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Unos años endiablados

miércoles 26 de mayo de 2021, 20:12h

Hace más de setecientos años arrancó el siglo XIV. En sus primeros años, las condiciones climatológicas comenzaron a complicarse con la llamada “pequeña edad de hielo”, que llevó a hambrunas por toda Europa. Los gobernantes del continente se enzarzaban en conflictos interminables como la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia; en lo que hoy es Italia, las guerras civiles entre ciudades-estado se multiplicaban por decenas para beneficio económico de los corruptos “condotieri” (mercenarios repletos de armas y poder); la anarquía se apoderaba de los territorios de habla alemana; las revueltas campesinas se multiplicaban por la actual Francia, Flandes, Inglaterra…; en la península ibérica, los reinos de Castilla y Aragón se enfrentaban en la Guerra de los dos Pedros; y en Castilla explotaba la primera guerra civil entre Pedro I (“El Cruel” para la nobleza y “El Justiciero”, para el pueblo) y Enrique de Trastámara. Paralelamente, hispanomusulmanes, hispanocristianos e hispanojudíos convivían en prácticamente el resto de la península o se enfrentaban en guerras con alianzas que hoy pueden parecer increíbles. En este escenario nada halagüeño llegó, en 1347, la “Peste Negra”, que redujo a la mitad la población de Europa, pero llamó a la reflexión a una sociedad acorralada. De ahí derivaron multitud de cambios, desde el Renacimiento cultural a nuevas organizaciones “estatales” con el surgimiento de naciones y un empuje tecnológico, ya imparable hasta la Primera Revolución Industrial, tres siglos después.

La historia no se repite, pero a veces se parece. Sí podemos aprender de ella que los cambios son constantes y más o menos profundos y que cuando estamos imbuidos en esos cambios, puede que no seamos conscientes porque estamos viviendo (o sobreviviendo) el presente.

En pocos días, las Comisiones Obreras de Madrid finalizamos un ciclo en medio de un panorama global repleto de cambios e incertidumbre y en donde la pandemia del COVID-19 ha puesto todo más patas arriba de lo que estaba. Este ciclo que concluye se inició hace ocho años, en 2013, cuando fui elegido secretario general del sindicato en sustitución de Javier López, quien tuvo que bregar con el estallido de la Gran Recesión en 2008, una terrible campaña contra el sindicalismo de clase y la realización de tres huelgas generales. Todo ello desde Madrid, pero como siempre, en un proyecto común y Confederal.

En 2013, Madrid arrastraba las consecuencias de la crisis económica con 700.000 personas desempleadas, con precariedad, con salarios devaluados, con el surgimiento de la pobreza laboral. Desde CCOO de Madrid contuvimos y resistimos los recortes con movilización y denuncia y, especialmente desde 2015, nos rearmamos, nos pusimos “a la ofensiva”. Todo ello con 300 sindicalistas procesados en España por haber participado en los piquetes de las huelgas generales; con el permanente ataque en Madrid a “lo público”; con una progresiva desindustrialización que venía afectando al sur y al Corredor del Henares; con históricas movilizaciones feministas en Madrid, que en 2018 culminaron con la primera huelga general feminista que desde CCOO de Madrid alentamos; en vanguardia visibilizando día a día, asesinato a asesinato, la lacra de la violencia machista varios años antes; con un calentamiento global que ya nadie niega y que convirtió a Madrid, en 2019 en capital contra el cambio climático, también con movilizaciones históricas.

Un momento que coincidió en la capital con el debate y manifestaciones relativos a Madrid Central, cuya idea defendimos desde el sindicato con una posición crítica por algunas carencias, entre otras, la perspectiva laboral. Por desgracia, el tiempo vino a darnos la razón.

Con este panorama, en estos últimos cuatro años, la inestabilidad política española y madrileña han sido la constante, con el surgimiento (o quizá resurgimiento) de la ultraderecha y su estrategia de odio, ira y ruido, que tanto está influyendo al resto de la derecha política, incapaz de tener la más mínima visión de estado en tantas materias. Esa estrategia de Vox es difícilmente superable por el PP de Isabel Díaz-Ayuso, instalado en empujar la visceralidad, la polarización y la mentira permanente. Es innegable que la ultraderecha ve un banderín de enganche enfrentándose al feminismo con su alma machista y patriarcal, incapaz incluso de guardar un minuto de silencio por las mujeres asesinadas.

La desorganización del mapa autonómico español ha provocado que también surja (o resurja) ese romántico anhelo de independentismo en Cataluña. Siguiendo la tercera ley de Isaac Newton y su principio de acción/reacción, la ultraderecha españolista tiró también en este caso de simbología, banderas y patrias trasnochadas, recalando con fuerza en Madrid y aumentado el secular problema territorial español, que nadie se atreve a afrontar poniendo la sensatez y racionalidad del federalismo, una vez superado el mapa de las autonomías de 1978. El federalismo es el debate pendiente, es la herramienta necesaria para hacer de España un país unido y plural que pueda enfrentarse al futuro, por eso apoyamos el surgimiento de organizaciones como la Asociación por una España Federal y Madrid Federal.

Y en medio de este escenario, a principios de 2020 surge la pandemia, que, si no mata como la “Peste Negra” de 1347, es gracias a los avances científicos, que en poco más de un año han dado con varias vacunas siempre apoyadas por fondos públicos, no olvidemos el matiz. En definitiva, este último cuatrienio ha sido verdaderamente endemoniado, tras una década de crisis económica y también de valores culturales fracasados que han llevado a la inestabilidad generalizada, a la incertidumbre y a la precariedad laboral y social.

Quien quiera ser justo no podrá negar el trabajo realizado por las Comisiones Obreras de Madrid en ese proyecto confederal. Con presión y negociación logramos el incremento del Salario Mínimo Interprofesional en un 25%. En la Comunidad de Madrid introdujimos los convenios del ANC, que supuso un mínimo de 14.000 euros anuales; logramos acordar la “Estrategia por el Empleo” para el periodo 2015-2017, que, gracias a sus buenos resultados iniciales, ampliamos para el bienio 2017-2019. Y mantuvimos los Planes Directores de Prevención de Riesgos Laborales y Salud Laboral, vamos por el VI, que han hecho que la región sea la que sufre menores índices de siniestralidad. A pesar de ello, la muerte en el tajo sigue. No hay margen para la autocomplacencia.

Nunca hemos perdido en las Comisiones Obreras de Madrid la perspectiva múltiple de la realidad social. Por eso, como desde nuestros orígenes hemos participado, cuando no alentado, la participación con el resto del tejido social de la región. Me refiero a espacios de confluencia social general como la Cumbre Social o sectoriales como la Marea Verde de la educación, la Marea Naranja de los servicios sociales, la Marea de la Ciencia, la Marea Blanca en sanidad, con el Observatorio Madrileño de Salud, Refugio por Derecho Madrid, o la plataforma “No más cortes de luz”, centrada en la lucha contra la pobreza energética. Son ejemplos y buena muestra del enorme trabajo en este pilar de actuación sociopolítica durante este período, al igual que nuestra relación con los barrios, a través del asociacionismo vecinal y la FRAVM. Y como nuestros orígenes están muy claros, de lucha activa contra el franquismo, es innegable nuestra permanente participación en foros de Memoria Histórica, desde la Fundación Abogados de Atocha, a la participación con diversas organizaciones de Memoria.

El transcurso del tiempo ha hecho que vayamos ganando batallas, que han sido fruto de la unidad del sindicalismo de clase, como la derogación del artículo 320.3 del Código Penal, que viene a demostrar y darnos la razón en que “la huelga no es delito”. También en este tiempo, desde Madrid no hemos conseguido de los partidos políticos que se tomen en serio la fiscalidad, pero hemos sido un indiscutible activo mediático para poner el debate en marcha, también por la voz que la Radiotelevisión Pública Madrileña ha recomenzado a dar a los agentes sociales. Telemadrid está resurgiendo de las cenizas en las que Esperanza Aguirre la sumió. Los índices de audiencia crecen, los programas, los informativos forman e informar con una plantilla que está dando ejemplo de profesionalidad. Esperemos que no vuelvan los tiempos que desde Vox ya anuncian y que buscan, incluso, la subasta de una de las señas de identidad de esta región. Las ultima noticias recogen rumores de una vuelta al pasado, de un liberticidio sobre la comunicación del ente público.

Quienes en una semana tomen las riendas de las Comisiones Obreras de Madrid van a continuar teniendo que bregar duro para afrontar el sumidero de España en que las políticas de la derecha han convertido a nuestra región y, fundamentalmente la capital. Los datos socioeconómicos son preocupantes, con una población activa que ha crecido en 450.000 personas desde 2013, la olla a presión está servida. Tendrán que hacer valer a los poderes políticos y económicos que CCOO de Madrid es la primera organización social y sindical de la región. Una organización en crecimiento, más de 11.000 nuevas afiliaciones en estos cuatro años. Que seguimos siendo la primera fuerza sindical y que junto a UGT sumamos una indiscutible fuerza, a años luz de cualquier otro sindicato en la Comunidad de Madrid.

Pero cada cual lleva su parte de responsabilidad. Los partidos de izquierdas deben abordar desde ya, un futuro de unidad y generosidad. Deben evitar caer en las provocaciones de una derecha que se sustenta en la bronca permanente, en la demagogia y las mentiras cuando no, en el odio y la ira. Deben avanzar y seducir para defender las grandes conquistas de la izquierda, basadas en el estado de bienestar. La izquierda política no puede perder la perspectiva de las necesidades de una clase trabajadora que ha levantado este país. Una clase a la que no se pueden arrebatar servicios públicos como la educación, la sanidad o un transporte público de calidad. La izquierda no puede perder la perspectiva de que somos una mayoría quienes trabajamos como asalariados o autónomos para vivir con dignidad, no para sobrevivir sin ninguna certeza.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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