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La equitación como terapia

La equitación como terapia

domingo 04 de mayo de 2008, 00:00h
La equinoterapia o terapia con caballos tiene ciertas ventajas: son animales afectivos, es una actividad que se realiza al aire libre y además mejora trastornos de personalidad, psicomotores, sensitivos y cognitivos. Un grupo de discapacitados madrileños se benefician de ella cada semana.
Concientes de todas estas ventajas, los trabajadores de la Fundación Caballo Amigo se esfuerzan cada día para que los niños, jóvenes y adultos con discapacidad mejoren su calidad de vida al tiempo que disfrutan de un rato agradable montando a caballo en plena naturaleza.

Los beneficiarios de la terapia pueden ser niños o adultos afectados por  alguna discapacidad física, psíquica, sensorial, enfermos mentales  o con problemas de integración social. “Oí hablar de la equinoterapia hace cuatro o cinco años”, comenta Mar, madre de una de las alumnas.

“Mi hija tiene ahora 11 años y disfruta mucho viniendo aquí porque se relaciona con más gente de su edad. Le viene muy bien llevar las riendas del caballo, sentir que ella dirige algo. Para ella, más acostumbrada a hacer lo que la gente le dice, es muy estimulante la sensación de estar encima del caballo, como en las alturas. Le sube la autoestima. Ha cambiado mucho, y a mejor, desde que empezó con esta  terapia”, añade Mar.

La principal ventaja de la equitación, frente a otras terapias tradicionales, es que es una actividad que se realiza al aire libre, concretamente en el Club Hípico San Luis, en Villafranca del Castillo, perteneciente a la Comunidad. Además el caballo, que es un animal inteligente y afectivo, se desplaza rítmicamente en los tres ejes del espacio.

Este movimiento rítmico transmite movilidad a la persona que lo monta sin que esta tenga que participar en la actividad, pero al mismo tiempo hace ejercicio y relaja los músculos. “A Santos le viene muy bien para ir perdiendo progresivamente la rigidez de sus extremidades”, comenta María José, madre de otro alumno de 10 años. “Al nacer sufrió una parálisis cerebral y le afectó a los brazos y a las piernas, y el movimiento del caballo le viene muy bien porque le relaja esas zonas. Él disfruta enormemente viniendo aquí, de hecho ya lleva cuatro años montando a caballo, desde los 6, y no se cansa”, añade María José.

La terapia consta de una sesión semanal, que se celebrará en el horario asignado previamente a cada persona. “Nosotros no fallamos prácticamente nunca, sea invierno o verano. Incluso en invierno no pasamos frío esperando a que Santos termine. Es como si hubiera una especie de microclima aquí. Será porque le vemos disfrutar”, explica María José.

Los alumnos, ya sean niños, jóvenes o adultos, están aproximadamente media hora dando vueltas sobre el caballo en un circuito y siempre en compañía de uno de los monitores. Aquí realizan diferentes actividades, dependiendo del nivel que tengan como jinetes. En el último cuarto de hora de clase,  monitores y alumnos salen a pasear a caballo por el campo, fuera de este circuito. Si los jinetes son niños pequeños el monitor puede acompañarles en el mismo caballo.

“Este es mi tercer año como monitora y cada caso es un mundo pero, como ventaja común a todos, la equinoterapia les ayuda a tener iniciativa, a subir su autoestima. Salen de aquí sintiéndose capaces de hacer muchas cosas. Nos gusta trabajar a nivel individualizado y al mismo tiempo buscamos que se relacionen entre ellos, que jueguen o disfruten en grupo y también con nosotros. Es un trabajo muy gratificante primero por las satisfacciones que te reporta ver como ellos disfrutan montando a caballo y, segundo, porque trabajamos junto a un animal pacífico, noble e inteligente”, asegura Olivia del Rosario, monitora de la Fundación Caballo Amigo.

El club hípico está activo tres mañanas y cuatro tardes a la semana y la terapia consta de una sesión semanal, que se celebra en el horario asignado previamente a cada persona.  Estas terapias las financia la propia Fundación Caballo Amigo y los usuarios deben pagar 110 euros al mes por cuatro o cinco sesiones. “Me gusta mucho venir porque me encantan los caballos y porque juego con mis profesores. Además ya le he cogido mucho cariño a mi caballo, Catalina. Es que hace ya mucho tiempo que estoy con él”, asegura Santos.

La Fundación Caballo Amigo es una entidad sin ánimo de lucro, que se fundó en el año 1998 por un grupo de profesionales de la medicina y el deporte, con el fin de difundir en España las actividades ecuestres dirigidas a personas discapacitadas o con problemas de integración social.
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