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Los derechos del okupa

Por Ángel del Río
jueves 03 de septiembre de 2020, 17:09h

El okupa del piso del tercero, dio la patada a la puerta de una vivienda que no era suya, para ejercer su derecho a tener una vivienda digna, que el dueño legítimo no ocupaba en esos momentos por hallarse fuera de España por motivos de trabajo. Le salió bien la operación: nadie pudo echarle de aquella casa que era de otro; se hizo fuerte entre sus cuatro paredes, con la cobertura de una legislación que defiende los derechos del okupa por encima de los derechos a la propiedad, curiosa circunstancia jurídica que no se encuentra en ningún otro país democrático.

A la vista de cómo le ha salió la jugada, al okupa del piso tercero se le está ocurriendo otra idea, otra maldad: si puede invadir una casa ajena porque su propietario llevaba tiempo sin habitarla, ¿por qué no hacer lo mismo con el coche del vecino del primero, que se ha ido un mes de vacaciones y ha dejado el vehículo aparcado en la calle?. Si su legítimo dueño no lo arranca, el doctor okupa, está legitimado para usarlo. Nadie podrá privarle de este “derecho”.

Tanta impunidad, avalada por una legislación incomprensible, hace que este caradura, delincuente de fáciles recursos, ande pensando en cómo hacerse con otros bienes ajenos, cuya okupación escapa a la aplicación de leyes que no amparan debidamente el derecho a la propiedad.

El fenómeno okupa ha crecido, se ha desarrollado e instalado en la cotidianidad, con los gobiernos de Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, y todos ellos han sido consentidores, en la medida en que no han llevado a cabo iniciativas legales para defender la propiedad privada frente a auténticas mafias que controlan y se lucran de este negocio ilegal consentido. No es necesario crear un ordenamiento jurídico por parte de los sesudos del ramo, simplemente bastaría que, cuando alguien denuncie que le han invadido la propiedad, su casa, la policía se persone y exija a los ocupantes, que acrediten la propiedad o arrendamiento de la vivienda, y si no pudieran hacerlo, obligarles al desalojo en ese mismo instante. Y lo que parece tan fácil, sencillo y razonable, no entra en las preocupaciones de quienes tienen la responsabilidad de gobierno, o de quienes tienen encomendada la tarea de ejercer la oposición. No lo entiendo, y quienes han visto ocupada su casa, mucho menos. Es una vergüenza.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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