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Teletrabajo, otro escudo social en marcha

jueves 15 de octubre de 2020, 08:17h

Mientras la crispación y polarización entre los partidos políticos sube de tono día a día alentada por una derecha nacional y madrileña incapaz de trabajar por la salud y la economía general, los agentes sociales somos los únicos capaces de generar buenas noticias en esta pandemia. Buenas noticias que sufren la sordina de ese ruido permanente pero que tienen una gran trascendencia para la clase trabajadora y también para el empresariado. No sólo ha sido el éxito de las negociaciones de los ERTE, esta semana ha entrado en vigor el Real Decreto Ley relativo al teletrabajo. Se trata de un buen acuerdo que garantiza a quienes tienen la posibilidad de trabajar a distancia que no pierdan ninguno de sus derechos adquiridos en los convenios colectivos. Es otra coraza, otro escudo para defender a la clase trabajadora de esta crisis que vivimos y que se aventura larga.

En CCOO de Madrid tuvimos la fortuna hace pocas semanas, coincidiendo con la publicación en el BOE de dicho decreto -que no entraba en vigor hasta 20 días después de su publicación- de contar en un acto telemático con Mari Cruz Vicente, secretaria confederal de Acción Sindical de CCOO que además de resolver dudas, desgranó las dificultades para alcanzar el acuerdo y los puntos más relevantes del mismo.

La opción del trabajo en casa sirvió durante el confinamiento para mantener muchos puestos de trabajo que por su perfil podían llevarse a cabo sin acudir presencialmente al centro laboral, pero también ha supuesto en muchos casos una sobreexplotación de trabajadores y trabajadoras, poniendo de manifiesto sus limitaciones.

Tenemos que tener claro que esta regulación se ha hecho con unas expectativas muy amplias, no solamente para la Covid y con una visión, por tanto, mucho más estratégica que coyuntural. Además, ha servido de diagnóstico sobre cuál era la situación de esta forma de trabajo porque lo que realmente lo que existía no era teletrabajo (trabajar a distancia) sino llevarse el trabajo a casa. Eso sí, para hablar de teletrabajo, como norma general, deberá cubrir al menos un 30 por ciento de la jornada laboral, en un periodo de referencia de tres meses.

En este marco, a partir de ahora queda claro que los medios, equipos y herramientas, los consumibles, así como su mantenimiento tienen que correr a cargo de las empresas. Además, el derecho al abono y compensación de los gastos deberán también correr a cargo de la empresa, a través de los mecanismos establecidos por la negociación colectiva.

Uno de los asuntos que debe quedar claro es que el teletrabajo no es una medida de conciliación, aunque sí pueda facilitarla. Asimismo, se advierte que los trabajadores y trabajadoras no podrán sufrir discriminación ni perjuicio en ninguna de sus condiciones laborales, incluyendo su retribución, estabilidad en el empleo, tiempo de trabajo, formación y promoción profesional. Asimismo, las empresas también tendrán que sufragar o compensar los gastos sobrevenidos que se originen por el teletrabajo. Su cuantificación y la forma de compensación deberá establecerse a través de la negociación colectiva.

Estos asuntos hacen referencia, por tanto, a los derechos de trabajadores y trabajadoras como individuos, entre los que también hay que destacar el derecho a la intimidad, a la protección de datos y a la desconexión digital. Y por supuesto a todas las medidas de salud laboral exigibles a su puesto de trabajo

Ahora bien, respecto a los derechos de naturaleza colectiva, quienes trabajen a distancia tendrán los mismos derechos, con el mismo contenido y alcance que el resto de las personas trabajadoras del centro al que están adscritas. A estos efectos, la negociación colectiva podrá establecer las condiciones para garantizar el ejercicio de los derechos colectivos de las personas trabajadoras a distancia, en atención a las singularidades de su prestación, con respeto pleno al principio de igualdad de trato y de oportunidades entre la persona trabajadora a distancia y la que desempeñe tareas en el establecimiento de la empresa.

En segundo lugar, deberá asegurarse que no existen obstáculos para la comunicación entre las personas trabajadoras a distancia y sus representantes legales, así como con el resto de las personas trabajadoras.

Por último, deberá garantizarse que las personas trabajadoras a distancia pueden participar de manera efectiva en las actividades organizadas o convocadas por su representación legal o por el resto de los trabajadores en defensa de sus intereses laborales, en particular, su participación efectiva presencial para el ejercicio del derecho a voto en las elecciones a representantes legales.

Además de este importante acuerdo, el pasado 21 de septiembre también se acordó la Modificación del Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP), que incluye la regulación del teletrabajo en las Administraciones Públicas. Este texto incluye los puntos fundamentales para las Comisiones Obreras: el teletrabajo nunca puede suponer la no prestación presencial de los servicios públicos o una limitación en el acceso por parte de la ciudadanía. Además, el teletrabajo no podrá implicar una merma en los derechos (individuales o colectivos) de las empleadas y empleados públicos, una reducción en el empleo o dar lugar a privatizaciones o externalizaciones. Asimismo, se recogen las garantías en materia de salud laboral, protección de datos y derecho a la desconexión digital. Quedan recogidas también la voluntariedad y la reversibilidad, los criterios objetivos en el acceso y la necesidad de salvaguardar la igualdad entre hombres y mujeres.

No podemos olvidar que el Consejo Europeo invitó a los interlocutores sociales a negociar acuerdos para modernizar la organización del trabajo, incluyendo el teletrabajo, en el marco de la Estrategia Europea de Empleo iniciada en 1997 con el objetivo de crear más y mejores puestos de trabajo en toda la UE. En 2002 se firmó el Acuerdo Marco Europeo Sobre Teletrabajo, que establece un marco general voluntario para su puesta en marcha con las adaptaciones y complementos que procedan a otros niveles.

Antes de la pandemia, el teletrabajo suponía un porcentaje casi residual, aunque a nadie llama la atención que en la Comunidad de Madrid siempre ha tenido mayor ocupación que en el resto de España. Durante el confinamiento provocado por el COVID-19 el teletrabajo a jornada completa ha sido una herramienta básica para continuar la actividad, alcanzando esos niveles potenciales en teletrabajo permanente, a jornada completa.

Con todo, con la vuelta progresiva al trabajo presencial, se ha observado un cambio en la concepción del teletrabajo en nuestro país y se prevé un impulso en su implementación. Sin duda, las circunstancias han empujado un acuerdo que desde hace más de veinte años venía reclamándose desde Europa para la modernización del mundo laboral. Ahora, la responsabilidad de los agentes sociales y del Gobierno de España lo ha hecho posible. Sin duda, una buena noticia, pero no exenta de riesgos.

Estamos ante una nueva regulación que exigirá a todos los trabajadores y trabajadoras ser muy firmes en la exigencia de sus derechos. Y esto solo será posible desde la organización, desde la afiliación sindical y la defensa colectiva de sus intereses. Invito a toda la clase trabajadora madrileña a trabajar conjuntamente para conseguir sacar todas las ventajas al teletrabajo.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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