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La realidad oculta de la infancia y adolescencia trans: una lucha para reivindicar su identidad
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(Foto: Pixbay)

La realidad oculta de la infancia y adolescencia trans: una lucha para reivindicar su identidad

sábado 03 de julio de 2021, 08:50h

"Desde que tenía dos o tres años comenzó a mostrar un comportamiento de género 'no normativo'. Siempre tuvo amigas y le gustaba disfrazarse de princesa. En todas las películas que veía buscaba referentes femeninos y se dibujaba con aspecto de mujer". Olivia, seudónimo bajo el que oculta la identidad real un menor transgénero, ya ha cumplido los 11 años y desde bien pequeña comenzó a tener las cosas claras. Sus padres, Paula y Roberto - también nombres ficticios- todavía recuerdan el día en el que Olivia, dos años antes, recién empezado el tercer curso de Educación Primaria, les confesó que tenía claro que quería ser una niña y buscaba mostrarse como tal en todos los ámbitos de la vida: "Siempre lo ha tenido claro, incluso a veces nos ha dicho que, a pesar de lo difícil que puede llegar a ser en algunas ocasiones, no le merece la pena tirar la toalla".

Un camino de espinas el que deben atravesar las personas transgénero para conseguir hacerse un hueco en una sociedad que todavía discrimina por razones de sexo. "Ella siempre ha vivido muy alerta hasta este curso que ha empezado a sentirse más segura", cuentan los padres de Olivia. En el colegio, a pesar que el currículum educativo no está adaptado a la diversidad, lo cierto es que la menor ha contado con el apoyo de los tutores y las pautas establecidas por la Comunidad de Madrid desde 2017 para los alumnos trans, como el derecho a ser nombrado por su nombre, el respeto al vestuario y el uso de baños. "En la asignatura de Ciencias Naturales, cuando se habla de la reproducción humana y del cuerpo, siempre le resulta incómodo porque no se ve representada en lo que se relata en clase. Esos días se muestra tensa y nerviosa". Obstáculos con los que hay que aprender a convivir para no tener que salir a la calle "con el escudo en la mano" y hacer frente a un mundo hostil. Pero la convicción de lo que uno siente puede con todo. Y esta pequeña de 11 años lo sabe.

"Al principio tienes una cierta sensación de duelo porque la perspectiva de futuro se destruye y tienes que construir una nueva", explica la madre. El temor hacia el futuro que le espera a su hija es lo que le quita el sueño de vez en cuando: "El proceso de aceptación personal en una sociedad tan binaria es complicado para cualquier persona. Y las decisiones a las que tendrá que enfrentarse cuando vaya creciendo, así como la aceptación por la sociedad, son también un motivo recurrente de desasosiego", añade. En un escenario como este, los progenitores descubren que lo fundamental es dotar a la menor de las herramientas necesarias para salir al mundo, "segura de sí misma y sin miedo a mostrarse".

"Las decisiones y la aceptación por la sociedad son motivo de desasosiego"

Un miedo por el que pasan casi todas las personas transgénero, mostrar cómo realmente se sienten no es fácil. Por este motivo, es importante el asesoramiento de expertos que puedan encauzar el camino de las familias. Y ahí es donde Paula y Roberto encontraron su válvula de escape. Isidro García, trabajador social y sexólogo especializado en el trabajo con personas LGTBI se convirtió en su "ángel de la guarda". Sus indicaciones sobre acompañar y escuchar les abrió la puerta a un camino que desconocían. Un tránsito en el que se embarcan y que conlleva muchos cambios, comenzando por el del nombre: "Tenemos una solicitud pendiente en el Registro Civil desde marzo de 2020", aunque otros documentos, como el abono de transportes o el carné de la biblioteca, pueden cambiarse sin apenas gestiones.

Actualmente, para cambiar el género en los registros administrativos se requiere un examen médico para confirmar “trastorno de identidad de género” y terapia hormonal previa durante al menos dos años. Pero según el anteproyecto de la 'Ley Trans', adoptado el pasado martes por el gobierno, todo ciudadano español de al menos 16 años, incluso desde los 14 y bajo ciertas condiciones, podrá cambiar la mención de su sexo en el registro civil con solo pedirlo. "Es un gran avance", subraya Roberto. "La nueva ley permite no tener que aportar documentación médica ni pasar por tratamientos hormonales si no se desea, ni contar con la valoración de un magistrado"; celebra.

En el caso de Olivia, el seguimiento lo llevan desde el servicio de endocrinología del hospital La Paz. "Cuando se llega a la pubertad y si los padres están de acuerdo, se puede aplicar un bloqueo hormonal, completamente reversible, a la espera de que crezcan y lleguen a una edad en la que decidan si desean un tratamiento hormonal".

Cambio de nombre, un primer paso

"El cambio de nombre es una necesidad porque de lo contrario te obligan a dar explicaciones", se lamenta Isabel, madre de un joven de 19 años que prefiere mantener el anonimato: "Está con exámenes en la universidad y anda un poco nervioso".

Desde que tiene uso de razón, su hijo siempre ha sabido que era un chico. Los lazos rosas en el pelo, las faldas y las muñecas jamás le han gustado. Y lo que peor llevaba es que no le cortasen el pelo: "Siempre le decía que mejor largo y recogido en coleta". El trago más amargo llegó con la celebración de la Comunión: "Ella quería ponerse el traje de admirante de su hermano y yo me horroricé. Cómo iba a explicar eso y se lo negué".

Pequeños detalles sin importancia y que Isabel no supo entenderlos: "No fui capaz de percibir esa angustia vital de mi hijo". Con la misma naturalidad con la que le dijo que jamás se pondría pendientes, le contó a su madre que se quería operar el pecho cuando fuese mayor: "Me explicó que se lo quería quitar porque es un niño". En cuestión de minutos, esta madre se adentró en un mundo que desconocía por completo, al que se enfrentaba con la misma angustia que la familia de Olivia: "Los prejuicios de la sociedad que pueden hacerle sufrir".

"No fui capaz de percibir esa angustia vital de mi hijo"

A partir de la confesión del joven, comenzó el peregrinaje por médicos, psicólogos y otros expertos que tenían que valorarle para iniciar los procesos. "Lo peor son los profesionales que se encuentran con cosas que no conocen y te someten a juicios por tener un hijo transgénero". Unos juicios dañinos que "son innecesarios".

En el terreno educativo, hubo cambio de colegio. "Creo que no querían relacionarse con él aunque nunca lo decía". Cambio la falda por los pantalones para acudir cada día a las clases pero no terminaba de sentirse bien y sus amigos de siempre le dejaron de lado: "No podía consentir esa discriminación y le cambié". La mejor decisión, recuerda Isabel.

Solo quedaba aprender a tratarle en masculino con el lenguaje: "A mi madre le cuesta utilizar los pronombres pero sí le llama con su nombre", relata Isabel. Como ocurría también en casa de Olivia: "Se nos colaba mucho el artículo incorrecto, lo tenemos tan interiorizado que sale solo. Ella nos decía que lo que hacía era no contestar cuando nos equivocábamos para que así fuéramos aprendiendo".

Y el cambio de nombre llegó a casa de Isabel porque habían pasado dos años de tratamiento hormonal: "Mi hijo tenía claro que quería hormonarse porque no quería pecho. Como empezó tan pronto apenas tiene muy poquito". Los bloqueadores de la pubertad fue lo primero que le indicaron: "Era una tragedia cada vez que le bajaba la regla. Le creaba una disforia sobre su cuerpo con el que no se identifica".

"Te das cuenta que no estás solo"

Yolanda vive en Getafe y es madre de Noa: "Es un valiente y los tiene bien puestos". Con 14 años a punto de cumplir, cuenta a Madridiario que de pequeño intuía que algo le pasaba: "No sabía el qué ni que existían los roles de género". Un amigo del colegio le abrió los ojos: "Me ayudó a darme cuenta". Su madre reconoce que guardaba sospechas pero pensaba que se trataban de "caprichos" de la edad y que no tenía las ideas claras. Nunca pensó que el pantalón del uniforme y el pelo corto implicasen algo más. Pero llegó el día en el que Noa habló con su madre y le confesó que ya no podía más: "No me sentía bien conmigo mismo": En ese momento "si te dijese que me lo tomé bien, te mentiría", reconoce Yolanda. "Es como si perdieses un hijo, pasas el duelo, tienes muchos recuerdos y hasta tengo que quitar fotos que él no quiere ver", lamenta.

"No me sentía bien conmigo mismo"

Pero el duelo se supera y poco a poco, Yolanda fue entendiendo el proceso por el que debía pasar Noa. El menor reconoce que ha tenido mucha suerte con su familia porque "lo han aceptado fenomenal. Mi abuela la que mejor se lo tomó". Ahora se encuentra con los trámites administrativos para el cambio de nombre -solo añadirá una 'h' al final de su nombre (Noah)- y a punto de terminar un tratamiento para la donación de óvulos, antes de que comience la terapia hormonal: "Por si en un futuro los quiere". Y con los bloqueadores de pubertad comenzará en unas semanas. Le ayudará a frenar el desarrollo de los pechos en su caso y en otros, la barba o la nuez. Una manera de parar el avance físico con el que no se identifican y que les trastorna en muchos casos.

Acompañamiento y respeto: "Ser trans es un camino"

Todas estas familias contaron con el apoyo de Isidro García. Su experiencia a lo largo de 16 años le ha permitido ayudar a cientos de personas en este proceso y aunque la sociedad va poco a poco avanzando, no todos los menores trans cuentan con apoyo y comprensión. "Las familias llegan con mucha desinformación e inquietudes", explica. El miedo a que sus hijos sufran discriminación y tengan menos oportunidades que el resto les paraliza: "Que puedan sufrir trasfobia o retrasos educativos les atormenta":

El acompañamiento y las explicaciones acerca de todo lo que les preocupa es la mejor manera para enfrentarse: "Hay que dejarles claro que las vidas de las personas trans no son ni terroríficas ni están llenas de sufrimiento". Y dependiendo de la "interiorización del modelo normativo que ha generado la sociedad, que excluye a la realidad trans", el proceso será más o menos complicado.

"Ser trans es un camino y cuando no sabes lo que te espera por delante lo ves lleno de obstáculos, pero si hablas con la gente que lo ha pasado se hace más llevadero", explica Isidro que pone en contacto a las familias entre ellas y dedica su tiempo a espacios de acompañamiento psicológico individual: "Les acompaño desde el inicio hasta el final". Porque ante todo, como ocurre con cualquier otra realidad, la familia cumple un papel prioritario cuando se trata de niños, jóvenes o adolescentes: "Aquellos jóvenes LGTBI que han sido rechazados por sus familias, tienen ocho veces más riegos de intentos de suicidio o contraer enfermedades de transmisión sexual. Pero si el entorno famiiar es seguro, les das herramientan para que se enfrenten a todo". En este sentido, Isidro insiste a las familias en respetar y acompañar al ritmo que los hijos demanden: "Tan malo es retener el proceso de alguien como exponerle a situaciones para las que no están preparados".

En cualquier caso, lo que el experto quiere remarcar es que las personas transgénero no tienen "ningún problema de salud mental", a pesar de que Organización Mundial de la Salud (OMS) considerase, hasta el año 2019, la transexualidad como una enfermedad mental: "La identidad de género es algo que no se elige, se descubre".

Claves principales de la ley trans

La conocida como 'ley trans' llegó al Consejo de Ministros tras meses de disputas entre el Gobierno de coalición. Una normativa que ha tenido varios desencuentros entre Unidas Podemos y PSOE, pero que finalmente ha obtenido el visto bueno del Ejecutivo y el texto llegará al Congreso para su debate.

En la propuesta final se ha recogido uno de los asuntos más polémicos y que más había dividido al Gobierno de coalición: la libre autodeterminación de género.

-Se podrá cambiar de sexo en el Registro sin la necesidad de presentar un informe médico, bastará la determinación para ello del interesado y tendrá que corroborar dicha decisión 3 meses después. Un cambio radical de la legislación actual, pues para cambiar de sexo ahora se necesita un informe médico con un diagnóstico de disforia de género junto con un tratamiento hormonal de al menos 2 años. Con la ley que pretende aprobar ahora el Ejecutivo, se despatologiza definitivamente la transexualidad y facilita el cambio de sexo de las personas trans.

Este asunto fue el principal escollo entre los dos partidos, pues muchos, como Carmen Calvo, veían con "preocupación" la posibilidad de cambiar de género de forma tan sencilla, una cuestión que todavía sigue levantando reticencias en diversos sectores y que se prevé que sea la principal disputa en su debate en el Congreso.

-Los menores también podrán cambiar de sexo en el registro: el anteproyecto de ley contempla 3 franjas para ello. De los los 16 a los 18 se podrá hacer de forma autónoma, al igual que los adultos. Los menores de 14 a 16 podrán hacerlo pero deberán acudir acompañados de sus padres o, si ellos no están de acuerdo, con la figura de un "defensor". Por último, los menores de 12 a 14 años también podrán cambiar su sexo, pero se tendrá que hacer por la vía judicial mediante un expediente de jurisdicción volutnaria.

-Se prohíben las terapias de conversión

-Se abre el acceso a la reproducción asistida a las mujeres lesbianas, bisexuales y sin pareja así como a las mujeres trans con capacidad de gestar.

Ahora la nueva ley pasará por el Congreso y el Senado para hacer frente a las posibles enmiendas antes de su aprobación definitiva. El PP y otros grupos ya han adelantado su intención de presentar enmiendas porque consideran que la ley "invisibiliza a las mujeres" y puede generar "inseguridad jurídica y desprotección", argumentos que comparten con algunos sectores feministas.

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