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La atención a las personas mayores exige una revisión profunda

viernes 05 de marzo de 2021, 11:57h

Esta pandemia nos ha hecho poner el foco en muchas situaciones duras pero, sin duda, una de las más dramáticas ha sido la de las personas mayores que viven en residencias. Este colectivo lleva sufriendo un año el abandono de Ayuso y la incapacidad de Almeida, que han priorizado los intereses de su partido sobre los derechos de la ciudadanía.

Durante meses hemos visto cómo el modelo de residencias low cost -basado en grandes instituciones gestionadas por grandes empresas contratadas por la Comunidad de Madrid- se ha convertido en un entorno más que propicio para que el coronavirus campara a sus anchas y les pasara a los residentes una factura francamente alta.

Con esta crisis hemos comprobado que la gestión de las residencias del Gobierno regional hacía aguas; de ver cómo los que viven en ellas se quedaban aislados sin la atención médica que merecían, cómo se les negaba la posibilidad de ser trasladados a los hospitales, cómo permanecían en su habitación sin atención sanitaria, cómo sus familiares impotentes no podían acompañarles en la enfermedad ni asistir a sus funerales e, incluso, cómo muchos trabajadores se quedaban afónicos pidiendo auxilio a una Comunidad que hacía oídos sordos.

Un contexto dramático, que ha derivado en el fallecimiento de 7.000 personas y en que, todavía hoy, los supervivientes permanezcan en una situación casi carcelaria, alegando seguridad sanitaria. Una situación que estremece, que es difícil de entender y de asumir para todos.

La aportación del Gobierno de España para la dependencia en 2021 se ha incrementado en un 48%. Es el momento de que esta inyección se traduzca en una mejora en la atención y en un cambio de modelo que revierta el 90% de gestión privada y 10% de la pública. Sin embargo, en el reciente acuerdo marco para las residencias lo que vemos es una subida del precio por plaza, que fácilmente se puede traducir en más beneficios para las empresas, en vez de en una mejora de la calidad en la atención.

Es el momento de sentar las bases para cambiar la apuesta de los macrocentros por nuevas arquitecturas sociales y modelos más reducidos que faciliten la convivencia y la seguridad. Sensibles a esta necesidad, desde Más Madrid propusimos en los Pactos de la Villa que el Ayuntamiento impulsara modelos de alojamiento más amables y reducidos, para garantizar un entorno íntimo y facilitar la participación en la vida social, pero ni siquiera se ha presentado el estudio previo que se iba a realizar, por lo que todo apunta a que esos alojamientos ni están ni se les espera.

El malestar de las personas mayores durante este último año no se reduce a los fallecidos o a las residencias. También ha alcanzado a quienes viven en sus hogares. Muchas de estas personas se quedaron de la noche a la mañana por la pandemia sin poder ir a su centro de día, donde desarrollaban terapias personalizadas con las que evitar su pérdida de autonomía. Sus hijos o hijas, más mujeres que hombres, han tenido que resistir estresados el envite de los cuidados sin corresponsabilidad institucional, sin apoyo suficiente para asumir los cuidados de una persona dependiente. Una carrera de fondo sin precedentes, que para muchos se mantiene y no tiene meta a la vista, porque en Madrid aún hay 1.300 familias que siguen sin querer utilizar los centros de día, ya abiertos, por miedo al virus.

El Ayuntamiento de Madrid ha repetido hasta la saciedad que les dio de alta en los servicios de atención domiciliaria, pero todos sabemos que es una atención más que insuficiente para personas con dependencia o con deterioro cognitivo. Las auxiliares no tienen formación adecuada para realizar una atención integral, las horas de servicio son insuficientes y no se les facilita ninguna propuesta multidisciplinar efectiva con entrenamiento personalizado que impida el avance imparable de su pérdida de capacidades.

Nos encontramos ante un Gobierno municipal que permanece impasible, anclado en servicios que ya existían hace 20 años, sin saber cómo ejercer la corresponsabilidad institucional que le atañe.

Por otra parte, tenemos en un paso inferior en la escala de vulnerabilidad a las personas mayores que son autónomas y no necesitan apoyo, pero sí mantenerse activas. Hasta este colectivo está sufriendo las consecuencias del equipo que dirige Almeida, rígido y encorsetado, que es incapaz de abrir los Centros Municipales de Mayores.

El Ayuntamiento podía haber hecho que fueran entornos seguros con protocolos de seguridad sanitaria adecuados, así lo solicitamos y planteamos desde Más Madrid, pero le ha sido más fácil escudarse en que la Comunidad no les da el visto bueno para abrir. Y así, tienen a 300.000 que esperan ansiosas poder normalizar sus vidas, pero solo les dan largas. Se justifican con la seguridad, pero lo que esconde el PP es el paternalismo propio de gobiernos conservadores, que eligen y deciden por estas personas como si estuvieran incapacitadas. Una postura errónea porque las personas mayores son mayores, pero siguen siendo adultas y no necesitan tutela.

Si Ayuso y Almeida continúan anclados en sistemas de atención obsoletos e ineficaces las consecuencias serán irreparables para las personas mayores. El tiempo avanza y si hay algo que les falta a las personas mayores es tiempo.

La vacuna ha comenzado a rebajar la tensión y el miedo, pero las Administraciones regional y municipal no pueden ni deben bajar la guardia. La pandemia ha vuelto del revés la atención de las personas mayores y es el momento de cambiar inercias adquiridas, reflexionar e innovar.

Mar Barberán

Concejala de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid

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