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Muchas gracias

martes 01 de junio de 2021, 08:19h

Tras 220 semanas asomándome a esta ventana de Madridiario, no es sencillo rematar unas líneas a modo de despedida y, especialmente, de agradecimiento, que “de bien nacido es ser agradecido”. Quiero agradecer a este diario digital que cuente con las gentes de las Comisiones Obreras en sus informaciones y opiniones. Pero también quiero agradecer que este medio exista. Que Madrid tenga un referente como también es el renovado ente público Radio Televisión Madrid. Y es que Madrid, nuestra región, nuestros pueblos y ciudades padecen, paradójicamente con su tamaño y población, un apagón informativo.

Tras más de 46 años de lucha por la Libertad con mayúsculas, ha llegado el momento de tomarme la vida con más calma, que, aunque soy más joven que Joe Biden, vamos teniendo una edad. Es el momento de recuperar tanto tiempo robado a la familia y a las amistades de siempre. Evidentemente no me dedicaré a echar migas de pan a las palomas en los parques o a observar la construcción del hábitat de la ciudad. Siempre estaré activo para colaborar, para quien quiera pedirme opinión, que la experiencia es buena consejera.

Ya relaté la pasada semana que estos últimos ocho años (y los anteriores) han sido endiabladamente complicados, por lo que, si he molestado a alguien, sabrá disculparme.

Escribo antes de lo habitual estas líneas porque el miércoles, las riendas de las Comisiones Obreras de Madrid las toma quien presida el 12 Congreso, del que saldrá elegida por primera vez en nuestra historia, una secretaria general. Quizá ese sea uno de los logros que más me llenan de orgullo: haber alentado las condiciones objetivas, que diría Lenin, para que, de una forma natural, sin estridencias ni postureos, sea una mujer quien dirija el primer sindicato de clase de la Comunidad de Madrid.

A este solemne momento que es el 12 Congreso se llega con unidad, una unidad absolutamente imprescindible con el panorama que vive la Comunidad de Madrid. La clase trabajadora conquistó derechos impensables a través de los sindicatos de clase. Hoy nuestra labor sociopolítica va más allá ante la creciente desigualdad, ante el creciente número de trabajadores pobres, ante el creciente número de personas en paro que acaban en la exclusión. No es tiempo de mamandurrias. Es tiempo de unidad interna en CCOO y unidad externa de quienes en las izquierdas quieran anteponer la defensa del estado de bienestar, la defensa de “lo público”.

El futuro es incierto y en los poderes se apuesta peligrosamente por el liberticidio neoliberal y solucionar los problemas tomando cañas. La industria, la digitalización, la sostenibilidad, la investigación, los recursos europeos…, esas “cosillas” no quieren que sean el futuro de nuestra región. El futuro para defender el Estado del Bienestar consiste en impedir que se asiente el pelotazo urbanístico y/o el de la privatización de la educación, la sanidad o los servicios sociales, que ya están aquí. Evitar que siga el paraíso fiscal interno que señala la OCDE.

Como escribía la pasada semana, son muchas las organizaciones y plataformas cuyo grueso está compuesto por gentes de las Comisiones Obreras porque en el corazón y el alma de las gentes de CCOO está el estar en todas partes, sin hegemonizar nada, sin ambiciones particulares, con generosidad. En el ADN de las Comisiones Obreras están escritas palabras como solidaridad, justicia y unidad. Por eso hay gentes de CCOO en asociaciones de vecinos, en plataformas culturales, en plataformas reivindicativas. La marea blanca, la marea, verde, la marea naranja…, todas las mareas no habrían sido igual sin gentes y gentes de CCOO.

También en el ser, sobre todo en la cabeza, la razón y el pragmatismo de las gentes de nuestro sindicato están las palabras dialogar, hablar, negociar. Y, claro… presionar para dialogar, hablar, negociar. En las Comisiones Obreras sí se sabe qué es la correlación de fuerzas y apostar por soluciones pacíficas, por eso en la Transición aquí no hubo ni conflictos armados ni una insurrección violenta.

CCOO no es una secta, ni correa de transmisión de nada. Es más, las gentes de CCOO son las primeras y las que mejor se organizan cuando la situación de crisis lo requiere. La última prueba la hemos visto en la pandemia: en Madrid, nuestra diversidad ha tomado forma de un solo ser enormemente fuerte para solucionar problemas a la afiliación, pero también a quien no tenía carnet. Hemos actuado ahí donde no han llegado las administraciones ni las empresas: informando, denunciando, creando y ejecutando planes de salud y seguridad mientras más de un ejecutivo empresarial responsable de salud y seguridad desaparecía del mapa.

Las gentes de CCOO tienen criterio, de ahí la pluralidad que siempre ha caracterizado al sindicato y tanto sorprende a otras organizaciones, sobre todo, en la pasión que ponemos en los procesos congresuales. Porque las Comisiones Obreras son eso, un sindicato de clase, un lugar en el que trabajadores y trabajadoras se organizan para defender sus derechos. Nada más, pero nada menos.

Quedan pocas horas para el solemne, aunque atípico por la pandemia, inicio del 12 Congreso de CCOO de Madrid, y la semana que viene los 148.000 personas de las Comisiones Obreras de Madrid estarán en “formación de combate” para hacer frente a las renovadas políticas ultraliberales triunfadoras el 4M. Seguirán conjugando el legado de Marcelino Camacho “Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar, ni nos van a echar al monte”.

Por eso yo me despido de los órganos de dirección con el orgullo y el honor de haberlas dirigido y con la satisfacción de haber compartido con ellas tantas luchas, a veces sin logros inmediatos, pero en el largo siempre con resultados y victorias. Y con todo el reconocimiento y agradecimiento a la clase trabajadora madrileña.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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