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Joy Eslava, antes que discoteca, teatro con fantasma

Por Ángel del Río
lunes 23 de noviembre de 2020, 10:07h

Lo que hoy es la discoteca Joy Eslava, en la calle del Arenal, va a sufrir una profunda reforma, aprovechando la situación de crisis que vive el ocio madrileño por culpa de la pandemia, y así adaptar la sala a los nuevos tiempos que están por venir. Sus responsables aseguran que la discoteca no va a cerrar sus puertas para convertirse en otra actividad.

Se trata de uno de los locales más emblemáticos de la capital. Fue originalmente, y hasta 1981, el Teatro Eslava, abierto el 30 de septiembre de 1871 con el nombre de Salón Eslava, promovido por el empresario Bonifacio Eslava, sobrino del extraordinario músico Hilarión Eslava. Tenía capacidad para 1.000 espectadores. Un trágico suceso metería a este teatro en la historia negra de Madrid, y después, en la infra historia cotidiana de la leyenda.

La historia se escribe de esta manera: el empresario Martínez Sierra había admitido a Alonso Vidal y Planas su comedia Los gorriones del Prado. Se decía del autor que era un joven bohemio y un tanto desequilibrado. De forma inesperada, hace su aparición un dramaturgo bilbaíno llamado Luis Antón de Olmet, con el ánimo de saltarse el turno y ser el primero en estrenar. No lo consintió el empresario y se estrenó la comedia de Vidal y Planas, que constituyó un auténtico fracaso debido, según su dolido autor, a un sabotaje perpetrado por Olmet. Pasado un tiempo, el 2 de marzo de 1922, se encontraba éste autor en el Eslava, haciendo los últimos ensayos para la puesta en escena de su obra El capitán sin alma, cuando hizo acto de presencia Vidal y Planas, quién tenía fama de inestable, violento y polemista. Tuvieron ambos una agria discusión, insultos y amenazas. Olmet se abalanzó sobre su rival en un intento de estrangularle, pero éste se defendió con una pistola con la que disparó a quemarropa a su adversario, al que le causó la muerte. El herido se desangró en el saloncillo del teatro, en los brazos de una bella mujer que, precisamente, había rechazado como amante a Vidal y Planas. Éste fue condenado a 12 años de cárcel, aunque solo cumplió una cuarta parte de la pena.

Pronto empezó a fraguarse la leyenda, la figura de un fantasma, que muchos decían haber visto y que otros lo interpretaban como una mentira bien urdida, con el propósito de despertar la curiosidad por un teatro que no atravesaba por sus mejores momentos. Y es que, según la imaginaria popular, el alma en pena de Olmet paseaba desde entonces por entre las bambalinas del teatro. ¿Qué hace ese fantasma vagando por el Joy Eslava? La respuesta romántica es que está buscando al amor de su vida… Y aún no lo ha encontrado, a punto de cumplirse 100 años de su asesinato.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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