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No caben más tontos

Por Ángel del Río
lunes 14 de septiembre de 2020, 09:39h

No hay más tontos en este país porque no caben; se caerían por los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía hispánica.

En plena tragedia sanitaria, con unos contagios que se multiplican y aumenta la nómina de inquilinos Covid 19 en los cementerios, la vida cotidiana se llena de banalidades, de tonterías de gran tamaño, ocurrencias paranoicas, iniciativas de algunos que tienen cabeza por no llevar el serrín en las manos y barbaridades de personajillos con ínfulas de llegar a conseguir el doctorado en “tonto mayor del reino”.

Una tal Fany, parida a la “celebridad” en uno de esos programas de telebasura, intenta patentar el desesperado grito de: “¡Fanyyyyyyyyyyyyy…!”, lanzado por su novio, en una loca carrera parecida a la de un encierro taurino. Y en el Registro de Patentes, le dicen que nones, que no se puede patentar cualquier tontería que a uno se le ocurra, o le ocurra.

La Fiscalía General del Estado ve machismo en determinadas señales de tráfico. Cree que algunas sitúan a la mujer en "una situación de dependencia y subordinación". Uno de los ejemplos censurados es el de la señal donde un niño lleva de la mano a una niña, que va detrás, al colegio. A esta visión se unen los combatientes del machismo militante, que creen ver en esa señal la imagen de una chica, y así lo deducen porque la figura tiene coleta. ¿Y si fuera la de Pablo Iglesias, niño, yendo al colegio? Las tonterías no tienen límites.

Y otra más: parte de la clase política dirigente pide que se olvide el pasado más reciente, el que tiene que ver con ETA y los asesinos etarras, y sin embargo, gasta los recursos necesarios para recuperar la memoria histórica de hace ochenta años; una clase dirigente que ruega que se entierre la macabra estela del terrorismo asesino de víctimas inocentes, y el al mismo tiempo, desentierra al momificado dictador para cambiarlo de tumba.

Lo clásico es decir que con septiembre los currantes vuelven a sus trabajos. Pero los dichos nunca son perfectos, o exactos, porque en septiembre también vuelven los políticos, en muchos casos, muy a nuestro pesar. Si hubieran seguido de vacaciones, nada habría cambiado, o sí, quizá habría sido beneficioso para el conjunto, porque estando de asueto no piensan, no toman decisiones y no se equivocan. En este país faltan médicos, personal sanitario, maestros… pero sobran políticos, parlamentarios, vividores de la nada.

Por cierto, nuestra fiscalidad está llena de curiosidades: el que trabaja y produce tiene que pagar al Estado; a quien ni trabaja, ni produce, le paga el Estado. ¡Qué país!

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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