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Días solidarios en el desierto

Días solidarios en el desierto

lunes 09 de junio de 2008, 00:00h
Un grupo de escolares madrileños viajó a Marruecos para comprobar cómo viven los niños que no tienen agua corriente, viven en casas de adobe y tienen que andar dos kilómetros para ir al colegio.
La sala de Exposiciones de la CEMU (Ciudad Escuela de los Muchachos ) de Leganés ha sido testigo de la muestra 'El desierto de los niños', una exposición itinerante que viajará a Algete próximamente y que refleja las experiencias vividas por 85 niños que, acompañados por sus padres, realizaron un viaje a África en Semana Santa para llevar a cabo un intercambio cultural con los niños de la zona.

“El objetivo que perseguimos al organizar este viaje y la consiguiente exposición es cooperar en la educación de los niños marroquíes y a la vez enseñar a nuestros propios hijos que no todas las personas de su edad tienen la suerte de ir a buen colegio, de tener una videoconsola o de vivir rodeados de comodidades”, asegura Irene González, organizadora de la caravana.

La idea surgió hace ya cinco años, cuando un grupo de personas que viajaban a África con asiduidad se planteó la posibilidad de llevar a sus hijos en el siguiente viaje. “No somos una ONG, sino un grupo de personas que pretenden enseñar a sus hijos a través del gran libro de la vida. Siempre que iba a África lo hacía solo, sin mi familia, y llegó un día en el que me planteé que me acompañaran mis hijos porque ellos iban a disfrutar incluso más que yo de la experiencia. Y ya que les llevaba, que por lo menos el viaje les sirviera de algo, que además de divertirse les proporcionara una enseñanza vital. De esa manera surgió la idea de visitar escuelas y de que tuvieran un intercambio cultural con los niños africanos de su edad”, explica Nacho Salvador, de 42 años.

Esta caravana, que en marzo viajó al sur de Marruecos por cuarto año consecutivo, se lleva a cabo con la colaboración de Aquarius, que facilita un camión 6x6 del Dakar y dos toneladas de material escolar y los transporta a las escuelas. Este año han sido las de Merzouga, Taouz, Ouzina, Villa de Tafraute y otras aledañas.

“Gracias a lo que les entregamos esos niños, mejorarán en sus estudios durante más de un año. El camión les entrega estuches de pinturas, ceras, lapiceros, sacapuntas,  borradores, cuadernos, pizarras con tiza y borrador y balones, entre otros muchos objetos educativos. Lo único que les pedimos a cambio es que nos hagan un dibujo de lo que ellos quieran porque queremos que sientan que valoramos mucho su trabajo. Estos dibujos también los exponemos en la muestra de fotografías”, asegura González.

A este viaje se puede apuntar cualquiera siempre y cuando no se superen las 200 personas. “Los únicos requisitos que hay que cumplir son tener un hijo de entre 5 y 14 años y además poder disponer de un vehículo todoterreno para viajar hasta África. No hay que olvidar que tenemos que recorrer más de 4.000 kilómetros hasta llegar al sur de Marruecos, nuestro destino, y que necesitamos vehículos que puedan andar por el desierto”, añade Salvador.

La novedad de este año ha sido el Programa de Salud Bucodental, un importante proyecto con el que se pretendía prevenir las caries y mejorar el estado de los dientes de los niños marroquíes. “Además de material escolar, les hemos llevado miles de cepillos, pasta dental y colutorios, y los dos dentistas que viajaban en la expedición con nosotros enseñaron a madres, maestros y niños  cómo debía realizarse el lavado dental. Ya estamos pensando en otro proyecto para el año que viene”, declara González.

Normalmente la caravana se lleva a cabo en Semana Santa para que los niños no pierdan días de colegio y, antes de emprender el viaje, los organizadores ya han realizado dos expediciones previas: una en verano para contactar con las escuelas del sur de Marruecos que más ayuda necesitan y otro dos meses antes de partir con los niños para elaborar la ruta que van a seguir. “Siempre buscamos patrocinadores para financiar el viaje porque si no saldría muy caro”, añade Salvador.

En esta cuarta edición de 'El desierto de los niños' han viajado 115 adultos y 85 niños. Entre ellos estaba Alberto, de 11 años, que repite por cuarto año consecutivo y se muestra encantado con la experiencia. “Cuando vuelvo a España, me siento raro porque veo que tengo muchas cosas. Allí no tienen nada, solo arena del desierto y piedras, y sin embargo son felices. Ahora valoro más lo que tengo y me gustaría decirle a la gente que también lo haga. habría que donar lo que no se quiera a la gente que más lo necesite”, reflexiona.

Después de abandonar Leganés, la exposición viajará a Algete en septiembre para mostrar la experiencia de estos niños madrileños.
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