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Los médicos también lloramos

Los médicos también lloramos

martes 22 de enero de 2008, 00:00h
Con mucha frecuencia, muchos de mis pacientes y amigos piensan que los médicos no sufrimos como el resto de los humanos porque estamos muy acostumbrados a la muerte, toda vez que a través de nuestra experiencia personal aprendemos a convivir con ésta siempre “mal venida” visita al final de la vida. ¡¡¡Qué equivocación llegar a pensar esto, no sólo de los médicos sino de cualquier profesional sanitario!!! Nuestra profesión, siempre llena de vocación y entrega nos obliga a tratar por todos los medios de ayudar a conservar no solo la salud, sino la vida de nuestros pacientes.

Y cuando la desgracia hace que la muerte sea un hecho inevitable, el proceso final de la vida de nuestro paciente, los médicos lloramos de impotencia, por no poder hacer nada más de lo que hayamos hecho, de rabia por no poder ganarle la batalla a la muerte y cómo no, también lloramos de pena, porque en definitiva se nos va un amigo, nuestro paciente.

Esto es que les ha ocurrido a los médicos y al resto de los profesionales sanitarios del Hospital del Niño Jesús de Madrid, porque se les acaba de ir un gran amigo, y no sólo de ellos, sino también de todos los niños que allí están ingresados, porque Diego Gallego además era un fantástico “voluntario payaso”, al que galardonaron con el “Premio Tonetti a la mejor labor humanitaria”.

Diego, un muchacho de 21 años, con unas ganas de vivir que contagiaba a todos los que hemos tenido la suerte de conocerle, fue diagnosticado a los tres meses de vida de una fibrosis quística que poco a poco le ha ido robando todas las esperanzas de poder vivir la vida que él soñaba: ser futbolista como su ídolo Iker Casillas, payaso y periodista, pero de los de la “tele”.

Desde los tres meses ha luchado con todas sus fuerzas y con la ayuda siempre abnegada de sus padres, su abuela y el resto de su familia y todos sus amigos, entre los que se cuenta de una forma especial Javier Urra, nuestro primer Defensor del Menor. Un día, la solidaridad de un donante anónimo le facilitó una verdadera prórroga en su vida gracias a un trasplante de pulmones. Una prórroga que si bien no le ha permitido llegar a ser un futbolista como Iker, sí que le ha concedido el honor y la satisfacción de ser un payaso de referencia para todo el Hospital Niño Jesús, “el hospitalillo” para todos los que tenemos un cariño especial a esta Institución.

Pero también esa prórroga le ha permitido a Diego ser un “periodista de los de la tele”, gracias especialmente al corazón y la entrega de un gran amigo como lo es Constantino Mediavilla, que le cedió el micrófono y la pantalla del programa “El Brasero”, donde tuve la suerte y el honor de conocer al gran Diego Gallego y a sus maravillosos padres.

Y ahora, después de tanta lucha, la impotencia de la medicina, por muy moderna que queramos decir que es, ha hecho “impotentes” a todos los profesionales sanitarios que cuidaban con vocación y entrega a Diego. La muerte se ha apoderado de esa vida llena de ilusión, jovialidad, entrega y amor.

¿No es para llorar?. ¡¡¡Pues claro que los médicos y todos los profesionales sanitarios lloramos de rabia, de impotencia y de pena, porque se nos acaba de ir no solo un paciente, sino también un amigo!!!

Estoy seguro amigo Diego, que allá donde estás, jugarás como portero en Primera División parando todos los goles que la muerte quiera meternos a quienes te queremos.

Dr. Jesús Sánchez Martos
Médico y Catedrático de Educación para la Salud
Universidad Complutense de Madrid.

Jesús Sánchez Martos

Catedrático de Educación para la Salud en la Universidad Complutense de Madrid

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