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Frente al disparate, estado de alarma

miércoles 23 de septiembre de 2020, 21:10h

Madrid se ha convertido en la capital europea del disparate. Mientras los contagios por coronavirus crecen a toda velocidad en la región de Madrid, la sensación es que no hay nadie al mando, al tiempo que la población está sumida en un maremagnum de órdenes contradictorias. Una inseguridad que alcanza incluso a los distintos cuerpos policiales que no saben a qué atenerse por no verse avalados judicialmente por las medidas que dicta el Gobierno regional.

Creo que es importante que el Ejecutivo madrileño no se sienta humillado al reconocer su incapacidad y reclame urgentemente la intervención del Gobierno de España para que juntos pongan en marcha un plan para Madrid que nos haga retroceder a la fase una o dos, en función del alcance del contagio por municipios.

Es necesario un estado de alarma en Madrid que de seguridad jurídica, que clarifique la situación y los pasos a dar porque necesitamos saber por qué hacemos sacrificios si es que hay que hacerlos. Por qué los sacrificios los tienen que hacer unas personas y no otras. Si no se hacen estas clarificaciones el Gobierno de Madrid cada día estará más desprestigiado ante la sociedad, cada día perderá más autoridad y cada día erosionará la democracia.

Es necesario el estado de alarma, que no implica confinamiento total, con criterios científicos, un plan viable y realista que responda a todos los déficits generados por el Gobierno regional y actúe con decisión. Y un comité científico con reputación y autoritas que de explicaciones permanentes a la población, que recupere la confianza en la dirección de la lucha contra la pandemia.

Si los gobernantes de la Comunidad no saben que en las calles hay indignación, desesperación y rabia contenida; si son capaces después de seis meses de inaugurar un dispensador de hidrogel en el Metro, es que viven en una realidad paralela. La ausencia de mensajes claros está llevando a más incertidumbre, si cabe, y a una ansiedad generalizada.

La incapacidad y negligencia del Gobierno de la Comunidad de Madrid se han vuelto a evidenciar y han llegado a su cenit tras el anuncio de unas medidas segregacionistas y unas declaraciones de la presidenta regional que tienen claros tintes clasistas y xenófobos.

El Ejecutivo de Madrid piensa solventar los problemas a base de ejercito y policía, pero como bien afirma en una entrevista Enrique Villalobos, presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos, “nadie ha dicho que vayamos a tener más médicos, más rastreadores, más vagones; y eso es lo que nos puede salvar”. Si no fuera dramático resultaría cómico el pseudoconfinamiento ordenado por Díaz Ayuso en zonas básicas de salud de la capital y diferentes ayuntamientos.

No es creíble un plan que no incluye el aumento de rastreadores, que no desatasca centros de salud bloqueados y algunos cerrados, que lleva a los hospitales camino del colapso, que deja los centros educativos abandonados a su suerte con planes aprobados tarde y mal, que no solventa transportes que hacinan a trabajadores de barrios confinados en horas punta…

Las carencias sanitarias afectan negativamente a toda la sociedad y tienen una relevante implicación laboral porque nos estamos encontrando con niños y niñas que deben ser confinados y unos padres y, fundamentalmente madres, que no pueden faltar a su puesto de trabajo porque no están de baja laboral. Es el caos sin respuestas en las familias, en los negocios, en las calles, en los barrios.

La única buena noticia de la pandemia es el diálogo social. Lo que entre partidos políticos es un imposible sí está funcionando entre sindicatos, empresarios y Gobierno de España, más acostumbrados a trabajar por el bien común. Si la actitud del Gobierno hubiese sido la misma que en 2008 tuvo el PP, nos encontraríamos hoy con un millón de parados más, sin embargo se han podido poner en marcha los ERTE, el cese de actividad para autónomos, ampliaciones de prestación por desempleo o el Ingreso Mínimo Vital (IMV), sin contar con el recién publicado Real Decreto sobre teletrabajo. Cierto que quedan algunos agujeros, como retrasos en el pago de ERTE y puesta en marcha del IMV pero que tienen una clara explicación: los recortes, el olvido y la falta de modernización que han sufrido servicios públicos como el SEPE o el INSS, lo que no exime de responsabilidades a las autoridades actuales.

Mientras, en la Comunidad de Madrid sólo ha sido posible firmar el acuerdo de las medidas en prevención del contagio en los centros de trabajo. Un acuerdo que queda muy depauperado por la inexistencia de medidas serias en centros educativos y transportes. Sindicatos y empresarios hicimos los deberes en abril y las hemos reiterado en agosto. Insuficientes, porque Isabel Díaz Ayuso ha dejado las tareas en sanidad y educación, como una mala estudiante, para septiembre.

El rumbo actual de la pandemia es muy negro, pero de una forma u otra el temporal pasará y nos encontraremos con la “postpandemia”. Es decir, de lleno con una crisis económica y de empleo de la que hay que salir con la reconstrucción. Hay dos posibilidades: mantener este ultraliberalismo ramplón o virar y seguir las recomendaciones de la OIT basadas en la digitalización, lucha contra el cambio climático, igualdad y trabajo digno.

CCOO de Madrid hemos firmado junto a UGT un documento unitario con partidos de izquierdas, con los vecinos, FRAVM, y con otras organizaciones sociales como la FADSP comprometidas con la respuesta al desgobierno actual. Con este objetivo, llamamos a movilizarnos sin aglomeraciones, responsablemente, porque somos los más interesados en no contagiarnos, combinando lo presencial con lo virtual.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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