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Ecología artesana

Ecología artesana

jueves 05 de abril de 2007, 00:00h
Aquí lo rural se convierte en ecología pura. En este pequeño rincón del extremo occidental de la provincia el medio ambiente ha encontrado en los hábitos artesanos su mejor expresión. Es 'El Espíritu del Bosque' un centro de ocio al más puro estilo campestre donde el "observar, fabricar y cocinar" se ha convertido en su esencia.
La esencia del campo se lleva hasta la mesaEstá a pocos kilómetros de Santa María de la Alameda, a los pies del futuro Parque Nacional del Guadarrama y rodeado de parajes que aún conservan una pequeña parcela de privacidad.  En esta finca rodeada de hermosos robles uno puede aprender a llevar los regalos del campo a  la despensa, espiar a los pájaros en su entorno natural, encontrar setas fuera del súper o hacer mermeladas y panes ecológicos o jabón natural.

El alma del Espíru son Pamela y Juan Carlos, una pareja de madrileños que no terminaban de imaginar su futuro en la vorágine de la gran urbe. Este negocio les ha cambiado la forma de ver la vida y de vivirla, después de dejar atrás la seguridad de la vida urbana. "Si crees y te interesas por algo tienes que conocerlo, formarte y  estudiarlo, primero para saber de qué hablas, y luego para llevarlo a la práctica en tu propia casa". Así es como Pamela su marido y la tercera socia, la madre de Pamela, se han convertido en defensores del ecologismo más básico: la vuelta a la esencia del campo, la fabricación artesana, el uso de materiales naturales, o el consumo de los productos de la huerta, donde, por supuesto, no hay lugar para pesticidas.

El taller de la harina Hoy están con las manos en la masa, en un taller de harina en el que Juan Carlos se recrea con panes de cereales y harinas ecológicas. Es cocinero y aún conserva su trabajo en algunos programas televisivos de cocina, "hasta que el negocio funcione a buen ritmo", dice. Ha puesto sus conocimientos de gastronomía al servicio del Espíritu del Bosque llevando a la mesa materias primas ecológicas y hortalizas naturales que, cada temporada, crecen en su propia huerta.  "Queremos recuperar el atractivo de la naturaleza y dar a conocer los infinitos recursos que tiene para aprovecharlos en los talleres", explica Pamela, que también ha llevado su impronta y sus conocimientos de interiorismo hasta esta casa de pueblo.

Lo mejor de la huerta es oler y saborear las verduras y hortalizas a pie de mataPropuestas
Pero además del pan o los dulces elaborados a base de harinas ecológicas, los clientes pueden aprender a hacer cosméticos naturales -cremas, jabones, sales de baño, tónicos, geles o colonia-, velas, rastrear por el monte en busca de setas para después llevarlas a la cazuela, observar las aves del bosque -autillos, pinzones, carboneros, herrerillos, abejarucos...- o descubrir el entorno. Son algunas de las propuestas del Espíritu del Bosque que, desde que echó a andar hace ahora ocho meses, es cada vez más demandado por empresas que buscan actividades para incentivar a sus empleados o administraciones locales que subvencionan cursos a determinados colectivos. Los precios de las actividades oscilan entre los 40 euros un día, hasta los 85 un fin de semana, con almuerzo y comida incluido.

Desde los ventanales de esta casa, situada en una empinada ladera, se contempla buena parte del valle de Robledondo y algunas de las siete pedanías de Santa María de la Alameda, más allá de las ramas por las que revolotean los herrerillos y los trepadores, a los que Pamela y Juan Carlos han colocado cajas nido. "Lo siguiente -explican- será arreglar la casa, pintar, darle mejor aspecto e instalar energías renovables". Pero por el momento, tienen bastante con transmitir a sus visitantes el encanto de lo natural: como huele o como sabe un tomate recién cogido, un silencioso paseo por este entorno, la sensación de amasar el pan del almuerzo o el placer de descubrir el color y los sonidos del bosque, donde el espíritu no siempre se esconde.
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