuenta de que algunos de ellos podrían llevar una vida más autónoma y por eso surgió la idea de crear los pisos tutelados”, explica María José Jiménez, directora de la Fundación Betesda.

“Las 12 personas que viven en los dos pisos tutelados que tenemos en este bloque tienen más capacidad que los demás, se pueden valer por sí mismos y llevar una vida más autónoma. Aquí son ellos mismos quienes limpian, hacen la comida, lavan su ropa, plancha o administran su dinero. Eso sí, siempre tiene que haber aquí una educadora o una cuidadora con ellos, nunca se pueden quedar solos, por eso los llamamos pisos tutelados”, indica Jiménez.

Nuria López es una de esas personas, en concreto ella es educadora y además coordinadora del piso. “Nosotras estamos aquí para enseñarles como hacer las tareas de la casa y para que ellos sepan como administrarse el tiempo y el dinero. Pero en realidad todo lo hacen ellos. Algunos necesitan más ayuda que otros porque olvidan con mucha frecuencia como se tenía que hacer esto o aquello, pero para eso estamos aquí nosotras, para refrescarles la memoria”, declara Nuria.

Los pisos están financiados por la Concejalía de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid. “Es la propia Comunidad de Madrid la que se hace cargo de pagar el alquiler del piso. El resto de los gastos, como el teléfono, lo pagan los propios usuarios del piso. Nosotros, desde la Fundación, no podríamos hacernos cargo de estos dos pisos porque el 80 por ciento de nuestro presupuesto lo destinamos a pagar los sueldos de todos nuestros trabajadores”, concluye Jiménez.

“Al final es como si tuviera dos familias, la mía propia y la del piso” declara Conchi García, otra de las cuidadoras del piso. “Yo paso con ellos todas las tardes y ahora en verano, como solemos salir todos a la piscina, le digo a mi hijo pequeño que se venga con nosotros. Incluso a veces los fines de semana salimos todos juntos a la discoteca o a cenar. Al final termino juntando más de una vez a mis dos familias. Trabajar con ellos es muy gratificante, nunca llego a mi casa indiferente después de haber estado con ellos”, concluye García.

“A mí lo que más me gusta es cuando salimos o hacemos fiestas en el piso”, declara José María, un usuario del piso de 47 años, que reconoce que vivir en el piso tutelado le hace sentir más independiente.
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