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Sanitarios haciendo uso de las pantallas protectoras fabricadas por 3D Sierra Madrid.
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Sanitarios haciendo uso de las pantallas protectoras fabricadas por 3D Sierra Madrid. (Foto: 3D SIERRA MADRID)

Más de 12.000 pantallas protectoras con impresoras 3D caseras

Por Isabel G.Clavero
miércoles 26 de agosto de 2020, 12:46h

Recolectar comida para personas en situación de vulnerabilidad, fabricar material de protección desde casa, hacer la compra a los vecinos mayores o realizar donaciones para investigación; esas son algunas de las formas de ayudar en la que multitud de españoles han contribuido de forma desinteresada durante el estallido de la pandemia para tratar de mitigar los daños que esta pudiera ocasionar.

Si se puede decir que el coronavirus ha traído algo positivo, es la cantidad de redes de apoyo que han surgido para ayudar a los que más lo necesitaban. Por la obligación de confinarnos en casa, la mayoría de estos grupos se han forjado gracias a las redes sociales.

Cuando se decretó el estado de alarma y los hospitales entraron en colapso, los sanitarios denunciaron la falta de material con el que contaban. Entre ese instrumental se encuentran las pantallas de protección, que protegen al ojo y cuyo uso entre el personal sanitario es necesario, según expone el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), pues en los hospitales se da un repetido contacto cercano con pacientes diferentes.

En ese momento, cientos de personas de todo el país que contaban con una impresora 3D en casa con la que podían fabricar piezas de esa protección que tanto escaseaba. Se organizaron en grupos de Telegram para aportar su granito de arena y abastecer a los trabajadores esenciales de diferentes zonas del país.

Así fue como el madrileño Jorge Garcinuño, junto a cinco personas más, fundó el grupo 3D Sierra de Madrid para ayudar a hospitales, residencias y centros sanitarios de la zona norte de la Comunidad con pantallas de protección. Este electricista de 44 años se dio cuenta de que podía colaborar gracias a la impresora 3D que poseía la Asociación Portal Lúdico de la que él formaba parte, una asociación de juegos de mesa ubicada en Collado Villalba, por lo que no dudó ni un momento en transportarla hasta su casa y comenzar a producir material.

3D Sierra Madrid fabricó más de 12.000 pantallas protectoras

“Lo que nosotros fabricamos con la impresora es la diadema de plástico de PVC que se coloca en la parte de atrás de las pantallas, y luego lo uníamos a una hoja de carpeta y le colocábamos una goma hasta terminarla”, comenta Garcinuño que, además de fabricar con su propia máquina, también recibía material de otras personas que contaban con impresora en su casa.

Él se encargaba de unir todas las piezas y después eran bomberos, policías, protección civil o taxistas los que lo repartían estas máscaras donde fueran necesarias. “Teníamos un correo electrónico a través del cual nos llegaban peticiones. Al principio enviábamos, sobre todo, a residencias de ancianos y a hospitales, pero conforme pasaron las semanas y estas ya tuvieron suficientes, comenzamos a abastecer a tiendas y comercios”, apunta.

En cuanto al diseño de las pantallas, 3D Sierra Madrid primero tomó como referencia los bocetos que especialistas habían colgado en las redes sociales, pero llegó un punto en el que había tanta gente fabricando material con las impresoras 3D en su casa que el Ministerio de Sanidad homologó un modelo.

"Los médicos seguían solicitando las pantallas aunque no estuvieran homologadas"

Pero antes de que pudieran fabricar las pantallas homologadas, que eran más costosas y tardaban más en producirlas, la falta de material era tan grande que los médicos seguían solicitándolas, aunque no estuvieran homologadas. “Nos da igual que no esté homologada, esto es mejor que nada”, le decían los sanitarios a Garciunuño, que a veces iban hasta su domicilio para poder recogerlas. “Teníamos mucha relación con la gente que venía a casa y sus palabras servían como impulso para seguir con lo que estábamos haciendo. Veías que estabas ayudando de verdad”, relata. Jorge es trabajador esencial, por lo que no pudo ausentarse de su puesto de trabajo durante el confinamiento. Las ganas de colaborar y la ayuda de su mujer e hijos, con los que montaba las pantallas cuando volvía de su jornada laboral, así como del resto de voluntarios de grupo fueron los factores clave gracias a los cuales pudieron llegar a confeccionar de una forma tan eficiente.

Pasadas las semanas, Sierra Madrid perfeccionó el producto y comenzaron a producir un modelo más ligero y rápido, llegando a elaborar entre 12 y 13.000 pantallas protectoras durante el estado de alarma. Dependiendo del tipo de impresora que utilizaran tardaba un tiempo u otro en fabricarse, pero la media era de una hora en imprimir cada pieza.

Ante la posibilidad de que se produzca una segunda ola de coronavirus y el sistema sanitario precise de nuevo donaciones de material, la red de apoyo se muestra escéptica ante la posibilidad de que los trabajadores esenciales necesiten sus servicios de nuevo. Creen que es complicado que hagan falta de nuevo, ya que muchas empresas ya están fabricando las pantallas al por mayor: “hacerlo con una impresora 3D es muy eficaz, pero si lo haces en modo industrial se hace mucho más rápido”, apuntan. Eso sí, el grupo de Telegram continúa abierto por si hiciera falta en un futuro.

No permitían donaciones

En cuanto a la financiación del proyecto, hubo una máxima que todo el equipo tuvo claro: no quisieron que les donaran dinero, solo material.

Para empezar a producir los primeros ejemplares hicieron acopio del que tenían en casa pero, cuando este se terminó, hicieron un llamamiento general y tuvo una gran respuesta: hubo empresas que les proporcionaron gran cantidad de piezas e instrumentos, sobre todo filamento industrial, que es lo más costoso. Otras entidades, como el Ayuntamiento de Villalba, también colaboraron con la iniciativa.

Además, hubo una gran cantidad de particulares que quisieron poner su granito de arena. “La gente compraba el material por su cuenta y nos lo enviaba, había grupos de amigos que se juntaban recaudaban hasta 1.000 euros”. Una ayuda desinteresada que hizo que miles de trabajadores esenciales pudieran estar más protegidos en un momento en el que el coronavirus se llevaba consigo a miles de personas en todo el mundo.

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