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Hechas las presentaciones y tras una detenida mirada de Lucas Marcos Mateo a la corbata que se iba deslizando desde el cuello de Joanet, Genaro atacó la conversación
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Hechas las presentaciones y tras una detenida mirada de Lucas Marcos Mateo a la corbata que se iba deslizando desde el cuello de Joanet, Genaro atacó la conversación

Capítulo 20: ' La delegación de Madrit'

La mañana siguiente era el día. Se jugaba el clásico, el ejército de voluntarios senegaleses se había desplegado, llegaba la delegación catalana, y la alcaldesa iba a la compra para poder preparar magdalenas el fin de semana.

En los bajos del Ayuntamiento que ya conocemos se reunía el cuartel general de las fuerzas defensoras de España.

No muy lejos de allí, en lo más granado del barrio de Lavapiés, y en la casa de las amigas de Cucurull, que amablemente les habían alojado tras la agitada noche, los agentes secretos desayunaban animosamente en la cocina una gran bolsa de churros y porras que Montull acababa de subir.

En Cibeles, la situación apremiaba:

- El lunes se ven con la alcaldesa ¿no, Manoli? –Preguntaba Julián como preparando un informe

- Sí, mi Julián –imitó Manoli el saludo militar

- ¿A las 9.00h en punto? –sonrió complacido por el rango castrense otorgado

- ¡Sí, señor! –continuó Manoli la broma

- Pues no tenemos mucho tiempo –apuntó Genaro

- Estos cabrones se me escaparon por poco. Si no llega a ser por el merluzo que se puso en medio… -resoplaba resignado Joanet

- Pero, amigo Joanet ¿cómo fue la cosa? Os vi a los dos que ibais para

la pasarela, pero, por no perder mi turno en la cola camareresca, os perdí de vista –dijo Aurelio ingenuamente

- Ya, ya –me miró aviesamente. Vi la ocasión, la verdad. No tenía nada

pensado más que estudiar el terreno, pero cuando vi a Cucurull asomado y con una cara de terror por el vértigo, ni me lo pensé. ¡A por él! –me dije… Ese arrojo es el que me hizo uno de los agentes más apreciados en el CNIcat. No por nada me encargaron la misión de Waterloo, cuando….

- Oye, Joanet, que nos dan las uvas ¿Qué coño pasó? –Interrumpió marcialmente Perales

- Me fui para él y, justo cuando iba a cogerle de las piernas para volcarle apareció ese larguirucho con cara de despistao y preguntando no sé qué cosa de la arquitectura. Con la interrupción, Cucurull se volvió y, al verme, quiso empujarme él, con tan mala suerte que a quien entre los dos empujamos fue al largo, que se quedó colgando por fuera. A punto estuve de largarme, pero aquel hombre empezó a gritar y me agarró de una mano y ya vino más gente y se lio una cojonuda y… ya está.

- Vaya, una lástima, sin duda –dijo flemáticamente Genaro

- Y un escalafón en el Colegio de Arquitectos que no corre –apuntó maliciosa y burocráticamente Julián.

En la cocina del piso de Lavapiés, Montul, estaba engullendo una porra de

50 centímetros mojada en café con leche. Como la lavadora le servía de mesa, el café se movía solo

- ¡Oye, no tengo ni que remover el azúcar! ¡Qué invento!

Mira que me fastidia decirlo, pero los churros en Madrit, están superiores…

- ¿Y el comercio? ¿Has visto ayer las tiendas de la calle Fuencarral?

Unos precios estupendos. Yo, en un rato, me voy a hacer unas compras –asintió Montse

- Y nuestro amigo Cucu ¿no ha amanecido?

- Por los gritos que escuché anoche, me da que ha estado ocupado – repuso Montse con medio churro en curva saliéndole de la boca, acariciándole la nariz. Mira, tú, yo mojigata no soy, perooo, una cosa es una cosa y otra cosa...

- Es otra cosa –completó risueño Montull, metiendo un dedo en el agujero del churro

- Pues sí, la verdad. Un poco de moderación ¿no?

- ¿Y cómo fue lo de anoche en el hotel? ¿Tú lo viste?

- Yo estaba estudiando a la alcaldesa y su equipo…

- Hafiéndote un felfie, jodía… farfulló Montull con dos churros dentro de la boca

- Bueno, sí, estaba en la cola… Es una mujer encantadora, la verdat.

- ¿Y?

- Pues mira, no vi casi nada. Justo cuando estaban haciéndome la foto, y por el rabillo del ojo, vi que Joanet se iba lanzado hacia Cucurull pero, para no salir mal en la foto, me giré un momento solo… y cuando ya me liberé, un senyor muuuy alto estaba colgando por fuera gritando, Cucurull insultando a Joanet, Joanet insultando a Cucurull, cada vez más gente mirando y un lío, tú, morrocotudo. Yo creo que Cucu estuvo a punto de tirar a traidor, pero… con el lío…

- Vaya, una lástima, sin duda–apreció Montull sentado en la lavadora

y acariciándose la panza… ¡Qué ricos estos churros, sí señor!

En Cibeles se tramaban planes alternativos

- Señores, tenemos que movernos rápido. La delegación catalana viene hoy, y sus servicios secretos desplegados en Madrid nos indican claramente que vienen a por todas –arengaba Genaro

- Sí, correcto. La reunión con la alcaldesa es el lunes. Este fin de semana puede ser crucial para la suerte de España… Perales miró hacia arriba en pose histórica, pero sólo una lámpara rota encima de su cabeza, en el almacén del sótano, era reflejo de la epopeya.

- Tenemos que conseguir más apoyos, jugar una última carta –dijo enigmáticamente Joanet

- ¿A qué te refieres? –Le requirió Genaro

- Pues a donde quizás debimos recurrir desde el principio: a los poderes fácticos. A los empresarios, a los medios, a los verdaderos influyentes en la sociedad.

- Influencers, se dice ahora –apuntó Aurelio por tener algo que decir.

Todos le miraron reprobatoriamente y como dándose cuenta de repente de su presencia –Lo he visto en un programa de Antena 3 – dijo con aplomo.

Tras un silencio que quería decir ¿y con este idiota qué hacemos? - Genaro retomó el discurso.

- Tienes razón, primo. Es urgente contactar con la CEOE y con algún periodista de campanillas. Eso puede dar un giro a esta situación.

- Bueno -dijo Julián, siempre en clave de hombre “de los recursos” y los contactos- Yo creo que conozco a la persona que estamos buscando. Sí, Peregrino Perplejo, el famoso periodista local, próximo cronista de la Villa, seguramente. Conoce a todo el mundo y es capaz de abrir cualquier puerta en esta ciudad. Tiene una pequeña flotilla de audaces reporteros a su cargo y no se le escapa nada… No me extrañaría que ya estuviese detrás de esta pista tras el escándalo de ayer en el Hotel Plaza de España…

- ¡Estupendo! -se frotaba las manos Joanet ante la expectativa de la gloria impresa- Llámale hoy mismo

- Bueno sí, pero… no os olvidéis que hoy es el partido Madrid-Barsa…

- ¿Y?

- Pues que la ciudad se paraliza y creo que Peregrino, además de gran aficionado al golf, es amigo, tanto de Florentino como de Cerezo

- ¡Qué tío! ¡Eso sí que es dominio! Dijo Aurelio sin poder contenerse

- Bueno –siguieron sin hacerle ni puñetero caso- ¿qué hacemos entonces? -inquirió Perales-. Yo, como agente de la autoridad, claro,

tengo entrada en el estadio y podría ir a echar una visual, pero no le conozco. Y a ti, Genaro, no puedo colarte ni de coña

- Ya, bueno. Ni falta que hace. Vamos a hacer lo siguiente: Perales, Manoli, y Julián os desplegáis en torno al Bernabéu y a ver si contactáis con Peregrino (os paso una foto del sujeto) –dijo en plan profesional- Joanet, Aurelio y yo vamos a quedar con un importante empresario amigo mío en el Club Financiero Génova. Tenemos que sacar toda la artillería, amigos –remató mirándoles a los ojos a cada uno como sólo los grandes generales saben hacerlo.

Mientras en los bajos de Cibeles se iba concretando las acciones, en el otro cuartel general, el de Lavapiés, los tres agentes también estaban dispuestos para la acción:

- Bueno, pues yo me voy a hacer unas compras a Fuencarral –se despedía Montse. Nos vemos en el café Comercial a las 12h. ¡Adeu!

Cucurull, en camiseta sin mangas y con unas migas de churro prendidas de la barba sin afeitar, también se preparaba:

- Yo tengo que acompañar a Panchita y a Rosita a unos encargos

Y ante la mirada reprobatoria de Montull:

- Es lo menos que puedo hacer para corresponder a su hospitalidad…

- Joder, ¡vaya tropa! -Resoplaba Montull. Y en una hora tengo que contactar con Turull para reportar

- Bueno, tu dile que hemos estado a punto de cumplir la misión. Que

necesitamos una semana más en Madrit para tener éxito. ¿Qué te parece? Y le cuentas que ayer casi tiene una baja el ejército de patriotas…

- Ya, no te jode, y que ya sabemos al menos para qué vale un decano de arquitectura

- No, eso no le digas, que luego cogerá carrerilla con eso y nos volverá locos. Tu dile que…

- Bueno, ya me apaño yo. Y ya que hay tiempo muerto, pues yo me voy a ir a comprar lotería a la Puerta del sol, a la Manolita. Así, lo menos esta navidad me hago millonario

Cada uno de los agentes se desplegó por la ciudad con el mediodía en El Comercial como cita de concentración, pero, por esas casualidades que enredan el destino, mientras Joanet hacía tiempo dándose un garbeo por la Castellana, también Genaro y Aurelio iban a Doña Manolita a por un décimo con el que obsequiar al influyente empresario al que iban a visitar.

- No podemos presentarnos con las manos vacías. Y más cuando visitas a alguien con poder del que quieres ejerza un poco en tu favor ¿no te parece?

Genaro, desde que comandaba la conjura patriótica, acostumbraba a filosofar en voz alta y Aurelio era el recipiente de su sabiduría. Bien es cierto que había desarrollado una prodigiosa habilidad para desconectar en cuanto un sexto sentido le avisaba del “sermón a la vista” y que las interjecciones o comentarios generales que intercalaba cada poco le protegían contra la indigestión intelectual. Lo cierto es que desde que comenzaron el operativo, esta habilidad para desconectar no había sido detectada y eso le permitía estar sin estar.

Cuando llegaron a Dª Manolita la cola doblaba la manzana. Lo primero que hicieron, como todo profesional de las colas, es quedarse uno de retén al final, en el puesto de llegada, mientras el otro recorría la cola en busca de algún conocido para adelantar posiciones. Así fue esta vez y con el consabido salvoconducto de “Ah, aquí estás, no te encontrábamos” y un guiño como para desviar aviones, al conocido desprevenido, al poco estaban en condiciones de comprar la suerte y la fortuna a seis meses vista.

Con la euforia de la colada, descuidadas las reglas básicas del contraespionaje y no se dieron cuenta de que, a sus espaldas, y con unas enormes gafas redondas de sol de señora y una impropia bufanda para el mes de junio, un individuo con aspecto de turista escocés, prestaba indiferente atención a nuestra conversación. Era Montull.

- Bueno, pues como te decía, Aurelio -pontificaba Genaro- Lucas Marcos Mateo es un empresario que lo ha sido todo. Ha estado en todos los enjuagues en la época del pelotazo, amigo de Paloma…

- ¿Larrañaga? Preguntó con su técnica de conexión/desconexión

- Sí, coño, pero no digas apellidos –bajó un poco la voz. Y amigo de Alberto…

- ¿Piz Farallón? –volvió a preguntar en piloto automático

- Si, joder, pero… ¡que no digas apellidos! Mejor no te cuento nada -se volvió ofendido-

Ante la evidente indiferencia de Aurelio (no había detectado ningún espacio para intercalar alguna tos o algún comentario) Genaro arrancó de nuevo, incapaz de dejar de pontificar

- Nunca pudieron pillarle y tras una carrera de éxito sumó como colofón ser director de Madrid Destino. Creo que nos puede ayudar. Seguro que nos presenta a amigos o socios suyos del Club Financiero Génova. Ya verás, ya. Estos catalanes no se saldrán con la suya… Tenemos que apretar cara a su reunión con la alcaldesa, pero con toda la artillería…

Una vez comprado el décimo (bueno, y otro para los dos, que nos daría suerte), encaminamos la Gran Vía y, bordeando la plaza de Mogollones (como llamaban los madrileños a la plaza de Colón, por el acumulado de estatuas, banderas, bustos, memoriales y cachivaches patrióticos sin cuento) llegamos a nuestro destino.

En los bajos del edificio de Telefónica, Joanet nos esperaba acompañado de Mbaye y Abdul que le estaban reportando.

- ¿Están en el hotel que nos dijiste?

- Sí, son cuatro, dijo Mbaye

- Cuatro son, sí, observó Abdul

- Tenemos unos compañeros de guardia en la puerta que nos avisarán si salen

- Sí, si salen nos avisan –su compañero parecía un eco inverso del primero

Joanet les vio llegar y compartió el parte:

- Nos dicen los senegaleses que ya está la delegación en el hotel. A la hora prevista

- Perfecto, amigos. Creo que por hoy ya habéis cumplido el objetivo – palmeó Genaro en la espalda del primero.

Abdul cogió suave pero firmemente la mano de Genaro y mirándole fijamente:

- Perfecto, perfecto ¿Y… qué pasa con mi amigo de Retiro?

Eh, bueno, ya he hablado con el policía Perales… está haciendo gestiones, no te preocupes…

Con gesto de desconfianza y llevándose índice y corazón en forma uve a los dos ojos, Abdul le hizo una muda advertencia a Genaro y se desapareció con Mbaye, Castellana abajo.

- ¡Uff! Duros estos senegaleses ¿no? resopló Joanet

- Pues sí, y este ¡que encima ni es senegalés! Contestó Genaro. Es paquistaní. No se sabe qué es peor. En fin. Subamos que ya vamos tarde

En el ascensor que va directo de la planta baja a la terraza del edificio, subieron los tres bastante apretados y, al llegar al mostrador, un atildado recepcionista les examinó de arriba abajo, percibiendo perfectamente que no eran empresarios socios del club ni nada parecido, lo que alimentó su mirada suficiente e inquisitiva:

- ¿Señores? Buenas tardes. ¿Tenían cita con algún socio?

- Sí, por supuesto. Vamos a comer con Lucas Marcos Mateo. Gracias

- ¿Los tres? –repitió su mirada perdonavidas.

- Sí, claro, caballero. No hemos subido hasta aquí para hacer alpinismo

–le soltó Genaro ya algo mosca

- Bien, ejem… Me temo que el caballero –dijo mirando algo despreciativamente a Joanet- no cumple las normas del Club. Nuestra etiqueta exige llevar corbata…

Tras unos segundos de desconcierto, Joanet, que seguía con una imposible composición de su vestuario desde el acumulado de su viaje en capas, con notable sangre fría, preguntó impasible:

- No hay problema. Tengo una en el bolsillo. ¿El baño, por favor? Cuando al cabo de un rato de espera vimos regresar a Joanet, que había

recortado en forma de corbata uno de sus calcetines, Aurelio parecía que

iba a sufrir un infarto, pero él, con gran aplomo, se puso entre los dos vejetes y pasaron al comedor, sin que el cancerbero pudiese fijarse en exceso.

La vista desde el comedor del Club Financiero es una de las más espectaculares de Madrid: por saliente, el Retiro en todo su verdor, al norte, la gran trama urbana que desemboca en las cuatro torres y a poniente, las mejores puestas de sol de la Villa, que las tiene hermosísimas.

Los grandes ventanales daban al comedor una sensación de terraza suspendida del aire. Por el contrario, la decoración del local parecía haberse detenido en los años cincuenta y uno podría esperar ver aparecer en cualquier momento a Millán Astray del brazo (el único que tenía, claro) de Celia Gámez.

El aire austero y cuartelero, casi mejor decir, un poco anticuado, deslucía el intento de club inglés de los socios y el magnífico emplazamiento.

Desde la puerta de uno de los comedores laterales, una persona les hacía señas y, por fin, se sentaron a la mesa.

Hechas las presentaciones y tras una detenida mirada de Lucas Marcos Mateo a la corbata que se iba deslizando desde el cuello de Joanet, Genaro atacó la conversación, a la vez que los demás hacían lo propio con unos langostinos que estaban en una bandeja en perfecto orden.

- Lucas, te agradecemos enormemente que nos hayas hecho un hueco en tu ajetreada agenda

- De ninguna de las maneras. El agradecimiento es mío. Cuando supe el motivo de tu loable petición de ayuda cancelé todas mis citas y aquí estoy. Le he pedido, además, a un buen amigo, que nos acompañe en la comida. Puede ayudar y, de paso –dio guiñando un ojo de manera un tanto bribonesca- se le puede ayudar a él… y tutti contenti ¿no te parece, amigo Genaro?

- Desde luego, desde luego

- Ah, aquí viene

Un individuo, que frisaba la cincuentena, mirada huidiza y verborrea imparable, se acercaba adelantando la mano como si fuera la proa de un barco surcando las mesas

- Hola, hola, hola a todos. Perdón por el retraso, aunque sea sólo de unos minutos ¿verdad? Me alegro mucho de conocerles, señores

Según nos daba la mano con la derecha y nos palmeaba con la izquierda, su mirada errante parecía hacernos un escáner lateral:

- ¿Conocían el sitio? Una maravilla ¿verdad? Siempre que vengo a Madrid paro en este sitio. Me encanta la vista. La comida no es gran cosa, pero, ya saben ustedes, las personas con tanta vida social como yo, con una merlucita hervida y una lechuga, ya tenemos suficiente. Tanto champagne, tantos vinos caros, tantas exquisiteces, nos acaban estropeando el estómago. Yo, por mis ocupaciones tengo que viajar mucho. Hoy aquí, mañana allí. Hoy con fulano, mañana con mengano. ¿Y cuándo paro en casa? Pues muy poco, es la verdad… por eso nos llevamos tan bien mi mujer y yo –bromeó al vacío con una media sonrisa- ¿Hijos? Ni hablar. No ha sido posible. Los negocios,

¡ay sí!, los negocios han absorbido mi vida. Lucas lo sabe bien.

¿Vicios? Si, alguno, lo confieso: los buenos habanos y el licor de caña son mi pasión. Tampoco le hago ascos a tener una bonita casa y los tres coches deportivos que tengo, bueno, también me gustan sí señor. Pero, para algo se deja uno la piel ¿no les parece?

Hacía ya un buen rato que las cáscaras habían sustituido a los langostinos en la bandeja y que, hipnotizados por la catarata verbal del recién llegado, los comensales habían caído en una especia de letargo.

- Bueno, que estoy hablando demasiado y todavía no me he presentado: Tino Casanova, para servirles. Empresario de raza, así me defino. Llevo en la sangre la ambición de emprender, de triunfar, de conquistar mercados, de comprar y vender. El riesgo es mi adrenalina, la astucia mi herramienta, la representación, la salsa en la que me muevo y el dinero…el dinero… el aire que respiro…

Lucas Marcos Mateo, tan anonadado como los demás, había intentado varias veces meter baza para encarrilar el encuentro así que, cuando oyó la palabra respiro, se lanzó:

- Respira, Tino, siéntate y tómate algo y así, nuestros amigos nos pueden detallar qué podemos hacer por ellos…Genaro

Y dando una palmada para despertar al septuagenario camarero que se había quedado dormido en el quicio de la puerta, ordenó la comanda

- Bueno, muchas gracias… a los dos, por atender nuestra llamada. Mi primo Joanet, aquí presente, les contará los detalles, pero, en esencia, hemos sabido que una delegación catalana se reúne este lunes con la alcaldesa de Madrid y suponemos que luego con Moncloooaaa….-alargó la palabra para ver el efecto que producía tamaña confidencia- para condicionar al Gobierno de España y…. quedarse en Cataluña con las pensiones de los catalanes –soltó como quien suelta una bomba de neutrones. Joanet…

Joanet, que había logrado embutir su corbata/calcetín dentro de la camisa, y ponerse la servilleta al cuello para disimular el mamarracho, continuó la disertación, aunque quiso hacer un preámbulo gastronómico:

- Excelente este vino. Tenía usted razón. Estamos llenos de prejuicios.

Y lo de que el vino en brik no puede ser de calidad acaba de ser desmontado como un mito… Pues bien, como decía mi primo, hemos obtenido esa información (no puedo revelarles, obviamente mis fuentes) e inmediatamente nos pusimos en marcha. Debo prevenirles que nos encontramos en una situación, no quiero alarmarles, de cierto peligro. Ayer, sin ir más lejos, en la inauguración de un hotel en la plaza de España…

Tino Casanova se atragantó al oír lo del hotel y empezó a toser y a escupir el vino

- ¿No le ha gustado el caldo? –inquirió obsequiosamente Joanet

- No, no es eso, siga, siga. Es que algo he tenido que ver en ese negocio

y… todavía tengo algún asuntillo…pero siga, siga…

- Pues bien, como decía, ayer noche estuve a punto de perder la vida a manos de una gente secreto del CNIcat…

Ante la cara, medio de sorpresa, medio de cachondeo que Joanet veía en los dos anfitriones empresarios, tuvo que detenerse un minuto:

- El CNIcat, señores, es el servicio secreto de la Generalitat… ¿o creen ustedes que tras treinta años de autonomía no han montado su propio aparato? Debo decirles… debo decirles… que hasta hace poco yo era uno de los agentes más cualificados de dicho servicio…

Joanet había bajado la voz y al acercarse a la mesa la servilleta se había deslizado dejando ver el burruño que formaba en el cuello el calcetín retorcido ya irreconocible. Reaccionado rápidamente, enderezó la postura y la servilleta y continuó:

- Supongo que lo habrán visto hoy en las noticias “El decano del colegio de arquitectos, a punto de dejar el cargo” … Pues, ahí estábamos ayer, enfrentándonos a un comando que ha venido, sin duda, a preparar el terreno a la delegación.

Viendo el terreno propicio, y aprovechando la respiración de Joanet, Tino Casanova cogió carrerilla:

- Estoy impresionado. Impresionado y alarmado. No sabía los peligros a los que se enfrenta nuestro país y los abnegados servidores que, a veces desde la oscuridad (o en este caso, desde las alturas), velan por nuestra seguridad. Señores, cuenten con toda mi colaboración. Cuenten con todo mi patrimonio, mis empleados, mis energías, mi imaginación, cuenten con mi tiempo, con mis contactos, con todo lo que pueda ser útil en esta patriótica misión… Salvo con mis puros y mi ron, con lo que necesiten

- Gra… empezó a decir Genaro

- Pero, para ello, señores, es preciso que firmemos un compromiso de lealtad, un pacto, un acuerdo de caballeros. Una de mis empresas Seguros que Gano, es una de las más acreditadas nuevas empresas del ramo de pensiones. Si bien lleva sólo una semana operando en esta especialidad, lleva años ocupándose de cientos, qué digo cientos, miles de clientes que han confiado en nosotros sus apuestas. Sus apuestas de futbol, sus apuestas sobre los próximos casos de corrupción (ya saben: le van a caer tres meses se cotiza tres a uno; de tres años, cuatro a dos; absolución seis a uno…) y en fin, de todas las cosas que apasionan a nuestros compatriotas ávidos de fortuna. Unos pequeños ajustes normativos en Gibraltar me han aconsejado un cambio temporal de sector y, cuando Lucas me contó su arriesgada misión, ni me lo pensé y aquí estoy.

Se hizo un silencio tan espeso, que sólo la entrada del camarero con los platos ordenados, pudo abreviar la sensación de vacío y desvalimiento, de desconcierto y abobamiento en que nos había dejado la parrafada de Casanova.

En fin, después de dos horas de catarata y acuerdos incomprensibles a los que al parecer habíamos llegado, Tino se despidió agradeciéndonos el décimo (que realmente era para Lucas, pero como éste había desaparecido hacía un cuarto de hora camino del baño, se hizo depositario) y tras pagar nosotros la cuenta de la invitación, salimos como el pavo amnistiado el día de Acción de Gracias, sin saber muy bien qué habría que hacer el día siguiente.

Mientras todo esto ocurría en las alturas casposillas de Colón, no muy lejos de ahí, en el Café Comercial, la armada catalana debatía sus próximos pasos.

- Por lo que ha oído Montull –resumía Cucurull- la cosa es peor de lo que pensábamos. Joanet, no sólo se ha reunido con altos mandos de la policía y habrá vendido secretos del Estat Català, también ha contactado con la cúpula empresarial madrileña y van a tener una reunión con la alcaldesa de Madrid. Parece que viene Ada Colau con su equipo y quizás también gente de Esquerra. Y pronto. Quizás mañana. Tenemos que hablar con Turull y que nos cuente. Afecta y mucho a nuestra misión.

- Lo que tenemos que hacer es abortar esa reunión –dijo resueltamente Montull

- O colarnos en ella – sugirió sibilinamente Montse Rebull…

- Bueno, eso será mañana. Ahora, ¡vámonos al partido! Contestó

Cucurull. Como las entradas no sean buenas, ese Turull me va a oir…

Autor : Luis Cueto.
ilustraciones: Danish Xavier J. Morales B.

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